CAPITULO XXXVIII DEL MONASTERIO DE LA ENCARNACIÓN
Reading edition
El monasterio de la Encarnación, de monjas, que ha se fundó poco más de 45 años por doña Leonor Portocarrero y doña Mencia de Sosa, su hija, es como cosa de milagro ver en cuán poco tiempo cuánto ha crecido en toda virtud, y ahora recién profesó cuando se fundó, y se mudó de un sitio corto y breve que tenian junto al convento de San Augustín, que ahora es la perrochia de San Marcello y convento de monjas de la Trinidad, al sitio que ahora tienen, y en aquel dia de nuestra casa se hizo el oficio; yo serví de acólito en la misa mayor.
Ha crecido tanto el número de religiosas profesas, con favor del Altísimo Dios, que el dia de hoy sustenta más de 140 monjas, sin más de 40 novicias, y sin el servicio que tiene de las puertas dentro, con toda religion y ejemplo, cuanta Nuestro Señor la prospere en su servicio. Madre é hija fueron las dos principales fundadoras, las cuales han gobernado, é agora doña Mencia de Sosa abadesa (porque á su madre la llevó Nuestro Señor á gozar al cielo de Su Majestad por el servicio que se le hizo y hace tanta virgen alabando de dia y de noche á su sanctísimo nombre) con tanta prudencia y discrecion, que parece más que humana. Con madre y hija entraron otras dueñas y doncellas: Antonia de Castro y Antonia Velázquez, doña Juana Giron, dos hermanas, doña Isabel y doña Inés de Alvarado, doña Mariana de Adrada, doña Juana Pacheco; todas casi viven el dia de hoy. Tiene este convento una excellencia que no sé si en la cristiandad se halla el dia de hoy: el cuidado en celebrar los oficios divinos; la solemnidad y concierto, con tanta música de voces admirables, con todos géneros de instrumentos, que no parece cosa de acá de la tierra, y sobre todo los sábados á la Salve, donde concurre la mayor parte del pueblo y de las Ordenes muchos religiosos á oirla. Yo confieso de mi que si todos los sábados, hallándome en esta ciudad, me diesen mis prelados licencia para oirla, no la perderia.
Los señores inquisidores muchos sábados no la pierden, y los Virreyes hacen lo mismo.
Ha usado Nuestro Señor con este convento, como el de la Concepción, de su larguísima misericordia y particular cuidado en conservarlos en su servicio, que con no ser los edificios muy altos los ha guardado y guarda de suerte que jamás se ha imaginado cosa que no sea virtud y religion, porque ni duerme ni dormirá el que guarda á Israel.
Guardan la profesion y regla de las monjas de San Pedro de las Dueñas de Salamanca subjetas al Ordinario.
Pretendieron con todas sus fuerzas ser monjas nuestras; empero nunca pudieron acabar con el padre fray Gaspar de Carvajal, de quien arriba brevemente tractamos, siendo provincial, que las recibiese, aunque el prior del convento, el padre maestro fray Tomás de Argomedo, las favorecia todo lo posible y por muchos dias no perdieron la esperanza, y rezaban el órden de rezar nuestro, y guardaban las constituciones de nuestras monjas, hasta que ya perdida tomaron la que tienen y profesan; celebran en este convento el Tránsito de Nuestra Señora.