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Descripción colonial, libro primero (1/2)

CAPITULO III PROSÍGUESE LA DESCRIPCIÓN DEL PERÚ

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Este reino, tomándolo por lo que habitamos los españoles, es largo y angosto; comienza, digamos, desde el puerto, ó por mejor dezir playa, llamado Manta, y por otro nombre Puerto Viejo.

Llámase Puerto Viejo por un pueblo de españoles, así llamado, que dista del puerto la tierra adentro ocho ó diez leguas; no le he visto, pero sé es abundante de trigo y maíz y otras comidas de la tierra, de vacas y ovejas, y es abundante de muchos caballos y no malos; el temple es caliente, aunque templado el calor; cria la tierra muchas sabandijas ponzoñosas, y con estar en la línea equinocial no es muy caluroso. Los aires de la mar le refrescan; llueve en él, aunque no mucho.

Los indios deste puerto son grandes marineros y nadadores; tienen balsas de madera liviana, grandes, que sufren vela y remo; los remos son caneletes; visten algodon, manta y camiseta; desde este puerto, enviando los navios que vienen la vuelta de tierra, salen con sus balsas, llevan refresco que venden, gallinas, pescado, maíz, tortillas biscochadas, plátanos, camotes y otras cosas. Tienen las narices encorvadas y algun tanto grandes; diré lo que vi, porque pase por donaire: cuando veniamos navegando cerca del puerto llegó una balsa con refresco; diósele un cabo; traía lo que tengo referido; un criado de mis padres, rescatando algunas cosas destas, y no queriendo el indio que era el principal piloto de la balsa (hablan un poco nuestra lengua) quebrar de la plata que pedia por el refresco, díjole: ¡oh qué pesado eres; no pareces sino judío! En oyendo esto el indio, saltó del navio en su balsa; larga el cabo y vira la vuelta de tierra; ni por muchas voces que se le dieron para que volviese, no lo quiso hacer; tan grande fué la afrenta que se le hizo y tanto lo sintió.

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