CAPITULO XXVI DE LA CAPILLA DE LAS RELIQUIAS
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Luego más abajo se sigue la capilla de las Reliquias; llámase así porque tiene un retablo con sus vidrieras tan grande como un guadamecí, lleno dellas, traídas de Roma. Trújolo el reverendísimo fray Francisco de Victoria, primer obispo de Tucumán, hijo de esta casa, varon docto; fuimos novicios juntos y condiscípulos en las Artes y Filosofía.
Esta capilla de las Reliquias es celebrada por la multitud que dellas hay, mayores y menores en cantidad, de famosísimos sanctos; hay entrellas un poquito del verdadero lignum crucis, donde Cristo murió, y un cabello de Nuestra Señora. El provincial que quiso mudar ó quitar la capilla de San Juan de Letran dió esta capilla á los ministros del Santo Oficio, con una carga pesadísima, que fuese el convento por sus cuerpos y sacerdotes los trujesen en hombros, como si fueran sacerdotes, cosa bien excusada, si se diera á los señores inquisidores y en ella se enterraran, pasara, pero darla á oficiales no se puede tolerar, y sin ninguna limosna. Y aunque entre ellos hay personas nobles, hay familiares que tienen oficios bajos, y á éstos enterrarlos, como vi á uno, como si fuera inquisidor, es igualar lo alto con lo bajo y la nobleza con los que no la tienen, y con todo esto, alguno destos familiares se entierran en otras partes y la capilla está sin marido, como las demás lo tienen, dotadas con muchas ventajas.
Luego se sigue la del glorioso San Jacinto, con retablo dorado y figura del sancto muy buena; la capilla bien adornada; hízose una solenísima fiesta el dia que en esta ciudad se celebró la canonizacion del santo, con admirable adorno de la iglesia y más del claustro, con un coloquio famosísimo de la vida de este santísimo hermano nuestro, con tanta riqueza que parecia incomparable, y con ser tanta, no se perdió ni un alfiler.
Aquí se ha juntado la imágen de San Raimundo, agora nuevamente canonizado por el mismo Clemente octavo, que canonizó á Jacinto, en cuya fiesta fué mucho más el ornato admirable del claustro y iglesia que en tres dias no se pudo impedir al pueblo que no viniese á verlo, y no se hartaban; tampoco faltó cosa de momento.
Debajo del coro al uno y otro lado hay dos capillas; al de la Epístola, una de los indios, con imágen de nuestra Señora, de bulto, y otra de los negros, asimismo con imágen de bulto, de la misma Señora, que, conforme á su posible, no estan mal aderezadas.
Los mulatos toman otra, que es por donde se sale al claustro; ésta es la menos adornada; será nuestro Señor servido se adorne á su servicio y de su santísima madre.