CAPITULO LXVIII DE LOS DEMÁS VALLES HASTA COPIAPÓ
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Desde aquí se va prolongando la costa derecha al Sur, con algunos valles angostos, en ella, y despoblados, de quince y más leguas; el camino, arenales, y pasadas creo sesenta leguas, luego se entra en el valle de Atarapacá; éste solia ser muy buen repartimiento y rico de minas de plata, de donde se camina por un despoblado de ochenta leguas hasta Atacama, por el cual sin guia no se puede caminar. Los indios de Atacama han estado hasta agora medio de paz y medio de guerra; son muy belicosos, y no sufren los malos tratamientos que algunos hombres hacen á los de acá del Perú; no dan más tributo de lo que quieren y cuando quieren. Al tiempo que esto escribo dicen se ha domado un poco más. Es fama ver en su tierra minas de oro riquísimas, y á su encomendero, que es vecino de Los Charcas, Juan Velazquez Altamirano, á quien han tenido mucho amor, dos ó tres veces le han inviado á llamar para descubrirse; las más en llegando allá se arrepienten, y no se les puede apremiar; esto el mismo encomendero me lo dijo.
Desde aquí se entra luego en el gran despoblado de 120 leguas que hay de aquí á Copiapó, que es el primer repartimiento del reino de Chile; el camino es de arena no muy muerta, y en partes tierra tiesa; en este trecho de tierra hay algunas caletillas con poca agua salobre, donde se han recogido y huido algunos indios pescadores, pobres y casi desnudos; los vestidos son de pieles de lobos marinos, y en muchas partes desta costa beben sangre destos lobos á falta de agua; no alcanzan un grano de maíz, no lo tienen; su comida sola es pescado y marisco. Llaman á estos indios Camanchacas, porque los rostros y cueros de sus cuerpos se les han vuelto como una costra colorada, durísimos; dícen les previene de la sangre que beben de los lobos marinos, y por esta color son conocidísimos.
Volviendo al camino, unas veces es por la playa, otras á tres, cuatro y seis leguas y más la tierra adentro, á causa de los muchos peñascos que hay en la costa, á donde proveyó. Nuestro Señor, sus jornadas de seis y siete leguas y la que más de ocho, de vallecillos muy angostos, con agua no muy buena y leña delgada y alguna yerba; no es camino que sufre mucha compañia ni de hombres ni de caballos; camínanse estas 120 leguas de Atacama á Copiapó en veinte dias, dos más ó menos, si las nieves no lo impiden, porque en algunas partes se mete el camino hacia la cordillera, donde por Junio, Julio y Agosto suele nevar; el matalotaje de los caminantes es biscocho, queso y tocino; los indios de guia, que son dos, se pagan primero que se pongan en camino, doce pesos á cada uno; llevan galgos y porque no se les despeen, con sus zapatillas, con las cuales cazan venados y guanacos, y son tan diestros en esto, que como lo columbren es cierto le han de cazar; desta carne, que es buena, se sustentan.
Este camino pocas veces se anda, porque si no es algun desesperado ó fugitivo homiciano no se pone á tanto trabajo.
Caminando por aquí se llega á un rio que en la lengua de los indios se llama Anchallullac, que quiere decir rio gran mentiroso, porque verémosle correr particularmente á la tarde y parte de la noche, y si luego no se toma el agua necesaria y da de beber á los caballos, dende á poco rato no hay gota de agua, y no es rio pequeño.
La causa es que con el calor del sol se derriten las nieves de la cordillera Nevada, y corre el agua á la tarde y parte de la noche, y cuando resfria á la noche cesa la corriente; por lo cual los que piensan á la mañana hallar agua, hállense burlados y la madre del rio seca. Hay otro rio, que como viene corriendo el agua se va cuajando en sal. Por esta parte se mete mucho la mar hacia la cordillera, y en los tres meses dichos hace mucho frio y suelen caer nieves.
Los indios pocos que habitan en las caletillas desta costa desde Arica á Copiapó, que es el primer pueblo del reino de Chile, salen á pescar en balsas de cueros de lobos marinos llenos de viento; cósenlos tan fuertemente que no les puede entrar gota de agua; la costura está para arriba y el ombligo en medio de la balsilla, en el cual cosen una tripilla de dos palmos de largo, por donde la hinchan, y luego la revuelven ó tuercen y enroscan. Cuando sienten que la balsilla está floja, desenroscan la tripilla y tornan á hinchar su balsa, usando de canaletes por remos, y no sufre cada balsilla sino una persona; la que sufre dos es muy grande; entran la mar adentro, en ellas, seis leguas y más.
En medio deste gran despoblado de Atacama á Copiapó hay un cerro muy conocido, llamado morro Moreno de los marineros, al cual llegando por tierra parece ser el que divide los términos del Pirú de los de Chile, y comenzar los de Chile, otra nueva region.
Aquí casi fenecen los arenales y la tierra es ya dura, pero inhabitable por ser muy seca, sin aguas ni leña más de la que habemos dicho; desde este morro comienzan á ventar á su tiempo los Nortes, que es de mediado Abril hasta Noviembre, unas veces un poco más temprano, otras más tarde, y en este tiempo, no cada dia, sino á veces, porque el Sur es el que más reina, y desde Payta hasta este morro en la mar, á lo menos en la costa, muchas, y la mar adentro no alcanzan Nortes.
En la sierra del Perú corren y muy recios; pero desde este morro ya vientan, y mientras más nos vamos llegando al polo Antártico, más vehementes. Como diremos tractando del reino de Chile, sucede una cosa, cuya causa no se alcanza, y la he visto dos veces que de Chile por mar he bajado á la ciudad de Los Reyes, y es: que en llegando al paraje del morro Moreno, el vino que de Chile se saca, aunque sea añejo, y lo hay muy bueno, da vuelta y se pone turbio y de tal sabor que no se puede beber, y desta manera persevera más de seis meses; despues vuelve á su natural.
Esto, á los que no lo han experimentado les parecerá fábula; no lo es, sino que es mera verdad. Por lo cual, aunque los navios se hallen con alta mar, viendo vuelto el vino, conocen llegar al paraje de morro Moreno, y luego poco á poco van declinando á tierra, si han de hacer escala en Arica.
Este viaje por mar del puerto del Callao á Chile, agora veinte años, solia ser muy tardio, porque no hacian cada dia más que dar un bordo á la mar, otro á la tierra y surgir en la costa, y así están toda la noche, á cuya causa tardaban un año y más en llegar á Chile; conocí en aquel reino un español, que embarcándose sus padres para aquel reino, se engendró y nació en la mar y tornó su madre á se hacer otra vez preñada, y no habian llegado al puerto de Coquimbo; agora se navega en veinticinco dias y á lo más largo treinta, porque en saliendo el navio del puerto del Callao se arrimarán el bordo á la mar quince dias y más, y luego vuelven sobre la tierra otros tantos, y se hallan en el puerto, algunas veces adelante del puerto en cuya demanda navegan. La primera vez que fuí á Chile, agora 27 años, no tardamos en llegar al puerto de Coquimbo más que veintidós dias en solo dos bordos, que fué el mejor y más breve que se ha hecho; y esto cuanto á la descripción [26] de la costa del Pirú desde Puerto Viejo á Copiapó, en toda la cual costa hay muy pocos puertos, y esos no muy seguros, que es la fuerza destos reinos. Agora volvamos á las ciudades deste nuestro Perú por el camino de la Sierra, y luego trataremos de la calidad de los indios della y sus costumbres.