CAPITULO CXII DE LA CALIDAD Y COSTUMBRES DE LOS INDIOS DESTOS REINOS
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Habiendo tractado con la brevedad que prometimos de las ciudades, caminos y otras cosas particulares tocantes á los españoles, ya es tiempo tractemos de las condiciones destos indios. Lo primero que tienen, y es el fundamento de las malas ó buenas costumbres morales, es un ánimo el más vil y bajo que se ha visto ni hallado en nacion alguna; parece realmente son de su naturaleza para servir; á los negros esclavos reconocen superioridad; llámanlos señores, con saber son comprados y vendidos, y lo que les mandan obedecen muy mejor que lo mandado por nosotros. Es gente cobarde, si la hay en el mundo, de donde les viene lo que á todos los cobardes, son cruelísimos cuando ven la suya ó son vencedores. No quieren ser tractados sino con rigor y aspereza, porque en tractando bien á un indio, aunque se haya criado en casa desde niño como hijo, dicen que de puro miedo lo hacemos, y por eso no nos atrevemos á castigarlos.
En tractándolos mal sirven con gran diligencia. Cuando tienen necesidad de nosotros, en cualquiera que se vean, ó de enfermedad, ó de hambre, ó de otras semejantes, con grandes humildades y subjectiones piden nuestro favor; pero si estamos en ella y con palabras mansas y amorosas les pedimos nos socorran, hacen burla de nosotros mofando y escarneciendo, y aunque sea su amo, que le haya criado, si se ve en peligro de muerte, en rio, caida de caballo, ó en otro peligro, se pone á mirarlo sin socorrerlo, pudiendo, y se rie de buena gana; la gente más ingrata que hay en lo descubierto, al bien que se le ha hecho ó hace; por lo cual sólo por amor de Dios les hacemos bien, que dellos esperar gratitud es en vano. La nacion más sin honra que se ha visto; no la conoce ni sabe qué cosa es, pues es más mentirosa que se puede imaginar; de donde les viene no temer levantar falsos testimonios, que los levantan gravísimos, y como no se les castiga por ellos, quédanse en su mala costumbre; que unos indios á otros los levanten, no es tanto el daño, ni pierden honra (como dicen), ni casamiento; mas levántanlos á los religiosos, á clérigos, á españoles, tan sin asco, como si en ellos no fuese nada, y cuando se averigua la falsedad, los que los habian de castigar dicen son indios, y mientras no se averigua padece el pobre fraile ó clérigo. Pero lo que más me admira es que todos cuantos vivimos en estas partes, conociendo la facilidad destos en mentir y levantar falsos testimonios, dígannos mal deste ó de aquél, le creemos; esta falta es nuestra, y en los gobernadores nuestros la hay, porque confesando que es así, cuando vamos á volver delante dellos por la fama y honra del clérigo ó religioso, dice el Virrey: conozco su facilidad en mentir; pero ya que dicen tantas cosas, en algo deben[39] decir verdad; algo hay; háseme respondido así á mí propio por un Virrey destos reinos, haciéndole demostracion de muchos y graves testimonios falsos que á un religioso nuestro habian levantado. Jurar falso no lo tienen en más de cuanto se les da una taza de vino, ó un mate de chicha, y cuando los reprehendemos, ¿cómo juraste en falso? la excusa es, y responden: díjome un amigo, ó mi vecino, ó mi curaca (que es lo más comun) que lo hiciese, sin más sentimiento; pues volver la fama, ni desdecirse, no se hable en eso.
Para mentir y en un instante forjar la mentira, los más fáciles son que hay hombres en el mundo, grandes y pequeños, mayores y menores; es cosa admirable cuán en el pico de la lengua tienen las mentiras. No parece sino que muchos dias han estudiado y imaginado: esto me han de preguntar y esta mentira tengo de responder, y tan sin vergüenza, como si dijesen mucha verdad; ellos no han de tractar verdad, y nosotros no les habemos de mentir, y ojalá en algunos acá nacidos de los nuestros no se hallase este vicio. No es afrenta entre ellos decirle mientes, ni ellos decir á otro lo mismo. Alábanse mucho que mintieron al padre que los doctrina, ó engañaron, y lo propio es que mintieron al español con quien tractan, y hacen gran plato désto, y como no tienen color en el rostro, por lo cual, demudándose, conoscamos si mienten ó engañan, mienten tan disimuladamente, que parece es todo verdad lo que afirman, y con unos ademanes ó afectos que nos hacen creerlo; tambien se alaban si dejaron algun español (habiéndole pagado su trabajo) en medio de un despoblado ó en medio de la nieve, sin camino; hay muchas partes donde no se puede caminar sin guia, y en estos caminos dejan al pobre caminante á la luna de Paita; borrachos, es nunca acabar tractar desto.
Si han de comenzar viaje, aunque sea de pocas leguas, primero se han de emborrachar; si vuelven, lo primero es emborracharse; dicen que se emborrachan porque si se muriesen en el camino, ó donde van, ya se morirán habiéndose emborrachado, y cuando vuelven se emborrachan porque no se murieron y volvieron con salud á sus tierras, ó casas; así me lo han dicho; borrachos, tractan muy mal á sus mujeres, y son deshonestos con sus hermanas y aun madres, y cuando están borrachos entonces hablan nuestra lengua, y se preguntan, ¿cuándo los cristianos nos habemos de volver á nuestra patria? y ¿por qué no nos echan de la tierra? pues son más que nosotros, y ¿cuándo se ha de acabar el Ave María? que es decir cuándo no les habemos de compeler á venir á la doctrina. Porque en la semana dos dias juntamos al pueblo para enseñársela y predicarles, á lo cual vienen por fuerza los más; finalmente, su Dios es su vientre y la chicha, y no hay más mundo.
No tienen veneracion alguna á sus padres, ni madres, agüelos, ni agüelas; finalmente, les dan de palos y bofetones; yo he castigado á alguno por esto, delante de todo el pueblo, y les he hecho les besen los pies. Pues ayudarlos en sus necesidades, ni por imaginación; si son dos hermanos, y el uno es casado y el otro no, muriendo el casado, el otro se revuelve con la mujer de su hermano luego; he visto muchos destos castigados por la justicia, pero no sé si con el rigor debido. Este vicio más se halla en los curacas y indios principales que en el comun. Ojalá y el dia de hoy no tengan sus idolatrias, como antes, y porque no han justiciado las justicias á los curacas, ojalá no se estén con ellas. Luego entra una piedad dañosa (¡oh! son nuevos en la fe) y desto tenemos los religiosos mucha culpa, y cuando aquesto no tengan, ojalá no tengan sus hechiceros ocultos, á quien consultan como en el tiempo de la infidelidad de sus padres. No tienen vergüenza de hacer á sus mujeres alcahuetas, las cuales, como son pusilánimes, temiendo el castigo, se las traen; todos duermen casi juntos, porque las casas de los indios no tienen algun apartamiento; hácenlas de obra de veinte pies en largo, y de ancho diez ó poco más; otras son redondas, donde viven con la mayor porqueria del mundo; jamás las barren; todos viven juntos, padres, madres, gallinas, cuchinillos, perros y gatos y ratos; por maravilla hay quien duerma si no en el suelo, sobre un poco de paja de juncia. Su asiento es perpétuamente en el suelo, y luego escarban la tierra con las uñas; solos los curacas principales usan de una como banquilla de zapatero, de una pieza, que llaman duo, no tan alta ni con mucho. A los hijos, sin policia alguna los crian; no es gente que los castiga, es gran pecado entre ellos castigarlos ó reñirlos[40]; con cuanto quieren se salen; jamás les lavan los rostros, manos ni pies, y así traen las manos y brazos con dos dedos de suciedad; las uñas nunca se las cortan, sírvenles como de cuchillos; amicísimos de perros, acaece caminando llevar el perrillo á cuestas, y el hijo de cuatro á cinco años por su pie. No guardan los padres ni madres á las hijas, ni les buscan maridos; ellas se los busquen y se concierten con ellos. Entre los indios la virginidad no es virtud, ni la estiman en lo que es justo: que en su infidelidad no la tuviesen por tal, no hay por qué nos admiremos, pero ya predicados y avisados [41] es gran ceguera; no nos creen. La hija del más estirado se va y se viene como quiere, por lo cual por maravilla se casa alguna mujer doncella; dicen los varones no debe ser para servir, pues así persevera. Si se han de casar, primero se amanceban seis y más meses que se casen; dicen que esto hacen para conocer la condicion el uno al otro, y deste error no los podemos sacar; una cosa tienen buena las mujeres: aunque antes de casarse hayan corrido ceca y meca, despues de casadas pocas son las que adulteran; las que han tractado antes con españoles faltan mucho en esto. Algunos varones hay que no se quieren casar con mujeres mozas, diciendo no saben servir; cásanse con viejas, porque les hacen la chicha y los vestidos. Son ladrones para con nosotros; para con los indios no tanto, y los más ladinos, mayores y atrevidos. Pues si les mandamos restituir, ni por sueños; si alguna cosa se hallan, dicen que Dios se la da; no hay buscar al dueño, sino cual ó cual; los indios de los Llanos, que llamamos Yungas, sobre todas estas desventuras tienen otra mayor: son dados mucho al vicio sodomítico, y las mujeres estando preñadas fácilmente lo usan. Entre los serranos, raros se dan á este vicio, por lo cual á los indios Yungas los ha castigado Nuestro Señor, que ya no hay casi en los valles sino muy pocos, como habemos dicho. Son levísimos de corazón, inconstantísimos; cualquiera cosita los admira; los mayores pleitistas del mundo, por lo cual la Sierra deciende á Los Reyes, á los Virreyes, donde ó mueren ó enferman, por ser la tierra contra su salud y embutirse en vino. En lo que toca á la doctrina, cómo aprovecharon en ella no quiero tractar, porque no se puede decir sino con palabras muy sentidas, y éstas me faltan.