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Descripción colonial, libro primero (1/2)

CAPITULO CII LAS VUELTAS QUE HA DADO POTOSÍ

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Agora treinta años ya casi Potosí estaba para totalmente perder todo su crédito, si nuestro Señor no proveyera de que se acertase á sacar plata con azogue. Es así, que si en esta sazon llegara un hombre con 200.000 pesos, comprara todas las minas del cerro; las costas muchas, los metales pobres, las minas muy hondas, no parecia se podía sustentar. Empero luego el año adelante se descubre el beneficio del azogue, y torna á revivir de tal manera, que en estos treinta años es casi innumerable la plata que dél ha salido, y pasó así: que muchos años antes, más de diez, llegaron allí unos extranjeros con azogue, y quisieron fundir por él; hicieron las diligencias posibles, y no atinaron á fundir, ó á incorporar, por lo cual las bolas del metal incorporado dejaron con el azogue, desesperados de salir con su intento, y en este tiempo el que las tenia, como por cosa desechada, las tornó á moler y fundir, y sacó plata de donde los otros no atinaron á sacar un grano, que parece prodigio. Despues de hallado este beneficio, y usado muchos años, como los metales fuesen bajando en ley, ya los señores de las minas no se podian sustentar; el ingenio del hombre, dando y tomando, vino un beneficiador á mezclar escoria de los herreros molida con el metal; fundiólo, salióle bien, donde infirió: si la escoria es provechosa, mejor lo será el hierro; da en deshacer el hierro, y con el agua del hierro deshecho incorporó el metal: salióle con más ley y sacó más plata. Pues para deshacer este hierro ¿qué remedio? Eran necesarias muelas de piedra como de barbero, más anchas que altas y de grano más grueso; provee Dios junto á los mismos ingenios tanta piedra désta, que algunos ingenios no á media legua, otros á una, y el que más lejos no la tiene á dos leguas; estas piedras andan con el movimiento del ingenio grande, en el cual debajo de la piedra ponen una artesa bien estanque, con agua, de donde la muela coja agua dando vuelta, y encima de la piedra se pone la plancha del hierro, la cual se va gastando como se gasta el cuchillo en la muela del barbero; de cuando en cuando se requiere verla para que siempre esté encima de la muela; con cada cajon de cincuenta quintales de metal molido y encorporado con azogue se mesclan diez libras de agua, y si á estos cincuenta quintales echan menos, no sacan nada; si más, pierden el agua más que echan, porque no se saca más plata que si echasen las diez libras. Lo necesario á cincuenta quintales es diez libras de agua. En todos los ingenios tienen sus vasos de madera, en que al justo caben diez libras de agua; con éstos las sacan de la artesa donde cae la agua en que se deshace el hierro. Este beneficio es el frecuentado y cierto; algunos han procurado descubrir otros, más sáleles al revés, y si no al revés, no hay quien los siga. En todo este tiempo me hallé en la ciudad de La Plata, que es casi como vivir en Potosí, porque lo malo ó bueno que sucede en aquella villa, luego se publica en La Plata, por la frecuencia de los que van y vienen.

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