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Descripción colonial, libro primero (1/2)

CAPITULO CVIII DEL VALLE TARIJA

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Quince leguas á la mano izquierda de Talina, declinando más al Oriente, entramos en el gran valle de Tarija (no le he visto, pero lo que dél dijere sélo de hombres fidedignos que han vivido en él), ancho y espacioso, abundante de todas comidas nuestras y de la tierra, y de ganados de los nuestros, donde se dan viñas y buen vino con las demás fructas españolas; los años pasados, deben ser más de 45, fué poblado de estancias de ganados nuestros; la más principal era del capitan Juan Ortiz de Zárate, que despues fué Adelantado del Rio de la Plata, de quien habemos de tractar en breve, donde tenia copia de ganado vacuno.

Los indios Chiriguanas, creo en las guerras civiles contra el tirano Francisco Hernandez, viendo la poca gente de los nuestros, y sin armas, dieron en ellos, mataron algunos, otros huyeron y se salvaron, de los cuales conocí dos ó tres; los Chiriguanas se apoderaron del valle, á lo menos quedaron libres de los nuestros que en aquella frontera vivian; dejóse allí el ganado vacuno, que en grande abundancia se multiplicó, vuelto silvestre y bravo, y como acá llamamos cimarron. Visitando este reino el Visorrey don Francisco de Toledo, y llegando á la ciudad de La Plata, sabida la calidad del valle, y la importancia de ser poblado, para el freno por aquella parte de los Chiriguanas, que por allí hacian no poco daño á los Chichas, y aun les pagaban tributo, nombró por corregidor é para edificar allí un pueblo de españoles al capitan Luis de Fuentes, con el cual fué alguna gente con sus armas y caballos, y un religioso nuestro, llamado fray Francisco Sedeño, predicador y fraile esencial, por cura y vicario de los españoles, con licencia del padre fray García de Toledo, que á la sazon era provincial, y comision de la sede vacante, porque clérigo ninguno quiso ir; llevaba tambien órden de nuestro provincial para edificar convento, lo cual hizo; llegaron sin dificultad, aunque entonces era un poco peligroso el camino, pero tuviéronla en la poblacion, por tener á los Chiriguanas muy cerca que los molestaban, mas fueron poca parte; hicieron sus casas fuertes en el lugar más cómodo que hallaron, y en menos de treinta años ha crecido tanto, que hay en él hombres cuyas haciendas valen más de 30.000 pesos, y si tuviera indios de servicio, hobiera crecido más.

Fuéles de mucha ayuda el ganado, porque como desamparado y sin dueño lo mataban y se sustentaban dél, y agora no hay poco, pero más arredrado, huyendo de las mechas de los arcabuces, que de muy lejos las huelen. Primero se mandó por pregones que los señores de aquel ganado lo sacasen dentro de tanto tiempo, so pena darlo por desamparado; mas como no hobiese, ó no pareciese dueño, y aunque pareciera y trujera el ejército del Turco no lo pudiera sacar, declaróse ó dióse por cimarron desamparado; agora no hay vecino que no tenga, cual más, cual menos, manso y corralero, no de aquello, sino de otro manso que han llevado, y no les falta ovejuno y porcuno; de Potosí vienen á comprarles lo que tienen, y si no, ellos lo llevan; en el valle menor fundaron otro pueblo, de buenas aguas y sábalos con otros géneros de peces; es abundante de víboras y sabandijas ponzoñosas, como los demás valles de los Charcas, empero ellas huirán de los españoles ó se acabarán. Cae en tierras de la provincia de los Chichas. El Inga, cuando era señor desta tierra, tenia aquí guarnicion de gente de guerra contra estos Chiriguanas, los cuales, entrando los nuestros en este reino, la dejaron y se volvieron á sus tierras.

Hállanse en este valle á la ribera y barrancas del rio sepulturas de gigantes, muchos huesos, cabezas y muelas, que si no se ve, no se puede creer cuán grandes eran; cómo se acabasen ignórase, porque como estos indios no tengan escripturas, la memoria de cosas raras y notables fácilmente se pierde.

Certificóme este religioso nuestro haber visto una cabeza en el cóncavo de la cual cabia una espada mayor de la marca, desde la guarnicion á la punta, que por lo menos era mayor que una adarga; y no es dificultoso de creer, porque siendo yo estudiante de Teología en nuestro convento de Los Reyes, el gobernador Castro envió al padre prior fray Antonio de Ervias, que nos la leía, y despues fué obispo de Cartagena, en el reino de Tierra Firme, que actualmente estaba leyendo, una muela de un gigante que le habian enviado desde la ciudad de Córdoba del reino de Tucumán, de la cual diremos en su lugar, y un artejo de un dedo, el de en medio de los tres que en cada dedo tenemos, y acabada la lection nos pusimos á ver qué tan grande seria la cabeza donde habia de haber tantas muelas, tantos colmillos y dientes, y la quijada cuán grande, y la figuramos como una grande adarga, y á proporcion con el artejo figuramos la mano, y parecia cosa increible, con ser demostracion; oí decir más á este nuestro religioso, que las muelas y dientes estaban de tal manera duros, que se sacaba dellas lumbre como de pedernal.

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