CAPITULO XLIV DE LA CAPILLA DE LA CÁRCEL
Reading edition
La capilla que llaman de la cárcel, donde los presos, así de la cárcel de corte como los de la ciudad, oyen cada dia misa, es una de las buenas cosas que en provecho de los pobres presos se ha fundado en el mundo, y tuvo su principio desta suerte: Habrá 47 años que los mercaderes se juntaron y determinaron entre pocos, no creo fueron diez, de pedir limosna cada semana, ó cada mes (los presos pobres no eran tantos como agora), dos dellos, y de las limosnas tener cuidado de proveerlos de comer, y cuando las limosnas no alcanzasen, ellos de sus haciendas suplirlo; consultáronlo con el Sr. Arzobispo don Jerónimo de Loaysa, de felice recordacion; aprobó su intento, dióles licencia para que pidiesen limosna, y señalóles un tanto que su mayordomo les daria sin ninguna falta; los segundos que pidieron para esta obra sanctisima fueron dos mercaderes que yo conocí mucho y traté: el uno se llamaba Juan Vázquez y el otro Juan Baz; andando pidiendo, determinaron de entrar á pedir limosna al marqués de Cañete, de buena memoria, y para hablarle no fué necesario aguardar mucho, luego les mandó entrar; bésanle las manos, suplícanle les mande dar limosna para los pobres de la cárcel, dícenle lo que entre sí habian determinado; alabóles la obra, y de primera instancia mandóles dar cien pesos, y que para cada mes, dende en adelante, tuviesen cuidado de pedir á su mayordomo cincuenta pesos, que luego se les darian, como así fué. Desta suerte comenzaron á pedir y á tener cuidado de los pobres. Nuestro Señor ha favorecido tanto esta obra de caridad, que la capilla tiene capellan señalado con muy buena prebenda, y el capellan ha de ser graduado, docto, para confesar á los presos, y predicarles, y para que los que han de justiciar, animarlos y salir con ellos.
Agora hay señalados mayordomos y oficiales y tiénese por mucha honra ser de los principales desta cofradia. La advocacion de la capilla es de San Pedro; celébrase la fiesta el dia de su Cátedra con mucha solemnidad, y porque en la capilla no cabe el pueblo, cúbrese la plaza buena parte con velas de navios y el púlpito pónese á la puerta de la capilla, de suerte que en la capilla y plaza cubierta entra toda la gente que concurre.