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Descripción colonial, libro primero (1/2)

CAPITULO XXIII DE NUESTRO CONVENTO

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Quedando, pues, con este sitio, que es de cuadra y media de largo; de ancho no tiene cuadra entera (porque la barranca del rio no da lugar á ello, por correr al sesgo), se comenzó á edificar el convento; empero, quien con más ánimo, fué el valeroso, y no menos religioso, gran predicador, gran servidor de Su Majestad, fray Tomás de San Martín, á quien por otro nombre llamaban el Regente, por haberlo sido en la Española ó isla de Santo Domingo.

Este religiosísimo padre, siendo provincial en esta provincia, y el primero, á quien dió por nombre San Juan Baptista, comenzó el edificio de la iglesia de bóveda, de tres naves, y hizo la mitad de la iglesia, dejando los cimientos de lo restante sacados.

Oí decir al padre fray Antonio de Figueroa, un religioso nuestro muy esencial, gran siervo de Dios, verdadero hijo de Santo Domingo, que fué mi maestro de novicios, que le acaecia á este ínclito religioso, siendo como era provincial, salir de casa por la mañana con un bordon á pie, é ir una legua, poco más ó menos, á la Caleta, y estar allí todo el dia en peso hasta la noche, en que se venia al convento, sin comer, y lo que hallaba en el convento era un poco de capado fiambre, porque entonces no se habia multiplicado el ganado nuestro mayor ni menor, que hobiese carnero, ni se comia en la ciudad, y con tanta alegria pasaba este trabajo como si tuviera todo el regalo del mundo. Parecia adevinaba el augmento que nuestro Señor habia de hacer en breve tiempo, de religion, cristiandad y letras, en aquella casa. Despues fué este varon heróico primero obispo de la ciudad de La Plata, aunque no llegó á sentarse en su silla, llevándole la majestad del muy alto primero á gozar de su gloria.

El dia de hoy ya se ha acabado la iglesia con la buena diligencia del maestro fray Salvador de Ribera, hijo deste convento, aplicando justísimamente todo cuanto puede de los religiosos que se ocupan en doctrinar á los indios, y tan bien acabada, que en Indias ninguna hay mejor: sola una falta se le pone, y sin invidia, que la capilla mayor es pequeña, la cual tiene un retablo muy aventajado.

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