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Descripción colonial, libro primero (1/2)

CAPITULO CI DEL CERRO DE POTOSÍ[38]

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CAPITULO CI DEL CERRO DE POTOSÍ[38]

A la fama de tanta plata, luego se comenzó á despoblar, aunque no del todo, el asiento de Porco y se pasó á Potosí, y poblaron los españoles desta otra parte de un arroyo que pasa al pie del Guayna Potosí; los indios, de la otra parte del arroyo, al pie del cerro; mas como se fué multiplicando la gente, tambien á la parte de los españoles se poblaron no pocos indios, y entre ellos los Carangas á las espaldas de los nuestros. El asiento, así del pueblo de los españoles como de los indios, no es llano, sino en una media ladera, como se requiere en tierra que llueve; el un asiento y el otro lleno de manantiales de agua que Dios nuestro Señor proveyó allí para el beneficio que agora se hace de los metales; si no, ya se hobiera despoblado la mayor parte por falta della, y los manantiales y fuentes, unos están sobre la faz de la tierra, otros á un estado y á menos; el que á dos es muy fondo. El agua en unas partes es mejor que otra, poca para que se pueda beber; guísase con ella de comer y lávase la ropa; no se halla casi cuadra que no tenga muchos manantiales, ni casas sin pozos, y en las calles en muchas dellas revienta el agua. Cuando los metales acudian á mucho más que agora, no los fundian los españoles, sino los indios se los compraban y beneficiaban, y acudian con el precio al criado del señor de la mina. Desta manera el señor de la mina tenia su mayordomo que della tenia cuidado, de hacer los indios ó yanaconas barreteros labrasen, y sacasen el metal á la boca de la mina, adonde cada sábado llegaba el indio fundidor, mirábalo, concertábase por tantos marcos y á otro sábado infaliblemente la traía la plata concertada; estos indios llevaban el metal á sus casas, y lo beneficiaban, y fundian, no con fuelles, porque el metal deste cerro no las sufre; la causa no se sabe; el metal cernido y lavado echábanlo á boca de noche en unas hornazas que llaman guairas, agujereadas, del tamaño de una vara, redondas, y con el aire, que entonces es más vehemente, fundian su metal; de cuando en cuando lo limpiaban y añadian carbon, como vian era necesario, y el indio fundidor para guarecerse del aire estábase al reparo de una paredilla sobre que asentaba su guaira, sufriendo el frio harto recio; derretido el metal y limpio de la escoria, sacaba su tejo de plata y veníase á su casa muy contento. Habia á la sazon en el cerro que dijimos se desmiembra de Potosí, y á la redonda del pueblo, más de 4.000 guairas, que por la mayor parte cada noche ardian, y verlas de fuera y aun dentro del pueblo no parecia sino que el pueblo se abrasaba. La que menos destas fundia salia con un marco de plata, que es riqueza nunca oída. Los indios fundidores ganaban plata, y los señores de las minas no perdian.

El viento con que más cotidianamente fundian era con el Sur, que dijimos llamarse Tomahavi. Proveyó Dios en aquel tiempo deste viento, que casi no faltaba en todo el año, y cuando descansaba algunos dias, luego se hacian procesiones por viento, como por falta de aguas cuando se detienen. Cesaron totalmente las guairas desde que se comenzó el beneficio del azogue, que fué en el segundo año del gobierno de don Francisco de Toledo.

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