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Descripción colonial, libro primero (1/2)

CAPITULO XXX DE LOS RESTANTES PROVINCIALES DE NUESTRA ORDEN

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Acabado el cuadrienio del mismo padre fray Domingo fué electo en provincial el padre fray Agustin Montes, Presentado en sancta Teología, hijo deste convento, donde tomó el hábito de quince años, varon religioso y amigo de ampliar con edificios su casa, el cual acabó la casa de novicios, lo tocante á las celdas, de todo puncto.

Hizo el claustro bajo, adornándolo con unos lienzos al ólio de figuras é imágenes de sanctos, muy perfectas y muy devotas; augmentó la sacristia con ornamentos y mucho servicio de plata, y un cáliz todo de oro. Aumentó tambien el retablo del altar mayor: á lo menos dejó con un entablador concertado el augmento de imágenes de media talla, y pagada parte de la hechura; hizo un cofre grande de plata, en que en el retablo se collocase el Sanctísimo Sacramento, porque hasta entonces no estaba sino en una cajita de madera. Trabajó lo que pudo con mucho y buen ejemplo. Puso mucha órden en las lectiones y estudio. Ordenó que hobiese cierto número de religiosos collegiales, y para ser recibidos pasasen por exámen muy riguroso, lo cual hasta hoy se guarda como conviene, porque desta suerte los no muy hábiles se animan, y los hábiles trabajan más, sin que en el coro se pierda punto. A quien sucedió el padre maestro fray Salvador de Ribera, hijo deste convento, en el cual tomó el hábito de 17 ó diez é ocho años, buen predicador; es hijo de padres nobles de todos cuatro costados; su padre se llamó Niculás de Ribera el viejo, respecto de otro vecino desta ciudad llamado del mismo nombre, pero el mozo. Su padre fué uno de los de la Fama de la isla del Gallo, varon liberal; su casa era hospital de todos los de su patria y enfermeria deste nuestro convento, porque todo lo necesario para los enfermos con toda liberalidad y caridad se hacia, y con sus propios hijos se inviaba de dia y de noche, y desto soy testigo de vista. La Madre se llamaba doña Elvira de Avalos, de cuya virtud en breve no se puede tratar. En su tiempo se acabó á gloria de Nuestro Señor dichosamente todo el cuerpo de la iglesia con tanta perfection que puede competir con las buenas iglesias de mucha parte de España. Adornó la capilla mayor de tal manera que se encubre la falta (que dijimos) ser pequeña. Acabó el aumento del retablo; hiciéronse paños de terciopelo carmesí bordados para la capilla mayor, con oro, que la cubren de alto á bajo, tan buenos que en nuestra España se hallan pocos iguales. Acabó el claustro y la porteria tan buena como las muy buenas de Castilla, sin otras cosas tocantes á la sacristia. Todo lo cual hasta aquí augmentado en este nuestro convento han hecho los provinciales con lo que han aplicado de los salarios de las doctrinas donde viven los religiosos. Al sobredicho padre sucedió el Presentado fray Diego de Ayala, hijo tambien deste convento, el cual por vivir poco é irse á España, y pasando en Italia murió en Roma, hay poco que decir dél. Sucedióle el padre maestro fray Juan de Lorenzana, el más docto destos reinos, hijo, creo, de Salamanca, buen religioso, de claro y galan ingenio, el cual, despues de haber leído muchos años Teología en este convento, fué electo en Provincial; gobierna á la hora que esto escribo; lo que haya augmentado no lo sé.

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