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Descripción colonial, libro primero (1/2)

CAPITULO XXVII DE LOS PROVINCIALES [QUE] HAN AUGMENTADO EL CONVENTO

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Dijimos arriba que el principal fundador deste convento fué el religioso y no menos valeroso padre fray Tomás de San Martin, primer provincial, el cual, despues de haber comenzado la obra de la iglesia fué el que buscó y atrajo á todos aquellos capitanes y otras personas á que tomasen las capillas y las dotasen; buscó y atrajo al convento mucha renta de otras partes, como fué que á su persuasion el capitan Gabriel de Rojas hizo limosna á este convento de 6.000 pesos ensayados, con no más obligacion de que le encomendasen á nuestro Señor en los capítulos, lo cual perpétuamente so hace y en las misas, como á principal bienhechor nuestro; ganó chácaras y tierras de pan y solares para casas, con no poco trabajo de su persona, á quien subcedió en provincial fray Domingo de Santo Tomás, maestro en sancta Teología, varon realmente apostólico, castísimo, libre de toda cobdicia y ambicion, gran predicador, así para los españoles como para los indios, y más dado á la predicacion y conversión de los indios que á la de los españoles; fué el primero que imprimió y redujo á arte la lengua general deste reino. Varon de grande entendimiento y prudencia cristiana, ferventísimo en el celo del bien y aumento de los naturales deste reino, por lo cual era de algunos aborrecido; empero decia lo que San Pablo: si agradase á los apetitos dañados de los hombres, no seria siervo de Dios. En el convento no sé qué haya aumentado, porque siendo provincial le fué forzoso ir á España y dende allí pasar en Italia al capítulo general que se celebraba de provinciales, y por esta razon no pudo augmentar como quisiera la casa, aunque, por no dar nota de aplicar más para su casa que para otras partes, hizo una cosa donde mostró el poco amor que á los bienes temporales tenia, ni para su convento, que para sí, ninguno.

Esto la ciudad toda lo vió y los religiosos, porque estábamos en el convento. Habia en la ciudad un mercader llamado Nicolaso Corso, hermano de Juan Antonio Corso, el rico; estando para se ir á España con 80.000 pesos y más, ensayados, dióle el mal de la muerte; envia á llamar al padre nuestro fray Domingo de Santo Tomás, que habia pocos dias llegado de España; dice le confiese y que allí tiene 80.000 pesos y más, ensayados; que como le fia el ánima, le fia y entrega la hacienda para que haga della lo que quisiere, en bien y descargo de su conciencia, porque no tiene heredero forzoso.

No creo otro que este apostólico varon hiciera lo quel hizo. Toda la hacienda repartió entre pobres, y particularmente al Hospital de los naturales desta ciudad dejó la mayor cantidad, donde hizo una capilla y la dotó; no á su convento, con poderle dejar toda, instituyendo un colegio para bien de todo el reino, con renta, al modo de los de San Gregorio, de Valladolid, y no fuera esta obra menos acepta á nuestro Señor que dejarlo al Hospital de Santa-Ana. Porque no se dijese aplicaba para su casa, huyendo esta nota, lo dejó al Hospital de los naturales, y no dejó á su convento más que á los otros, que fueron 100 pesos corrientes de limosna para cien misas, ni en el acompañamiento del difunto que de aquella enfermedad murió, pidió más religiosos de un convento que de otro. Bastante argumento es del poco amor que á la plata tenia. Luego dende á poco le hizo merced Su Majestad de la silla episcopal de la ciudad de La Plata; lo que allí hizo y su muerte, cuando tractaremos de los señores obispos destos reinos lo diremos.

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