CAPITULO LXVI DE LA CIUDAD DE AREQUIPA
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Volviendo á la ciudad de Arequipa, es del mejor temple deste reino, por estar fundada á la falda de la sierra, de buen cielo, aunque un poco seco; dentro del pueblo se dan muchas uvas, y todas las frutas nuestras, en particular peras no mayores que cermeñas; son malsanas; en conserva son buenas: El agua del rio es malsana por ser crudia; deciende de la tierra, y pasa por lugares salitrosos. Fundóse al pie de un volcan llamado de Arequipa, á cuya causa, y por ser la tierra cavernosa, es combatida por frecuentes terremotos, y tantos, que acaesce tres ó cuatro veces temblar al dia, otras tantas á la noche, unas veces con más violencia que otras. Los años pasados, gobernando don Francisco de Toledo, sucedió uno, y tal que arruinó toda la ciudad; á nuestro convento echó todo por el suelo, sin quedar celda donde se pudiese vivir, ni donde poder decir misa; las casas que no cayeron quedaron peores que si totalmente dieran consigo en el suelo. Hase tornado á edificar, aunque mal; es faltísimo de madera para edificios. Cuotidianamente la puesta del Sol es muy apacible por la diversidad de arreboles en los celajes á la parte del Poniente. Comiénzanse á plantar olivares, y son bonísimas las aceitunas; es abundante de pan, vino y carnes y demás mantenimientos, y todo de riego; llueve poco y no con mucha tempestad.
Los indios deste asiento, que son en cantidad, usan del trébol en lugar de estiércol, con lo cual los maices crecen y multiplican mucho; siémbranlo de propósito, y maduro lo cogen y entierran en la tierra que han de sembrar; fertilízala mucho, en lo cual nosotros no habemos advertido, y la razon lo dice: porque el trébol es calidísimo; y antes, aunque sus chácaras estercolaban con otras cosas, no eran tan fértiles; críanse gran cantidad de pájaros dañosísimos al trigo ya granado; el enemigo es muchos muchachos con voces y hondas ojearlos, y no aprovecha tanto como quisiéramos. Porque no haya cosa sin alguacil, si no fuera tan combatida de temblores hobiera crecido mucho. Sustenta cinco conventos: Santo Domingo, San Francisco, San Augustin, la Merced; los Teatinos, que aunque llegaron tarde, tienen el mejor puesto. Los vecinos viejos eran ricos; sus hijos son pobres, porque no siguen la prudencia de sus padres, y los nietos de los conquistadores y vecinos serán paupérrimos. El año de 604 otro temblor lo destruyó; el mismo que á Camaná.