CAPITULO LXXXIII PROSIGUE EL CAMINO AL COLLAO
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Puestos en este paraje[30] de Vilcanota luego comenzamos á bajar (aunque la bajada no es agra, que casi no se siente) hasta el tambo de Chungara, donde en todo el valle se apacienta copia de ganado vacuno, y á la mano derecha no poco ovejuno y ganado de la tierra. Este tambo es muy frio, y desde aquí á la provincia de los Charcas ya no se da maíz, sino papas y quinua, y ha de ser muy buen año, porque si los yelos se anticipan las papas corren riesgo; la quinoa mejor lo sufre. De aquí vamos al primer pueblo del Collao, llamado Ayavire, asaz ventoso y frio, pueblo grande y rico de ganado de la tierra, como lo son los demás desta provincia de Ayaviri. Siete leguas adelante llegamos al pueblo llamado Pucará, tambien pueblo grande, famoso porque aquí se desbarató el tirano Francisco Hernandes Giron; cególe Nuestro Señor, como andaba en deservicio suyo y de su Rey, porque si se tuviera diez dias más, que no saliera del sitio y fuerte donde estaba, siendo señor de las comidas y teniendo agua y leña, no se les podía quitar, y el sitio suyo inexpugnable, y servicio de los indios, que le obedecian por ser de su encomienda; era imposible el real del Rey sustentarse, habiase de deshacer por falta de mantenimientos. Salió una noche á dar en el campo de Su Majestad, pero avisado por un soldado que aquella noche se vino al servicio de su Rey, levantóse el campo de donde estaba, dejando las tiendas armadas, y púsose en escuadron en una hoya donde el tirano no le pudo ver; llegó á las tiendas, desbaratóse en ellas, y viéndose desbaratado, recogióse con hasta 160 soldados descontentos, y á pie y por tierra fragosa y frigidísima tomó la vuelta de Quito; pero llegando al valle de Jauja, ó poco más adelante, salieron á él dos capitanes de la ciudad de Guánuco y lo prendieron, y á los pocos que con él iban, como dejamos dicho tractando del valle de Jauja; los demás ya se le habian quedado cansados y sin armas; trujéronle á la ciudad de Los Reyes, donde como á tirano y traidor á la Corona Real, le cortaron la cabeza y la pusieron en el rollo en medio de la plaza en una jaula de hierro á vista de todo el pueblo, con su letrero que decia: esta es la cabeza del tirano Francisco Hernandez.