CAPITULO LXXV DE LA CIUDAD [DE] GUÁNUCO
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Volviendo, pues, á nuestro camino por la sierra adelante desde Cajamarca, dejándolo á mano derecha llegamos á la ciudad de Guánuco, nombrada de los Caballeros porque se pobló de hombres muy nobles.
Esta ciudad tiene buena comarca, y muchos indios de repartimiento; no la he visto, pero sé lo que voy diciendo por relacion y tracto de los que en ella han vivido; es fértil y abundante. En el mismo pueblo se da todo el año higos, naranjas, limas, unos están recién nacidos, otros un poco más gruesos, otros maduros; danse muy bien membrillos y manzanas con las frutas de la tierra. Es el temple ni caluroso ni frio, y más declina al calor. Es abundante de muchas carnes, á causa de tener en su distrito muy buenos pastos. Los edificios buenos; de medio dia para abajo, en el verano, son tan recios los vientos, que no se puede andar por las calles.
Sustenta monasterios de todas Ordenes bastantemente, no de muchos frayles. El que más tiene hasta doce. De aquí salieron el capitan Serna y Juan Tello, los cuales teniendo rendido á Francisco Hernandez Giron, que fué tirano, llegó el capitan Juan de la Serna, echóle mano y prendióle y llevóse la honra de la prision; con lo cual se acabó aquella rebelion, y desde entonces acá, que han pasado más de 42 años, no ha sucedido otra ni se espera sucederá, si Nuestro Señor por nuestros pecados no nos quiere castigar, porque las cosas ya están tan bien asentadas, y tanta justicia en el reino, que los españoles no quieren sino ganar de comer. Saliendo desta ciudad y volviendo al camino real, á 30 leguas andadas entramos en el valle de Jauja, donde al presente escribimos este breve compendio, uno de los mejores y más poblados deste Reino; es abundantísimo de trigo, maíz y otros mantenimientos de la tierra, y carnes. Pasa por medio dél un rio grande y caudaloso al tiempo de las aguas, pero el más desaprovechado del mundo, porque no se puede sacar dél una sola acequia para regar los sembrados; lleva pescado y bueno; susténtanse en él trece pueblos de indios, los siete por la una banda y los seis por la otra, poblados con sus cuadras, las iglesias de adobes y tejas, adornadas de razonables ornamentos. Vanse diminuyendo estos indios, á lo menos los varones, por estar tan cerca de Guancavilca; la causa diré en el capítulo siguiente. Cásanse en algunos pueblos pocas indias solteras, en particular en el que agora resido doctrinándolos, llamado Chongos, porque dicen que si, casados, los maridos las han de tractar mal, como lo hacen estando borrachos, que más quieren su libertad y buen tractamiento, y es así, que como para los indios varones no hay castigo por las borracheras, ni por estos malos tractamientos, que á veces llegan á matar las mujeres, como soy testigo, no hay de qué maravillarnos. Tiene de largo este valle nueve leguas tiradas, y por lo más ancho dos; es falto de leña, que si la tuviera ya se hobiera poblado en él un pueblo de españoles; es templado, aunque no sufre naranjos ni limones; danse algunos membrillos y duraznos, y de las legumbres nuestras algunas.