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Descripción colonial, libro primero (1/2)

CAPITULO LXXVI DE LA VILLA DE OROPESA, LLAMADA POR OTRO NOMBRE GUANCAVILCA

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Cuatro jornadas deste valle, no muy grandes, se descubrieron, creo en tiempo que gobernaba el Marqués de Cañete, de buena memoria, ó al fin de su gobierno y principio del Conde de Nieva, las minas que llaman del azogue, en un valle llamado Guancavilca, asaz fria, porque está en medio de la cordillera de las Sierras Nevadas que atraviesan todo este reino de Perú y Chile, hasta el estrecho de Magallanes, á donde se pobló un pueblo de españoles gobernando don Francisco de Toledo, por cuyo respecto se nombró Oropesa, con título de villa. Descubrieron estas minas unos indios de la encomienda de Amador de Cabrera, vecino de Guamanga, en cuyo distrito[29] se hallaron, de donde sacó y se vió prosperísimo en riqueza; no murió con tanta, y su mujer y hijos agora padecen necesidad. Al principio repartióse el cerro en minas á hombres particulares, como si fueran minas de plata; ellos las labraban pagando su quinto al Rey; despues acá, Su Majestad, y justísimamente, las quitó y aplicó para sí; sólo dejó con propiedad de su mina al descubridor, Amador de Cabrera, y á sus herederos.

Arrienda estas minas Su Majestad á cierto número de españoles, con condicion que todo el azogue que sacaren lo metan en el almacen, y Su Majestad les paga el quintal á quarenta pesos ensayados; Su Majestad les reparte indios de los comarcanos, pagándoles su trabajo los arrendadores conforme á lo que el Virrey señala. Este cerro de azogue ha sido la vida deste Perú, porque si no se hobiera descubierto, fuera el más pobre y más costoso del mundo. Con los azogues ha revivido, porque toda la plata que en Potosí y en Porco se saca, como tractando dellos diremos, es por azogue y con azogue. Los que comenzaron á labrar el azogue fueran poderosísimos de plata si tuvieran juicio para guardar y gastar; faltóles, y el dia de hoy están alcanzadísimos, porque como el azogue se va en humo, así sus riquezas se han resuelto en él. Que haya uno solo que se entienda está rico, aunque lo disimula, no es contra lo que decimos, porque una golondrina no hace verano. Solíase labrar el cerro, como dicen, á tajo abierto, y labrándolo así no era dañoso á la salud de los que entraban á labrar y quebrar el metal; de pocos años á esta parte, no creo son ocho, labran por socavon, lo cual es la total destruicion de los miserables indios; que á labrar en tierra, al socavon no le hicieron respiraderos para que por ellos el humo ó polvillo del metal exhalase; todo aquel humo entrase por la boca, ojos, narices y orejas de los indios, el polvo del azogue es azogue y el humo del azogue es azogue; salen los pobres azogados, no los curan; luego viénense á sus tierras así enfermos; ninguno escapa que venga enfermo de Guancavilca; viven seis y ocho meses y un año y año y medio, con gran apretamiento de pecho, y así enferman y acaban la vida.

Esta es la causa de la diminucion destos naturales y de los que se habian de multiplicar dellos; yo confieso verdad, que en dos años que vivo en este pueblo de Chongos, los más que llevo enterrados son deste azogue. Avisamos dello, no creo se nos da crédito, y lo que es deste valle es de los demás que de más cerca y lejos van á trabajar á las minas, y desto son testigos tambien los repartimientos de Guamanga, y en particular el del primer descubridor, era uno de los buenos del reino, del Cuzco para abajo; agora está menoscabadísimo. Que si al socavon hobieran hecho sus respiraderos, ó se labraran las minas como antes, no padecian este detrimento la vida de los naturales, lo cual viendo los miserables huyen por no ir á Guancavilca, como es justo se huya de la muerte.

No se puede dejar de creer, sino que si Su Majestad deste menoscabo de sus vasallos fuese informado, que mandaria, ó cesar la labor, ó que se labrase como antes, porque el rey sin vasallos es como cabeza sin miembros, sin pies, sin manos, sin ojos, etc., y quien tanto cela el bien destos pobres, con tanto amor y cristiandad, no es posible no lo mandase remediar, y aun castigaria á quien no lo pusiese luego en ejecucion.

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