CAPITULO XIII DEL CAMINO DE LA COSTA
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Volviendo á nuestro propósito, desde Xayanca á Trujillo, agora 43 años, poco más ó menos, se caminaba á la tierra adentro ocho leguas y diez de la costa de la mar, ó se declinaba á la costa; yo vine por la costa, donde las bocas de los ríos eran pobladas de muchos pueblos de indios, muy abundantes de comida y pescado; aquí hallábamos gallinas, cabritos y puercos, de valde, porque los mayordomos de los encomenderos que en estos pueblos vivian no nos pedian más precio que tomar las aves y pelallas, y los cabritos desollarlos, y el maíz desgranarlo. Todos estos indios se han acabado, por lo cual ya no se camina por la costa, que era camino más fresco y no menos abundante que el otro. Los indios que quedaban, porque totalmente no faltasen, los han reducido el valle arriba, donde los demás vivian. Era realmente para dar gracias á Nuestro Señor ver unos pueblos llenos de indios y de todo mantenimiento, el cual se daba á todos de gracia. La causa de la destruicion de tanto indio diré cuando tratare de sus costumbres, y para aquí sea suficiente decir, las borracheras. Bajando, pues, de Xayanca á la costa y caminando por ella se venia á salir á siete leguas de Trujillo, á un valle llamado Licapa.