CAPITULO XCVII DE OTRO CAMINO PARA LA CIUDAD DE LA PLATA
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Volviendo á Caracollo, de donde proseguimos el camino para la ciudad de La Plata por los valles, y tomándolo por el más seguido, de aquí una jornada llegamos á la venta de las Sepulturas; llámase asi porque se pobló en un llano donde hay cantidad dellas, y en todo el camino, particularmente desde Siquisica; son sepulturas de indios, donde en su infidelidad se enterraban en estos lugares frios; la causa debia ser por que no se corrompiesen los cuerpos; son altas de más de estado y medio, todas, en general, angostas como una vara, de cuatro paredes; unas portezuelas que todas miran al Oriente junto al suelo; aquí se enterraban los indios y sus mujeres; para los hijos hacian otras pequeñas juncto á éstas. Ha sucedido ir caminando por esta tierra llana el español y alcanzarle un aguacero de los buenos, y meterse dentro de una destas sepulturas, sin tener grima de los cuerpos muertos; no la dan como los nuestros.
Algunos indios sacan los cuerpos dellas y abrazaditos marido é mujer los ponen en los caminos, sola la osamenta, entera, sin despegarse de las coyunturas, porque en estas sepulturas no come la tierra los cuerpos, sino consúmese la carne; lo demás queda entero; tampoco se crian gusanos; la frialdad y sequedad de la tierra no da lugar á ello.
Algunas sepulturas vemos más altas y labradas, digo pintadas; éstas por ventura eran de los curacas. Por estar puesta esta venta en un lugar donde habia muchas, se quedó con el nombre de la venta de las Sepulturas. Hácese aquí mucha y muy buena pólvora, y aquí vive un oficial della que con licencia de los Virreyes la hace. Siete leguas adelante es la venta de En Medio, así llamada por ser fundada en parte donde se toma á mano izquierda el camino para la ciudad de La Plata y sobre mano derecha para Potosí; dase en ella buen recaudo á los pasajeros; los caballos á la sabana.
Prosiguiendo para Potosí[37], porque no volvamos más á ella, son cinco jornadas; todas son de ventas, sin que en el camino haya cosa que sea digna de memoria, más de que antes de llegar á Potosí, como legua y media, no se ha de dar más priesa á la cabalgadura de la que ella quisiere; fáltales el aliento, y si se la dan se quedan muertas en el camino.
Tomando, pues, el camino sobre mano izquierda, nueve leguas, si no son diez, dista de aquí el pueblo llamado Chayanta, poblado en una llanada bien fria, antes de llegar al cual, hay en medio del camino un arroyo abajo, de mala agua, con muchos manantiales de aguas calientes, pero una fuente hay en una peña viva que cae sobre este arroyo; la piedra terná en contorno como braza y media; vase arrugando como un pan de azúcar, y por la corona della sale un caño de agua como la muñeca, y para caer en el arroyo hace su charco muy formado; no pasa hombre por allí que no se detenga un poco á mirarla y considerar la fuerza del agua que rompiese aquella peña viva; estas aguas calientes, si son de piedra azufre, dan salud á los enfermos de la ijada y orina, como ya dijimos; las del alumbre les hacen más daño.
De aquí son dos jornadas al pueblo llamado Macha, en distrito del cual hay una mina de plata, que hasta agora no se ha descubierto, ni se espera se descubrirá. Un religioso nuestro, á quien yo conocí en este reino siendo seglar, agora cuarenta años, acaso dió con ella, y conociendo el metal echó alguno en unas alforjas; llevólo á Potosí, fundiólo; acudió mucha plata; luego conoció ser la mina que tanta fama tiene, empero no lo dijo sino á uno ó dos amigos, para ir á ella y registrarla; sucedióle en este tiempo, antes que la fuese á descubrir, hacer un viaje forzoso á Arequipa, donde se metió fraile nuestro, y así se quedó; ya profeso y viviendo en nuestro convento en Huánuco, y estando á la sazon allí nuestro provincial el padre fray Francisco de San Miguel, á quien se lo oí decir muchas veces, llegaron dos hombres que venian de Potosí en busca del religioso para que les descubriese la mina y cerro; encuentran con el provincial, dícenle por qué razon tomaron tanto trabajo, viaje largo, y que si el religioso les descubre el cerro y mina se obligarán á hacer un convento entero en la ciudad que el provincial señalase. Al provincial no le pareció mal el partido; tractólo con el religioso, y con ser un hombre tosco y no de mucho entendimiento, respondió al provincial era verdadero sabia el cerro y mina, pero que no convenia descubrirlo porque los indios de Macha, en cuyo distrito estaba, y cuya era, la labraban (por lo que él vió) para pagar sus tributos y para sus necesidades; la cual si se descubria la habian de quitar á los indios y quedarian privados de su hacienda. La respuesta del religioso pareció bien al provincial, y respondió á los dos compañeros que no la descubriria aunque le hiciesen tres conventos, y así se quedó hasta hoy. Desde este pueblo son tres jornadas á la ciudad de La Plata, de muy mal camino, como lo es todo el desta provincia.