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Descripción colonial, libro primero (1/2)

CAPITULO CIX DE OTROS PUEBLOS EN FRONTERA Y LA TIERRA ADENTRO DE LOS CHIRIGUANAS

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Dos jornadas no largas deste valle de Tarija, sobre mano izquierda, hay un valle que llaman San Lucas, donde un hombre poderoso, llamado Jerónimo Alanis, manco de la mano derecha, tenia una gran hacienda de vacas y cria de mulas, con gente bastante, yanaconas y un mestizo y mulato, y casa fuerte para el beneficio della; pero como era muy cerca de las montañas Chiriguanas, porque no le hiciesen daño pagábanles tributos, cuchillos, tijeras, algunas hachas para cortar árboles y alguna chaquira. El señor de la hacienda de cuando en cuando iba á verla; sucedió (y no habia tres años que Tarija se habia poblado) que yendo á verla, de allí despachó un indio á nuestro religioso, con quien tenia amistad, haciéndole saber estaba allí, rogándole viniese á confesarle la gente; era despues de Pascua de Resurrection: recibida la carta, concertóse con el capitan Luis de Fuentes y otros tres soldados ir con sus armas, arcabuces y recado; quiso nuestro Señor que el dia que habian de llegar vinieron más de cien Chiriguanas á pedir su tributo á nuestro Alanis, y con tanta soberbia entraron, que sin duda venian determinados de hacerle mucho mal, matarle y á toda su gente; el capitan, religioso y los demás, ni vieron á los Chiriguanas ni dellos fueron vistos, por causa de una niebla muy obscura que aquel dia cubria la tierra; entran en casa de Alanis, hallan allí parte desta bárbara nacion (los demás no habian llegado), que ya comenzaban á querer disparar sus flechas en el Alanis, que sólo tenia una cota puesta y una espada en la mano izquierda, porque la derecha la tenia cortada. Los nuestros que llegan, si no fué el religioso, comienzan á desenvolverse contra los Chiriguanas; en su ayuda acuden el mestizo y mulato con sus arcabuces; despacharon á los que hallaron dentro, y luego en sus caballos salen á los que venian; mataron más de sesenta gandulazos, los demás se escaparon y algunos heridos é mal. Entre estos indios venian algunos Chaneses, de los cuales dijimos que se aprovechan estos como gente en la guerra, é ya los nuestros descansando, y habida esta victoria, entra por las puertas un indio muy mal herido de un arcabuzazo, y aun lanzada, diciendo era Chanés, y pidiendo, ó diciendo: ¡cristiano, cristiano! que era decir lo queria ser y le baptizasen; baptizóle nuestro religioso, y luego se murió. Esto me escribió nuestro religioso á la ciudad de La Plata, donde yo vivia á la sazon. Pues para refrenar á estos enemigos comunes del género humano, aquí se ha poblado otro pueblo de españoles, al cual agora cuatro años, llegando yo á la ciudad de La Plata, volvian mas de cincuenta hombres que con un capitan habian salido á descercar el pueblo, porque Los Chiriguanas, le tenian cercado, y el capitan habia enviado á pedir favor; sabido por los Chiriguanas, alzaron el cerco y no los osaron á esperar. Otros dos pueblos, á lo menos uno, he oido decir se ha poblado por los nuestros en el gran rio de Pilaya, ya en la tierra Chiriguana, á donde llegó y pasó el Visorrey don Francisco de Toledo, y entonces (como diremos) le llamaron el rio Incógnito. Estos indios andan agora más soberbios que antes, porque los vandea un perro mestizo nacido en el Rio de la Plata; yo le conocí, gran oficial herrero, llamado fulano Capillas, ladino como el demonio, y blanco, que no parece mestizo, casado y con hijos en la ciudad de La Plata; no sé por qué ocasion se fué ó le envió el Audiencia, y esto fué lo más cierto, á tractar con ellos no sé qué medios de paz, y él decia no le enviasen, porque no le habian de dejar salir los indios; fué y quedóse con ellos; este maldicto les hace unos cascquillos de acero para las flechas, tan bien templados que no tienen resistencia; antes usaban de cañas como las nuestras, el ñudo tostado por puncta; lo demás servia de cuchilla; con las cuales tan bien pasaban una cota como un nabo. Contra estas armas Chiriguanas usan los nuestros cotas y encima escaupiles sueltos en vanda, porque en el algodon se entrape la flecha. Vive este mestizo entre los Chiriguanas con ellos, con las mujeres que quiere; anda casi desnudo, y por no ser conocido cuando sale á hacer daño en los nuestros, se embija como indio; dicen ha inviado á decir á la Audiencia que de buena gana dejaria aquella vida, porque es cristiano, si le perdonasen; pero que teme, si se reduce, le han de castigar por los daños que ha hecho; pero como desta gente alguna sabe á la pega, en ella se queda.

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