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Descripción colonial, libro primero (1/2)

CAPITULO XVI DEL VALLE DE CHICAMA

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[Es el valle de Chicama] abundante, ancho y largo, donde habia muchos indios dotrinados por religiosos de nuestra Orden, encomendados en el capitan Diego de Mora, varon muy principal en este reino. Entre otros religiosos nuestros de mucha virtud y cristiandad que en la doctrina de aquel valle se han ocupado, fué uno el padre fray Benito de Jarandilla, el cual, despues que entró en él nunca dél salió para vivir en otra parte; aquí se consagró á Nuestro Señor, predicando el Evangelio á los indios con admirable austeridad de vida en todo lo tocante á su profesion, sin jamás se conocer en él cosa de mal ejemplo, sino gran celo á la conversión de aquellos naturales, donde vivió más de 55 años, y ha pocos años, no ha dos cuando escrebí esto, que Nuestro Señor le llevó, como piadosamente creemos, á pagarle sus trabajos. Los indios deste valle tienen dos lenguas, que hablan: los pescadores una, y dificultosísima, y otra no tanto; pocos hablan la general del Inga; este buen religioso las sabia ambas, y la más dificultosa, mejor. Su caridad para con los indios era muy grande, porque curarlos en sus enfermedades, repartir con ellos su racion y quedarse ó contentarse para su mantenimiento con un poco de maíz tostado ó cocido, era como natural. Varon de mucha oracion y penitencia, doquiera que estaba se habia de levantar á media noche á rezar maitines, y á cualquiera hora que le llamaban para confesar al enfermo, con toda el alegria del mundo se levantaba, y aunque el rio viniese muy crecido, no le temia más que si no llevara agua, y es muy grande al verano. Este es comun lenguaje entre los indios, que decian pasaba el rio en un macho que la Orden le habia concedido á uso, por cima del agua, á cualquier hora y cuando más agua traía el rio. Esto no lo escribo por milagro, sino como cosa comunmente dicha entre los indios.

En este valle tiene nuestra sagrada Religion un convento priorato que este religioso venerable fundó, donde se sustentan de ocho á diez religiosos, y favoreciéndolo Nuestro Señor se sustentarán más, porque las haciendas van en crecimiento. El valle es abundantísimo de pan, vino, maíz y demás mantenimientos; danse en él admirablemente los olivos, que cargan de aceituna muy buena. Los demás mantenimientos á la tierra naturales, bonísimos; es famoso por un ingenio de azúcar que allí plantó el capitan Diego de Mora; una cosa que por ser peregrina la diré, que hay en este ingenio, y es que con ser cálido el temple en todo tiempo y todos los valles de los Llanos abunden en moscas y éste las tenga dentro y fuera de las casas de los indios y de los españoles, en la casa que llaman del azúcar y donde se hacen las conservas y están las tinajas llenas de todo género dellas no se halle ni se vea una ni más.

Helo visto, por eso lo digo, pues la miel y el azúcar, madre es de las moscas.

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