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Descripción colonial, libro primero (1/2)

CAPITULO CXIV CÓMO SE HAN DE GOBERNAR EN ALGUNAS COSAS

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Teniendo, pues, consideracion á la calidad desta gente, parece en ley de buena razon que no deben ser gobernados en muchas cosas como los españoles, y en particular en los pleitos, en los cuales, por ser tan amigos dellos, gastan sus pobres haciendas y pierden las vidas, si no fuesen de tal calidad (como en cacicazgos, en sucesion de grandes haciendas y otros semejantes) que requieren sus plazos y traslados y lo demás que el Derecho permite y justísimamente tiene establecido; porque los más de los pleitos son de una chacarilla que no es de media hanega de sembradura, y de otras cosas de poco momento; por lo cual, si el corregidor, aunque las aplique al que tiene justicia, el otro fácilmente apela para el Audiencia, principalmente los subjectos á la de Los Reyes, donde van con sus apellaciones, y lo primero que hacen es atestarse de vino, y lo más es nuevo; andan por el sol, son derreglados, mueren como chinches; y si no, vayan á las matrículas de los hospitales de los indios, y veran tractamos verdad, y cuando vuelven con salud á sus tierras, en el camino enferman, y en llegando mueren. Un vecino de la ciudad de La Plata, en tiempos antiguos, llamado Diego de Pantoja, conquistador del descubrimiento de Chile (oíselo al mismo), siendo alcalde en aquella ciudad, tenia este modo para averiguar los pleitos destos miserables, y era: en viniendo los indios contrarios, poníalos en un aposento, cerrábalos con llave y decíales: no habeis de salir de aqui hasta que me llameis; aquí estaré y vosotros convenios en quién tiene justicia; ellos se concertaban, y llamando á la puerta y abriéndoles el alcalde, le decian: señor, éste tracta verdad y pide justicia; yo no la tengo; esto oido, tornábalos nuestro alcalde á encerrar y decíales: otra ved os conformad y veamos con que salís; ellos llamaban á la puerta conformes totalmente, y diciéndole lo mismo, adjudicaba la hacienda sobre que se traía pleito, y ponia perpétuo silencio al mentiroso, reprehendido ó levemente castigado; desta suerte se averiguaban los pleitos en breve. Esto era antes de fundada la Audiencia en aquella ciudad, lo cual me decia condoliéndose de ver á los pobres indios gastar sus haciendas, con no correr allí riesgo de la salud, por ser el temple como el de sus tierras. Conocí allí un Oidor que se malquistó grandemente con los secretarios y procuradores (y á fée que le costó no poca inquietud) porque pretendió con los demás sus compañeros que los pleitos de los indios se averiguasen á su modo, y como esto era quitar los derechos á los secretarios, levantáronse contra él y no salió con su intencion. Lo que vamos tractando las mismas Audiencias lo han hecho, porque ya ha sucedido un curaca hallar en adulterio á su mujer, y matar al adúltero y á ella, y le condenaron á muerte y justiciaron, porque aunque era curaca no tiene tanta honra como el español, al cual en semejante caso no le justician, sino le dan por libre, como vemos muchas veces; pues si en esto, ¿por qué no será lo mismo en otras cosas?

El otro vicio en que es necesario poner remedio, así en los Llanos como en la Sierra y en los Llanos (y que verná tarde), es en las borracheras. Estas han consumido los indios de los valles, de los Llanos, y consumirán los pocos que han quedado, y los de la Sierra no menos se acabarán. Hacen los unos y los otros una chicha ó bebida, llamada sora, de maíz talludo; echan al maíz en unas ollas grandes en remojo, y cuando comienza á entallecer sácanlo, pónenlo al sol, y despues hacen su bebida. Es calidísima la bebida que deste maíz hacen en extremo, y muy fuerte; abrásales las entrañas, é para que más presto les emborrache, si tienen vino, mézclanlo con ella, añaden fuego á fuego, y mueren muchos. Esta chicha y el vino ha consumido los indios de los Llanos, en particular los de la ciudad de Los Reyes para arriba, y aun para abajo; testigo ocular es el valle de Chincha, donde tractando dél dijimos sustentaba 30.000 indios tributarios; el dia de hoy no tiene seiscientos. El de Ica va siguiendo los pasos de su vecino, y el de la Nasca los de ambos, y viendo las justicias el menoscabo de los indios no lo han querido remediar con castigarlo; este castigo es del gobierno de los Visorreyes, por lo cual Su Majestad ha perdido sus vasallos y tributos, y la tierra sus habitadores, sólo por gobernarlos como á nosotros; no digo se gobiernen con la crueldad del Inga, ¿qué cristiano, y menos qué religioso ha de decir tal? sino con castigo que temieran emborracharse, y se enmendaran; bien sé que don Francisco de Toledo, en sus Ordenanzas, pone castigo para los borrachos; faltan los ejecutores. El daño es evidente, porque si donde habia 30.000 indios tributarios no hay seiscientos, en tan breve tiempo, ¿por qué no se habia de poner ley rigurosa contra este vicio? Bien sé que en Flandes y Alemaña, y en otros reinos, se emborrachan, y en nuestra España dicen se multiplican; pero no se mueren por las borracheras á manadas como éstos, ni la tierra se despuebla. Si Flandes y Alemaña, por las borracheras, se despoblara, porque los borrachos se morian, el señor de aquellos reinos ¿no estaba obligado, so graves penas, prohibir y castigar las borracheras? ¿Quién dubda? Pues ¿por qué acá no se habia de hacer lo mismo? Acuérdome que en la ciudad de La Plata, tractando esto con un Oidor de Su Majestad, me dijo: Mire, padre, no hay ley que al borracho castigue por solo borracho, si no es darle por infame. Es verdad, pero cuando un reino ó provincia se despuebla por las borracheras, ¿por qué no se añidirán penas, para que se enmiende tan mal vicio de donde tantos proceden? Pues la tierra sin habitadores y el reino sin vasallos, ¿qué vale? Aquel rey y reino es más tenido que más poderoso es en vasallos, y la riqueza destos reinos, en que los naturales se conserven y augmenten consiste. De los demás vicios no quiero tractar, porque no es de mi intento; baste decir las calidades desta servil gente, para que conforme á ellas se les den las leyes que les convienen.

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