CAPITULO LVII DE LOS VALLES QUE SE SIGUEN
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Siguiendo la costa adelante al Sur, llegamos luego al valle nombrado Pachacámac, no muy ancho, aunque en partes tiene dos leguas y más de fértil suelo; hay en él muy pocos naturales; las borracheras los han consumido el dia de hoy. A la entrada del valle vemos aquel famoso adoratorio ó guaca, que es un edificio poco menor que el de la guaca de Trujillo, dedicado por los indios al demonio, que les hacia creer era el criador de la tierra, y así llamaron Pachacámac, que quiere decir criador de la tierra. Es fama en esta guaca haber gran suma de tesoro aquí enterrado y ofrecido al demonio. Han algunos cavado en ella, empero no han dado en él, sino sacado plata de la bolsa; es necesaria mucha suma de plata y muchos años para atravesarla. Hoy la vemos casi cubierta de arena que los aires sobre ella han amontonado. A este valle, cinco leguas adelante, se sigue el valle de Chilca, que son unas hoyas naturalmente cercadas de arena, en las cuales se da mucho maíz y demás mantenimientos de la tierra; de nuestras fructas, uvas, higos, granadas, membrillos y melones, los mejores del mundo, y las demás fructas muy sabrosas, porque la tierra pica en salitre. Este valle ni hoyas tienen agua con que se rieguen, ni del cielo ni de la tierra, pero tiene bastante humedad con el agua que por debajo de la tierra se trasmina, la cual es poderosa para que las comidas crezcan, se multipliquen y lleguen á sazon; hállanse en estas hoyas jagüeyes, que son unos pozos poco fondos, con la mano alcanzamos á ellos, de agua salobre; otros, y éstos pocos, de agua un poco mejor que se puede beber y con ella se sustentan los indios y los españoles que por aquí caminan. Para sembrar el maíz usan los indios una cosa extraña: el grano de maíz lo meten en una cabeza de sardina, y así lo ponen debajo de la tierra; es mucha la que da en la costa (donde muy cerca están estas hoyas) huyendo de los peces mayores, si no dan en la costa, tienen cuidado de pescarlas. La costa es abundantísima de pescado, lizas, corbinas, lenguados, tollos y otros. Los indios usan sus balsas de junco como los demás desta costa y valles; puerto ninguno tiene. Los naturales se van consumiendo por la razon en el otro capítulo dicha.
Luego á cuatro leguas se sigue el valle llamado Mara, á quien corrompiendo la r en l llamamos Mala; de mucha y muy buena tierra, con un rio de la mejor agua destos llanos; es rio de oro, de aquí se sacaba cinco ú seis leguas más arriba para el Inga. Dos leguas el rio arriba de la costa está un pueblo pequeño de cien indios casados, poco menos, nombrado Calango, que lo doctrina nuestra Orden. Doctrinándolo un religioso nuestro, llegó á él un indio con una piedra de metal, que la mayor parte era plata, y díjole que él le enseñaría la mina; sábenlo los caciques; este fué indio que hasta hoy no ha parecido, mas entiéndese lo mataron por que no descubriese aquel cerro, y así se ha quedado. El valle es fertilísimo de maíz, trigo y demás mantenimientos, todo acequiado; cultívase poco, respecto de haberse consumido los indios por las borracheras dichas.
Dos leguas adelante, poco más, se sigue el de Acia, ó por mejor decir el de Coaillo; tiene pocos indios, consumidos por lo dicho, y malas aguas. El rio se sume más de seis leguas antes de la mar, y junto á ella revienta en poca agua en una laguna pequeña que se hace cerca del tambo llamado Acia.
Tiene buenas tierras, aunque es angosto de riego. Fueron los indios deste valle ricos de oro, y ellos entre los naturales destos Llanos, los más nobles de condicion; fué muy poblado; ya son pocos.