CAPITULO LII DEL ACOMPAÑAMIENTO DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO
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Habia en esta ciudad una costumbre muy loable, mas ya se va cayendo por la mucha cobdicia, y era que, en tocando la campana del Sanctísimo Sacramento para se dar á los enfermos, por maravilla quedaba hombre en su casa que no acudiese á la iglesia Mayor; las tiendas de los mercaderes se cerraban, y ellos y sus criados, con gran fervor, iban á acompañar al Señor del cielo y de la tierra, y realmente era cosa de ver tanta gente como se llegaba, sin que se viese una capa parda ni de color, sino todos vestidos de negro, y para todos habia cera de media libra, que es gran excelencia, sin reparar si eran cofrades ó no.
Vi esto, siendo seglar, dia del Santísimo Sacramento en la iglesia Mayor. Los mayordomos de las cofradias sacaron su cera; llegóse á ellos uno de los mayordomos del Santísimo Sacramento y díjoles: Volved, señores, vuestra cera á vuestras casas, porque la cofradia no tiene necesidad de cera de otra, y no les consintió dar ni una vela. ¿A dónde, en todo el mundo en la cristiandad, hay ciudad cristiana que haya sucedido tanta grandeza? en aquel tiempo, los oficiales sacaban sus pendones; agora saca cada género de oficio imágenes de bulto en sus andas, en hombros, muy bien labradas y guarnecidas, acompañadas de muchas hachas y cera de media libra, que es no menos grandeza, porque se trae la cera de España.
No conocemos ciudad en ningun reino cristiano que tal tenga.
Hasta las cofradias de los indios y de los negros llevan sus imágenes de bulto, en andas y con sus hachas de cera.
Esta cofradia es muy rica, tiene muy buenas posesiones de casas y tiendas en la Plaza; hizo una custodia, toda de plata de muy buena labor, y muchos pilares macizos de plata, poco menos que un estado de un hombre, y para llevarla en hombros el dia del Santísimo Sacramento son necesarios doce sacerdotes de remuda; ya se lleva en un carreton.
Esta cofradia dimana de la que está fundada en Roma, en la Minerva, que es convento nuestro; tiene suma de gracias, indulgencias y jubileos más que otra alguna, y justísimamente, por concesion apostólica, tenémosla en nuestro convento; subcedió, pues, así, viviendo yo en él, recien sacerdote: El domingo siguiente despues del jueves que se celebra la fiesta en la iglesia Mayor, se celebra en nuestra casa; el sábado antes tráese la custodia de la iglesia Mayor á nuestra casa, para sacar en ella en nuestra procesion el domingo el Santísimo Sacramento, la cual se celebra con mucha pompa y alegria, saliendo del convento y andando una cuadra en torno, y una frente de la cuadra es la plaza. En la peana desta custodia, sobre que se arma toda ella, se fija otra custodia de oro toda, muy bien labrada, con que el ilustrísimo fray Hierónimo de Loaisa, arzobispo de esta ciudad, sirvió á la Majestad del Señor, que vale tres mil pesos, encima de la cual, en su veril, se pone el Santísimo Sacramento. El padre sacristan era un sacerdote muy esencial que yo conocí é traté mucho; fuimos novicios juntos; en un bufete puso las andas en la iglesia, en la capilla del capitan Diego de Agüero, de quien habemos arriba sumariamente tratado. Cubriólas con unos manteles, de los que hay sobrados para los altares; sucedió, pues, así: que aquella noche, quienquiera que fué, notó bien donde se ponia la custodia, y despues ó antes de maitines de media noche, fuese para la custodia, desclavó la de oro y fué nuestro Señor servido que con ser la peana sexavada y por cualquiera de las puertas de los sexavos podía entrar y salir la custodia de oro (no se fija en este lugar ni está en él, sino cuando ha de salir en ella el Santísimo Sacramento) que no acertase aquel infame ladron á sacarla; acertó á desclavarla y no acertó á sacarla. El sacristan era gran siervo de Dios y de nuestra Señora muy devoto; llamábala nuestra Ama; cuando vió por la mañana la custodia de oro desclavada y que no la pudo sacar aquel más que pérfido ladron, arrimada á una de las puertas del sexavo, dió muchas gracias á Nuestro Señor y á su Madre santísima, y si no fuí el primero, fuí el segundo á quien lo dijo. Este sacrílego ladron debia ser algun impio luterano.