CAPITULO LIV LAS COSAS CONTRARIAS Á ESTA CIUDAD
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Es combatida esta ciudad de enfermedades que de cuando en cuando Nuestro Señor por nuestros pecados envia, y en otros tiempos lo era de cámaras de sangre, por causa del agua del rio, como dijimos; despues de traída la fuente, esta enfermedad ha cesado. Las enfermedades cuotidianas son, en alcanzando algun nortecillo, romadizo, catarros, juntamente con dolor de costado. El viento Norte en todas estas partes, en Tucumán y Chile, es pestilencial, porque como es de su natural muy frio, en corriendo son estas enfermedades con nosotros, y en todo lo que habitamos desta tierra y de los demás dos reinos no corren otros vientos sino Norte ó Sur, el Sur sano, el Norte enfermo; demás desto, como las mercaderias se traigan de otros reinos, si en ellos han pasado algunas enfermedades contagiosas, nos vienen y cáusanos mucho daño y gran disminucion en los naturales, como ahora lo causa una enfermedad de viruelas juntamente con sarampion, llevándose mucha gente de todas naciones, españoles, naturales, negros, mestizos y de los demás que en estas regiones vivimos, y escribiendo este capítulo, agora actualmente corre otra no de tanto riesgo acá en la Sierra, como lo fué en los Llanos, de sarampion solo, el cual en secándose acude un catarro y tose que de los muy viejos é niños deja pocos, y en la ciudad de Los Reyes hizo mucho daño, particularmente en negros.
Alcancé en esta ciudad algunos de los conquistadores viejos, á los cuales oí decir que llegados á este valle les parecia era imposible morirse, aunque tambien decian habian oido á los indios que no fueran poderosos á conquistarlos si pocos años antes no hubiera venido una enfermedad de romadizo y dolor de costado que consumió la mayor parte dellos. Las frutas nuestras, como son melones, higos, pepinos, etc., y otras de la tierra, en gente desreglada causa grandes calenturas, á los cuales si les halla un poco faltos de virtud, fácilmente los despacha; pero desto es la causa la incontinencia de los necios. Dejó otras particularidades, por no ser prolijo, y no se diga de mí que como aficionado las trato. Serla aficionado no lo niego, por tenerla por patria; en lo demás no digo tanto de bien como en ella, por la bondad de Dios, ha crecido en tan breves años.