CAPITULO XVIII DE LA[S] GUACA[S] DE TRUJILLO
Reading edition
Hállanse en estos reinos, y particularmente en los Llanos, unos enterramientos, comunmente llamados Guacas, que son unos como cerros de tierra amontonada á manos, debajo de la cual los señores destos Llanos se enterraban, y con ellos, segun es fama, y aun experiencia, ponian gran suma de tesoros de oro é plata y la mayor cantidad de plata, tinajas grandes y otras vasijas y tazas para beber, que llamamos cocos. La guaca más famosa era una que estaba poco más de media legua de la ciudad de Trujillo, de la otra banda del rio, de un edificio en partes terrapleno, en partes de ladrillos grandes, ó por mejor decir de adobes pequeños.
Este edificio era muy alto, y en circuito ó de box (si como marineros nos es lícito hablar) debia tener poco menos de media legua.
Quien lo edificase no hay memoria, ni los indios tal oyeron decir á sus antepasados. Para edificarlo es imposible, sino que se pasaron muchos años y labraban en él suma de indios. Si no se ve no se puede creer. Siempre se entendió era enterramiento, y aun enterramientos ó sepultura de muchos señores, cuales fueron los de aquel valle de Trujillo, que se entiende fueron mucho antes que los Ingas, y poderosísimos así en riquezas como en ánimos para subjetar mucha parte deste reino, porque á cuatro leguas de la ciudad de Guamanga se ha hallado otro edificio, aunque diferente, pero figuras de indios como las de los deste valle de Trujillo, de donde se colige hasta allí haber llegado el señorío destos señores, y aun pasado hasta el Collao. Porque en un pueblo deste Collao, Tiaguanuco, se ve otro edificio de canteria, y piedras muy grandes, muy bien labradas, semejantes á este cerca de Guamanga, que los que allí hacen noche lo iban á ver á maravilla; la primera vez que por allí pasé, habrá 29 años, con otros dos religiosos, lo vimos y nos admiramos, porque no habiendo tenido estos indios picos ni escodas, ni escuadras, para labrar aquellas piedras, verlas labradas como si canteros muy finos las hobieran labrado, causaba admiracion; habia puertas de tres piedras y grandes: las dos que servian á los lados, la otra de umbral alto. Vimos allí una figura de sola una piedra que parecia de gigante, segun era grande, corona en la cabeza y talabarte como los anchos nuestros, con su hebilla.
Preguntar qué noticia se tiene desta gente no hay quien la dé, y porque este edificio es semejante al de junto á Guamanga, se cree haberlo hecho un mismo señor, y que este era señor de Trujillo, que para memoria suya donde le parecia lo mandaba edificar. Cosa cierta no hay.
Los señores principales deste valle de Trujillo se llamaban, como propio nombre, Chimo, y de uno hasta el dia de hoy hay memoria deste nombre, añidiéndole otro como por sobrenombre, Capac, que, junto se nombraba Chimocapac, que quiere decir chimo riquísimo. Lo que se colige es que destos Chimos era la guaca de Trujillo enterramiento. Los vecinos de Trujillo, viendo aquel famoso edificio y teniendo noticia haber allí gran tesoro enterrado, sin que hobiese rastro ni memoria quien allí lo puso, ni á qué herederos les hobiese de venir, juntárose algunos vecinos de indios y no vecinos, y hecha compañía determinaron de cavar á la ventura como dicen; dieron en algunos aposentos debajo de tierra, y finalmente, dieron en mucho tesoro, y no en el principal como se tiene por cierto. Cúpoles á más de 160.000 pesos, pagados quintos, pero no sé qué se tenia aquella plata, que ninguno la gozó; fuéseles como en humo. Verdad sea que gastaban á su albedrio y sin órden alguna; otros cavarian en otras partes, sacaron alguna plata, no tanta como los desta compañia. Comenzando á sacar plata desta guaca, todos los valles de los Llanos se hundian cavando guacas, y registrando sacaron plata de la bolsa pagando jornaleros cavadores y mucha tierra; nunca, empero, hallaron lo que deseaban. Hobo en este tiempo en el valle de Lima un famoso hereje, creo inglés, que junto al pueblo de Surco él solo cavaba una guaca, que llaman de Surco, y por lo que despues, cuando preso y descubierto ser hereje se entendió, aguardaba otros de su herejia que habian de venir; allí se estaba de dia y de noche cavando y sacando la tierra él propio, mal vestido; venia á la ciudad, que dista de la guaca una legua, pedia por amor de Dios y llevaba poco que comer, hasta que se descubrió ser hereje, preso por el Santo Oficio justísimamente. Le quemaron en el primer aucto que los señores inquisidores hicieron.