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Descripción colonial, libro primero (1/2)

CAPITULO XIX DEL VALLE DE SANCTA

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Desde esta ciudad de Trujillo, 18 leguas más adelante, la costa en la mano, llegamos al valle y puerto llamado Sancta, abundante mucho de todo género de mantenimientos, donde se comienzan á hacer trapiches de azúcar y muy bueno; muy cerca del puerto se ha poblado un pueblo de españoles, el cual si tuviera indios de servicio fuera en mucho crescimiento; tiene pocos indios naturales; bajan los de la sierra de la provincia que llamamos Guailas; es en notable daño de los indios; son serranos y corren gran riesgo sus vidas, como en todas partes é todas las veces que á los Llanos bajan. Tiene muchas y muy buenas tierras, todas de riego, con acequias de un rio de bonísima agua, y muy grande, que pocas veces se deja vadear; pásase en balsas de calabazos, y es lo más seguro. Estas balsas las hacen los indios mayores ó menores, como es la gente ó hato que se ha de pasar. Los calabazos son muy grandes y redondos; ponen en una red á la larga ocho ó diez, otros tantos en otra, y así la ensanchan conforme son los que han de balsear; hácenla de seis, siete y ocho hileras de calabazos. Las redes atan unas con otras; atadas, encima echan leña y rama porque no se mojen las personas y el hato. Luego dos indios, grandes nadadores como lo son todos los de los Llanos, atan unas sogas á la balsa, y ciñiéndosela por el hombro toma cada uno su calabazo grande, y echándose sobre él nadan, y desta suerte llevan y pasan la balsa de la otra parte del rio, por poco precio que se les da. Este rio desemboca viniendo de Trujillo, un poco más abajo del puerto, por cuya boca no se puede entrar ni tomar agua; empero, de la acequia principal que pasa por cima del pueblo, sale una pequeña que cae en la playa del puerto.

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