CAPITULO LXXXVIII DEL PUEBLO TIAGUANACO
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Seis ó siete leguas delante del Desaguadero llegamos al pueblo de Tiaguanaco, donde hay, apartado un poco del camino Real, sobre mano derecha, unos edificios antiguos de piedra recia de labrar, que parecen labradas con escuadra, y entre ellas piedras grandísimas; casi no pasa por aquel pueblo hombre curioso que no las vaya á ver.
La primera vez que por allí pasé con otros dos compañeros las fuimos á ver, donde vimos unas figuras de hombres de sola una piedra, tan grandes como gigantes, y junto á ellas de muchachos, la cintura ceñida con un talabarte labrado en la misma piedra, sin tiros, como usan los que traen tahelies. Paredes no habia altas, ni casa cubierta; ocuparia este edificio más que cuatro cuadras en torno. No saben los indios quien lo edificó, ni de dónde se trujeron aquellas piedras, porque en muchas leguas á la redonda no se halla tal cantera. Es fama haber allí gran suma de tesoro enterrado; hase buscado con diligencia, mas como andan á ciegas los buscadores, no han dado con ello, sólo dan con la plata que sacan de la bolsa para el gasto.
Agora se aprovechan de aquellas piedras para el edificio de la iglesia deste pueblo. De aquí á Calamarca, otro pueblo de indios, hay dos jornadas largas, donde se junta el otro camino de Omasuyo, que corre por la otra parte de la laguna; por lo cual es necesario volver á tractar dél.