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Descripción colonial, libro primero (1/2)

CAPITULO V DEL PUEBLO DE GUAYAQUIL

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De aquí por mar en balsas se va al segundo pueblo de españoles; no sé las leguas que hay, doblando esta punta hasta Santiago de Guayaquil, y tambien se camina por tierra llana, y en tiempo de aguas, cenagosa. Este pueblo Santiago de Guayaquil es muy caluroso por estar apartado de la mar; tiene mal asiento, por ser edificado en terreno alto, con figura como de silla estradiota, por lo cual no es de cuadras, ni tiene plaza, sino muy pequeña, no cuadrada. Por la una parte y por la otra deste cerro tiene la ribera de un rio grande y caudaloso, navegable, empero no se puede entrar en él si no es con creciente de la mar, ni salir si no es en menguante; tanta es la velocidad y violencia de el agua, cresciendo ó menguando. Críanse en las casas muchas sabandijas, cuales son culebras, y alguna víboras, sapos muy grandes, ratones en cantidad; están cenando, ó en la cama, y vense las culebras correr por el techo tras el raton, que son como las ratas de España; al tiempo de las aguas, infinitos mosquitos, unos zancudos cantores, de noche infectisimos, no dejan dormir; otros pequeños, que de día solamente pican, llamados rodadores, porque en teniendo llena la barriga, como no puedan volar, déjanse caer rodando en el suelo, y otros, y los peores y más pequeños, llamados jejenes, ó comijenes, importunísimos; métense en los ojos y donde pican dejan escociendo la carne por buen rato, con no pequeña comezon.

Es pueblo de contratación, por ser el puerto para la ciudad de Quito, y por se hacer en él muchos y muy buenos navios, y por las sierras de agua que tiene en las montañas el rio arriba, de donde se lleva á la ciudad de Los Reyes mucha y muy buena madera. Tiene dos ó tres excelencias notables: la primera, la carne de puerco es aquí saludable, las aves bonísimas, y sobre todo el agua del rio, particularmente la que se trae de Guayaquil el Viejo, que es donde se pobló este pueblo; van por ella en balsas grandes, en una marea, y vuelven en otra; dicen esta agua corre por cima de la zarzaparrilla, yerba ó bejuco notísimo en todo el mundo por sus buenos efectos para el mal francés, ó bubas por otro nombre, las cuales se verán aquí mejor que en parte de todo el orbe, y sana muy en breve los pacientes, dejándoles la sangre purificada como si no hobieran sido tocados desta enfermedad, con sólo tomarla por el órden que allí se les manda guardar; empero si no se guardan por lo menos seis meses, tornan á recaer; yo vi un hombre gafo en un valle distrito de Quito, llamado Riopampa, que no podía comer con sus manos, y lo pusieron en una hamaca para lo llevar á que se cúrase en este pueblo, y dentro de seis meses le vi en Los Reyes tan gordo y tan sano como si no hobiera tenido enfermedad alguna, y otros he visto volver sanísimos; suficiente excelencia para contrapeso de las plagas referidas. No se da trigo en este pueblo, mas dase maíz muy blanco, y el pan que dél se hace es mejor y más sabroso que el de nuestro trigo; danse muchas naranjas y limas, y frutas de la tierra en cantidad, buenas y sabrosas, y la mejor de todas ellas son las llamadas badeas por nosotros; son tan grandes como melones, la cáscara verde, la carne, digamos, blanca, no de mal sabor; por dentro tiene unos granillos poco menores que garbanzos, con un caldillo que lo uno y lo otro comido sabe á uvas moscateles las más finas; es regalada comida.

Por este rio arriba se sube en balsas para ir á la ciudad de Quito, que dista deste pueblo sesenta leguas, en la sierra y tierra fria, las veinticinco por el rio arriba, las demás por tierra.

Al verano se sube en cuatro ó cinco dias; al ivierno en ocho cuando en menos tiempo, porque se rodea mucho: déjase la madre del rio y declinando sobre la mano derecha á las sabanas, que son unos llanos muy grandes llenos de carrizo, pero anegados del agua que sale de la madre del rio, llévanse las balsas con botadores, porque el agua está enbalsada y no corre; es cierto que si la tierra no fuera tan cálida y llena de mosquitos, causara mucha recreacion navegar por estas sabanas.

En ellas hay algunos pedazos de tierras altas que son como islas, donde los indios tienen sus poblaciones con abundancia de comidas y mantenimientos de los que son naturales á sus tierras: mucha caza de venados y puercos de monte, que tienen el ombligo en el espinazo; pavas, que son unas aves negras grandes, crestas coloradas y no malas al gusto; hay tambien en estas islas tigres no poco dañosos á los indios, y es cosa de admiracion: en estas sabanas hay muchas casas, ó barbacoas por mejor decir, puestas en cuatro cañas de las grandes, en cuadro, tan gruesas como un muslo y muy altas, hincadas en el suelo; tienen su escalera angosta, por donde suben á la barbacoa ó cañizo donde tienen su cama y un toldillo para guarecerse de los mosquitos; aquí duermen por miedo de los tigres; muchos destos indios están toda la noche en peso sin dormir, tocando una flautilla, aunque la música, para nosotros á lo menos, no es muy suave; estas barbacoas no sustentan más que una persona.

Todo este rio, á lo menos en la madre que yo vi, es abundante de caimanes ó lagartos, que son los cocodrilos del rio Nilo, muy grandes, de veinte y cinco pies en largo, y dende abajo, conforme á la edad que tienen; encima del agua no parecen sino vigas, y son tantos, que muchas veces vi á los indios que remaban y guiaban las balsas darles de palos con los botadores para que los dejasen pasar.

Y pues habemos venido á tractar destos lagartos ó caimanes, será justo decir sus propiedades, las cuales he yo visto. Tienen la misma figura que un lagarto, pero tan largos como acabo de decir; son velocísimos en el agua, duermen en tierra, y en ella son perezosísimos, y esto es necesario, por ser de cuerpos tan grandes y de barriga anchos; los pies y manos cortos; el sueño es pesadísimo, porque lo que subcedió con uno destos en Panamá, é yo lo vi muerto en la playa, paso así: que una mañana de San Juan se salieron tres mujeres enamoradas, las cuales vi en aquella ciudad, con sus hombres á lavarse al rio, que es pequeño, y cerca del pueblo; el tiempo os caluroso y de aguas, por ser el ivierno, aunque por San Juan suelen cesar por algunos dias, y así se llama el veranillo de San Juan; llegaron al rio y en una poza se entraron á bañar, en la cual se habia un caiman quedado, que con avenida se subió de la mar por el rio arriba, y como cesó la avenida no pudo volverse á la mar, donde hay muchos; en este aroyo no se crian.

El caiman estaba durmiendo en tierra; bañáronse estas mujeres, y saliendo una á enjugarse, pareciéndole peña el caiman dormido, sentóse encima dél una, y saliendo la otra llamóla convidándola con la peña tan blanda; salió la tercera y convidándola sentóse más hácia la cola, donde los caimanes tienen unas conchas agudas, y como se espinase con ellas, dijo: ¡Oh! qué espinosa peña, y tentando con la mano, no era aún de dia, levantó la cola del caiman, y conosciéndolo dió voces: ¡caiman, caiman! las demás levántanse no poco alborotadas; llamaron á sus hombres, que se habian apartado un poco rio abajo; á las voces acudieron y con sus espadas mataron al caiman antes que entrase en el agua.

El mismo dia por la mañana le trajeron negros arrastrando á la ciudad, y lo pusieron en la playa, donde todo el pueblo lo fué á ver; conoscí é traté á uno de los que iban con estas mujeres que se halló presente, llamado Bracamonte, de quien y de otros oí lo referido; tenia de largo 18 pies.

Vi tambien en esta misma ciudad otro caiman muerto en el portete della, á donde los navios pequeños y fragatas con la marea entran y con ella salen, que unos negros de un vecino de aquella ciudad, llamado Cazalla, viniendo de una isla de su amo á este portete con la creciente de la marea, acaso le hallaron, que se habia quedado en la menguante precedente en la lama (aquí en esta playa de Panamá crece y mengua la mar tres leguas, y todo este espacio es lama); echáronle un lazo y muerto le trujeron por la popa de la fragata; este caiman era muy grande: tenia de largo 22 pies: yo le vi medir, vile desollar, y del buche le sacaron muchas piedras, que me parece habria tres copas de sombrero de los comunes, unas mayores y otras menores, y las mayores tan grandes como huevo de gallina; es cierto comen piedras y con el calor del buche las digieren; estaban lisas, y por algunas partes gastadas; vi tambien que debajo de los brazos, séame lícito decir, del sobaco, le sacaron unas bolsillas llenas de un olor que no parecia sino almiscle; esto curan al sol y huele como el mismo almiscle; entonces llegó del Perú un hombre rico llamado Bozmediano, y la piel deste animal le dieron; decia lo habia de llevar á España y ponerlo en Santiago de Galicia.

No tienen lengua, sino una paletilla pequeña con que cubren y abren el tragadero, por lo cual debajo del agua no pueden comer; tienen los dientes por una parte acutísimos, por la otra encajan unos en otros; hecha presa no la sueltan hasta que la han despedazado.

Es cosa graciosa verlos cazar gaviotas, pájaros bobos y cuervos marinos y otras aves; cuando éstas se abaten de arriba abajo á pescar, velas venir el caiman, y por debajo del agua va á donde la pobre ave da consigo en el agua, y veniendo con tanta velocidad no puede declinar la caida, como el caballo en medio de la carrera; entonces el caiman antes que llegue al agua abre la boca, y pensando el ave dar en el agua, da en la boca del caiman, y pensando cazar la sardina ó otro pece es cazada, y el caiman, la cabeza fuera del agua levantada, trágase la gaviota ó cuervo marino. El buche desta bestia es calidísimo; aprovéchanse dél, bebido en polvos, contra el dolor de la ijada; son amicísimos de perros y caballos, y por esto la balsa donde van la siguen muchas leguas.

Cuando están cebados y encarnizados en carne humana son muy dañosos, y hacen el daño desta manera: para hacer la presa en el indio ó negro que lava en el rio, ó coge agua, vienen muy ocultamente por debajo della, y viéndola suya, vuelven con una velocidad extraña la cola, y dan con ella un zapatazo en el indio ó negro; cae el indio en el agua, al cual al instante le echan mano con la boca, de donde pueden; llévanlo al rio ó mar adelante hasta que lo ahogan, y sacándolo á tierra se lo comen.

Destos caimanes hay mucha cantidad en otros rios, así desta costa como de Tierra Firme y México, como el temple sea caluroso; en ésta del Pirú no pasan del gran rio de Motape adelante.

Por este rio de Guayaquil arriba (como habemos dicho) se sube en balsas grandes hasta el desembarcadero, veinticinco leguas; hasta el dia de hoy hay requas de mulas y caballos que llevan las mercaderias á aquella ciudad y á otros pueblos que de Panamá vienen á Guayaquil. Viven en esta ciudad y su distrito dos naciones de indios, unos llamados Guamcavillcas, gente bien dispuesta y blanca, limpios en sus vestidos y de buen parecer; los otros se llaman Chonos, morenos, no tan políticos como los Guamcavillcas; los unos y los otros es gente guerrera; sus armas, arco y flecha. Tienen los Chonos mala fama en el vicio nefando; el cabello traen un poco alto y el cogote trasquilado, con lo cual los demás indios los afrentan en burlas y en veras; llámanlos perros chonos cocotados, como luego diremos.

Desde aquí á pocas leguas andadas se llega á un convento de San Augustín fundado en el valle llamado Reque, que tiene por nombre Nuestra Señora de Guadalupe, porque Francisco de Lezcano (á quien el marqués de Cañete, de buena memoria, por ciertos indicios desterró á España), volviendo acá trujo una imágen de Nuestra Señora, del tamaño de la de Guadalupe de España; púsola en la iglesia del pueblo de aquel valle que los padres de San Agustin tenian á su cargo, dándola el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe.

Luego que se puso hizo muchos milagros sanando diversas enfermedades, y particularmente á los quebrados. Oí decir al padre fray Gaspar de Carvajal (el cual me dió la profesion) que siendo muy enfermo, como tambien le vi para espirar de esta enfermedad, fué á tener unas novenas, y las tuvo en aquel convento, y al cabo de los nueve dias se halló sano y salvo de su quebradura, como si en su vida no la hobiera tenido, y nunca más padeció aquella enfermedad, viviendo despues muchos años; ya han cesado estos milagros y aun la devocion de la imágen, por la indevocion de los circunvecinos. El convento es religioso y de mucha recreacion; susténtanse en él de 16 á 20 religiosos, con mucha clausura y ejercicio de letras.

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