CAPITULO LI DE LOS VESTIDOS DE LAS MUJERES
Reading edition
Lo que en esta ciudad admira mucho y aun lo que se habia de refrenar, es los vestidos é trajes de las mujeres; son en esto tan costosas, que casi no se sabe cómo lo pueden sufrir sus maridos. La soberbia dellas es demasiada, y no sabemos en lo que ha de venir á parar; plegue á Dios y no sea en lo que pararon aquellas de quien dice Nuestro Señor: Porque las hijas de Sion se ensoberbecieron (esto es, las ciudadanas); cuando salian de su casa llevaban las gargantas extendidas, los ojos altos á una y á otra parte, guiñándolos, los pasos muy compuestos; el Señor las volverá calvas y les raerá los cabellos de sus cabezas, les quitará sus chapines y jerbillas bordadas, las medias lunas, rodetes, las cadenas y collares de oro, las ajorcas, los tocados costosos, los punzones de oro para partir las crenchas, los zarcillos y los olores, los anillos é piedras preciosas, etc., y por los olores se les dará muy pestilencial olor, y por las cintas de oro, sogas de esparto, etc.
No creo yo hay en lo descubierto del mundo ciudad en su tanto, ni cuatro veces mayor, que á tanta soberbia, en este particular, como esta nuestra ciudad, llegue; acuérdome que los años pasados, más ha de 38, que llegando un religioso nuestro de España, nacido y criado en Toledo, á nuestro convento desta ciudad, cerca de la fiesta del Corpus Christi, tratando della y de la sumptuosidad, majestad y riqueza que aquel dia en Toledo, en calles y ventanas, se mostraba, le decíamos que no nos espantase, porque en nuestra ciudad veria como no le hacia mucha ventaja Toledo. Llegó la fiesta, vió la riqueza que se mostró en los vestidos de las mujeres, adornos de ventanas, altares y calles; dijo que la riqueza de Toledo, en este dia mostrada, no hacia muchas ventajas á la de esta ciudad. Pues es cierto que hay tanta diferencia de entonces agora, en lo que vamos tratando, como de vestidos de aldea á vestidos de corte, con justo título se podria moderar por los virreyes esta soberbia, pero no sé por qué no se modera; y si sé, porque ni los maridos no tienen ánimo para moderarlo, ni los gobernadores tampoco.