CAPITULO XCVI DE LA CIUDAD DE LA PLATA
Reading edition
La ciudad de La Plata fué uno de los ricos pueblos del Perú, y los vecinos della fueron de los más aventajados de todo este reino; aquí fué vecino el general Hinojosa, el general Diego Centeno, el general Lorenzo de Aldana, D. Pedro de Portugal, Gómez de Solís, el general Pablo de Meneses, licenciado Polo y otros muchos capitanes y valerosos varones, de todos los cuales ya no hay memoria, si no es de cual ó cual; fueron todos á una mano riquísimos por las minas que tomaron en Potosí, las cuales entonces acudian á muchos marcos por quintal; su poblacion es en unas lomas llanas no mucho, pero como las requiere la tierra donde llueve. Es cabeza de obispado y muy rico. Agora cuatro años que estuve en ella, estaban los diezmos solamente del districto de la ciudad y algunos pueblos recien poblados de españoles hácia las montañas de los Chiriguanas, en 76.000 pesos ensayados, y el año pasado en 82.000 sin los diezmos de la ciudad de La Paz y provincia de Chucuito; los cuales todos juntos pasan de 100.000 pesos; tiene el señor Obispo, de su cuarta de la mesa episcopal, 25.000 pesos, sin lo que le viene de la cuarta funeral, que yo seguro no le falta mucho para 40.000 pesos, que no es mal bocado para un pobre clérigo ó fraile. Agora 28 años no llegaba la renta del obispo á 7.000 pesos, siéndolo nuestro religioso el Rmo. fray Domingo de Sancto Tomás, porque nunca tal cuarta pidió, ni las cosas se habian subido tanto; despues vinieron clérigos á ser obispos, deseados por los clérigos del obispado, los cuales, cuando vino la nueva y poderes para tomar la posesion por el Rmo. don Fernando Santillán, haciendo grandes regocijos de noche á caballo y con hachas y repiques de campanas, decian: capillas fuera, capillas fuera; empero, sucedióles como á las ranas; entablaron estos señores obispos la cuarta episcopal, y agora lloran las capillas pasadas y reniegan de sus deseos, y más viéndolos cumplidos.
Es cosa de admiracion ver lo presto que los prebendados hinchen las cajas de plata. La iglesia catedral es de bóveda y de una nave bien labrada; es rica de ornamentos, y bien servida en lo que toca á los oficios divinos, con mucha música. Sustenta seis monasterios: uno nuestro, otro de San Francisco, otro de San Augustin, otro de la Merced, otro de Teatinos y uno de monjas subjectas á los padres Augustinos; ninguno hay acabado; el nuestro estuviera en muy buen puesto si se hiciera en él una iglesia moderada, mas quisieron hacerla de tres naves, mayor que la nuestra de Los Reyes, y en hacer y deshacer han gastado priores poco discretos muchos millares de plata.
El monasterio de San Francisco es el que tiene más edificado; la iglesia es cómoda, de una nave, cubierta toda á dos aguas con madera de cedro. En entrando en ella huele muy bien. Los padres augustinos van edificando el convento; la iglesia dejan para la postre. Los materiales para cal son bonísimos, y la piedra para de mampuesto muy cerca del pueblo. Reside aquí Audiencia Real, necesarísima para los pleitos de Potosí, y más para la quietud de la tierra. No tiene rio; tiene un manantial á la parte del Sur, de donde se trujo una fuente á la plaza, bien labrada, y para algunas casas se les repartió agua. El temple es bueno, porque en todo el año no hace tanto frio que sea necesario llegarse al brasero, de donde se vino á decir que esta ciudad excedia á las demás deste reino en templo, temple, fuente y puente, y cascos, etc. La puente se hizo en un rio, legua y media de la ciudad, camino de Potosí, muy bien labraba, de un solo ojo. Está en altura de veinte grados; corren aquí casi todos los vientos; el más cuotidiano es el Oriente; cuando alcanza el Sur en junio y julio, á quien llamamos Tomahavi, se cubre la tierra de una niebla, pero dura pocos dias, cuando llega á ocho es lo sumo, y entonces es desabrido.
Temblores de tierra, por maravilla alcanzan en esta ciudad; viviendo yo en nuestro convento, en ella, pasó uno que en nuestra casa, y dende arriba, no se sintió, y el convento de San Francisco, tres cuadras más abajo, se sintió mucho; era hora de misa mayor, y habia gente en la iglesia, y toda salió huyendo unos en otros tropezando. El año pasado de 602[36] sucedió otro que hizo daño en toda la ciudad, particularmente en el convento de San Francisco derribó el campanario, abrióse el coro y en la iglesia mayor hizo mucho más daño. En la nuestra muy poco, y así en las casas que están de la plaza para arriba, los temblores han hecho poco; de la plaza para abajo se ha recebido mayor. He dicho esta particularidad porque muy de tarde en tarde suele suceder temblor alguno.
Empero, es toda esta provincia tan combatida, á la entrada de las aguas, y salida, de truenos, rayos y pedriscos, que parece temblar los cielos. No sé si hay en el mundo provincia más combatida destas cosas. Diré un dicho discreto del gobernador Castro; visitando el Audiencia una noche (y en las noches son las tempestades mayores) sucedió una tormenta tal; el huésped de la casa donde posaba, á la mañana vínole á ver, y díjole: Poco habrá vuestra señoria dormido esta noche, por los muchos truenos; respondió: ¿Truenos? Uno he oido. El huésped dice: Bien ha dormido vuestra señoria, pues sólo uno oyó; respondió el presidente: No quiero decir eso, sino que toda esta noche ha sido un trueno; y dijo discretísimamente, porque comienza uno, y al tercio otro, y luego otro, y así alcanzándose los unos á los otros no parece sino todo un trueno.
Los rayos son muy frecuentes que hacen daño, y si no fuera por salir de mi intento dijera cosas raras que han sucedido en el tiempo que viví en ella. Llueve poco en toda esta provincia. Es grande y poco poblada de indios. Comienzan las aguas á mediado diciembre, y por abril han cesado. Si el cielo fuera más lluvioso se pudiera comparar con todas las provincias fértiles del mundo. En toda ella no hay casi cosa de riego, si no es en cual ó cual valle á la redonda de la ciudad; juncto á las casas se siembra trigo, cebada, maíz.
La comarca de la ciudad es buena y abundante por los valles que tiene en contorno, donde se da el maíz, y en los altos el trigo. Las chácaras son de mucha tierra, y por ella se han enriquecido no pocos. Conocí en esta ciudad, agora cuatro años, un vecino que vendió una chácara suya con tres ó cuatro piedras de molino en 52.000 reales de á ocho; para ser un chacarero rico no es necesario más que el año sea un poco estéril, y que en su chácara haya llovido. Pocas veces el agua es general; son aguaceros con tanto ímpetu de vientos, truenos, rayos y relámpagos, que es cosa temerosísima; á los que suben de los llanos háceseles muy pesado; veráse ahora, más en particular de noche, el cielo sereno y muy claro y en un instante cubierto de una escuridad que pone grima. Toda esta provincia de los indios Charcas es abundantísima de miel de abejas; no crian en colmenas como en España, porque no las han recogido en ellas, ni de eso se tiene cuidado; crian unas en la tierra, debajo della, y por un agujero entran y salen á su labor; ésta suele ser agria; otras crian en troncos y huecos de árboles: ésta es mucho mejor; otras hacen sus panales (acá llamámosles chiguanas) colgándolos de una rama de un árbol, sobre la cual los fraguan redondos y algunos tan grandes como botijas peruleras: ésta es la mejor, más blanca y para muchas cosas buena.
A cuatro leguas de la ciudad, al Oriente, entramos en el valle llamado Moxotoro, que quiere decir barrio nuevo, angosto, mas tiene algunas anconadas todas de riego con las acequias que del rio sacan; á su tiempo es muy caluroso, y á su tiempo frio. Aquí hay muy buenas chácaras y huertas con todos los frutales nuestros, y muy buenas viñas, adonde de Potosí, que son 22 leguas, vienen los indios con los reales á comprar la fruta, desde las cebollas y ajos hasta las camuesas y peras. Una legua más adelante, en un valle llamado Chuquichuqui, hay un ingenio bonísimo de azúcar y demás cosas, pero es una caldera de fuego de Babilonia.
Todos estos valles desta provincia son abundantes de las plagas arriba dichas: víboras, hitas, chinches y otros animales ponzoñosos; pero proveyó Dios de muchas yerbas medicinales y árboles, más que en ninguna otra parte destos reinos.
Pocas leguas desta ciudad se coge la contrayerba, que dijimos ser una raíz negra que huele á higuera. Otras raíces hay aprobadísimas para cámaras de sangre. Lleva esta tierra mechoacán tan bueno como el que se trae de México. Entre los árboles hay tres muy conocidos y salubérrimos: el uno llamado Tareo, que entre mil de los demás es muy señalado; antes que eche las hojas produce una flor como campanillas, morada, de la cual se hace una conserva probada contra el mal francés. El otro se llama Quinaquina; destila una goma muy olorosa, remedio principal, sahumándose con ella, contra toda tose, catarro y apretamiento de pecho. He conocido personas, á lo menos un religioso nuestro, que cortaba una rama y en la punta colgaba un calabacillo, de suerte que la rama estuviese enarcada; destilaba el bálsamo. Este árbol llora unas pepitas grandes como habas y más largas, llenas de goma, de las cuales se aprovechan para mil enfermedades; tuve la memoria dellas, no sé qué se me hizo; sahúmanse con ello contra la tose, y para la jaqueca no hay remedio más eficaz; tarda en destilar tiempo.
Lo que en más abundancia se cría son molles, aprobadísimos para muchas enfermedades frias; todos estos árboles son como grandes encinas. Los molles, dándole una cuchillada en la corteza, y sin que se les dé, pero dada destilan una goma blanca con un poquito de cárdeno, al gusto poco mordaz; usan della para purgar flegmas; yo la he tomado; pónenla en un paño limpio, mójanla en agua y exprímenla como cuando se hace una almendrada, y cuanto una escudilla, échanle un poco de azúcar, y puesta al sereno, á la mañana se bebe, sin mas preparacion; hace su efecto admirablemente; lleva unas uvillas coloradas que son como las majuelas de España, sino que son todas redondas, sin la coronilla que tienen las majuelas; destas uvillas se hace miel y chicha muy dulce y calidísima. Con la corteza curten suelas y muy buenas. Hay entre estos árboles macho y hembra: el macho es más coposo y más grato á la vista; la hembra crece más y las ramas más extendidas. La fructa del macho jamás madura; quédase como la uva, en cierne; la hembra la llega á sazonar. Pero de lo que más es abundante esta provincia de toda suerte de minerales, á cuya causa son las tempestades tan recias, y si Potosí faltase, no faltarian otros cerros llenos de plata.