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Descripción colonial, libro primero (1/2)

CAPITULO LVIII DEL VALLE DE CAÑETE

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Prosiguiendo la costa adelante, á siete leguas andadas entramos en el valle ancho y fertilísimo, llamado Guarco, de los indios, y de nosotros Cañete, por un pueblo que en él se fundó llamado Cañete, de españoles, respecto del marqués de Cañete el viejo, de laudable memoria, que fué quien le mandó poblar; tiene puerto, aunque no muy seguro. Las tierras deste valle son muy apropiadas á trigo, maíz, y es cosa no acreedera lo que acude por hanega. Son bonísimos para viñas, olivares y para los demás árboles frutales y mantenimientos, así de la tierra como nuestros; no tiene rio que por medio del corra; riégase con dos acequias sacadas desde el tiempo de los Ingas, grandes, del rio de Lunaguaná, y el agua es buena; es abundante de ganados nuestros y de crias de mulas muy buenas; aquí no hay uno ni algun indio natural; tiene una fortaleza que guarda el puerto fácilmente. El pan de aquí es de lo bueno del orbe, por lo cual ya es proverbio: en Cañete toma pan y vete, porque como no hay servicio de indios en el meson y muy poco recado para los caminantes, no se puede parar mucho en el pueblo. Parte términos con este valle otro (yo lo he atravesado) de más de tres leguas de ancho y siete de largo, todo acequiado, de fertilísimo suelo, si lo hay en el mundo: el cual no se labra por se haber perdido una acequia con que todo se regaba, que hizo sacar el Inga á los naturales, del rio de Lunaguaná. Derrumbóse un pedazo de una sierra sobre ella y cojó la toma, y nunca más se ha abierto, que si se abriese, sólo aqueste valle era poderoso á sustentar la ciudad de Los Reyes de trigo é maíz; y aunque algunos Virreyes han pretendido desmontar la toma, no se atreven por ser necesarios más de 50.000 pesos. Yo conozco quien daba órden cómo se sacase el acequia, limpiase y desmontase, sin que á Su Majestad, ni á indio, ni á español le costase blanca, aunque se gastaran 100.000 pesos, y era ésta que el Virrey, la renta de los indios que vacasen y se habian de encomendar en beneméritos, como su Majestad lo manda, que encomendase los indios, pero que la renta de un año ó dos la aplicase para esta obra, y desta suerte juntara la cantidad de plata necesaria, y al encomendero no se le hiciera muy pesado, porque como habia estado años sin encomienda, teniéndola ya cierta, y la posesion, de muy buena gana la tomara, y dos años en breve se pasan, y cuando esto se quisiese moderar, para que el encomendero tuviese con qué comer, le diesen el tercio ó cuarto de la renta; lo demás, se aplicase para la dicha acequia.

Tratóse este medio con el ilustrísimo señor arzobispo destos reinos, y parecióle bien; tratólo con don Martin Enriquez, á la sazon Visorrey, y aunque no le pareció mal, respondió que las mercedes que habia de hacer en nombre de Su Majestad no las queria aguar con aquella carga, y fué respuesta de ánimo generoso, y correspondiente á la magnanimidad de nuestro católico rey, y así se quedó hasta hoy, y se quedará si este medio no se toma, porque no hay hombre á quien, aunque le den todo el valle por suyo, se atreva á gastar tanta plata, y desta suerte se desmontaba y abria la acequia, y sacada, cuando su Majestad quisiera vender aquellas tierras, sacara mucha más plata, lo cual es necesario hacerse, porque la gente se va multiplicando, y todos nos habemos de ocupar en cavar y arar, y que á los que se les hiciese merced, con esta carga la tomarian. Es cierto yo conocí un pretensor y benemérito en este reino que vacando un repartimiento lo pidió con esta condicion: que por cinco años los tributos se cobrasen para Su Majestad, y pasados fuesen suyos; dióselo el conde de Nieva, pasáronse los cinco años y él vivió gozando su renta más de otros quince, y á muchos pareció disparate; pues con esta condicion pidió estos indios, mejor los aceptara el que se los dieran por un año ó dos con esta carga, y es así que desde este tiempo acá, digo desde que se trató deste medio, han vacado muchos y muy buenos repartimientos, con que se hobiera sacado la acequia aunque se gastaran en ella ducientos mil pesos; á dicho de los oficiales no son necesarios 60.000.

El valle de Lunaguaná, por donde pasa este rio, dista un poco más la tierra adentro cuatro leguas deste valle; es angosto pero abundante de mucho y muy buen vino, y frutas nuestras y de la tierra; aquí se han conservado los indios un poco más que en los otros valles; con todo eso se van apocando.

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