CAPITULO XXXVIII EL VISORREY NOMBRA CAPITANES Y ENTRA EN LA TIERRA CHIRIGUANA
Reading edition
Nombró tambien otros capitanes: por la ciudad de La Plata, á don Fernando de Zárate, vecino della; por la villa de Potosí, á Juan Ortíz de Zárate, su criado. Mandó que todos los vecinos del Pueblo Nuevo viniesen á servir á Su Majestad en esta jornada, ó enviasen personas en su lugar con sus armas y caballos; los más vinieron; los otros enviaron soldados á su costa; otros muchos hijosdalgo, conforme á su obligacion, se ofrecieron á servir y fueron sirviendo sin interés ni socorro alguno. Partió, pues, el Visorrey llevando en su compañía los lanzas y arcabuces para la guarda de su persona, y para hacer lo que se les mandase. Por justicia mayor del campo, al licenciado Ricalde, con buena casa de soldados vizcainos y mucho gasto. Salieron con él de la ciudad de La Plata pocos más de 400 soldados, todos deseosos de concluir con esta maldita canalla y de vengar la injuria hecha al Visorrey, engañándole como le engañaron; fueron tambien con él otros soldados que tenian sus haciendas en los valles fronteras desta gente, y que aquella tierra la habian visto muchas veces.
La primera jornada fué legua y media de la ciudad, á un valle llamado Sotala, á donde se acabaron de juntar las cosas necesarias de mantenimientos, y carneros para llevarlos; vinieron tambien allí indios de servicio y de los Chichas, que es gente buena y bellicosa, con sus arcos y flechas. En este valle quisieron algunos criados del Virrey saber qué tan fuerte era el arco Chiriguana, y tomando una cota la pusieron en un costal de paja y á los indios Chiriguanas que llevaban para guias hiciéronlos tirasen á la cota, y á los Chichas; los Chichas desembrazaron primero, pero sus flechas resurtieron. Los Chiriguanas desembrazando pasaron la cota y costal de banda á banda, de lo cual fueron no poco admirados; es el Chiriguana bravo hombre de arco y flecha, como dejamos dicho: y aunque es así que se llevó gran cantidad de comida, porque siempre se temió hambre, y temiéndola, los cursados en aquella tierra y el camino que llevaban, dijeron al Virrey que para tal tiempo proveyese, á lo menos dejase proveido, que de la ciudad de La Plata y sus términos, en el rio de los Sauces, ó asiento de Condorillo, le tuviesen comida, porque seria necesaria; no los quiso oir, y subcedió así como diremos, que si lo dejara proveido, no se viera el campo en la necesidad que se vió. Llegando, pues, á las puertas de las montañas Chiriguanas, luego despachó al capitan Juan Ortíz de Zárate con su compañía de cincuenta soldados, sin otros diez que le dió viejos y cursados, á un pueblo, creo llamado Tucurube, el primero por aquel camino; el cual llegó á tan buen tiempo, que no halló indio en él que le pudiese hacer resistencia, sino las mujeres y niños, por haber tres ó cuatro dias se habian partido á cazar indios chaneses para su carniceria, y entre las mujeres vivia una mestiza que dijimos haberse quedado en los Chiriguanas cuando mataron al capitan Andrés Manso y á todos los que con él estaban, la cual con las demás indias se huyó al monte, y conocida por algunos, llamándola, no quiso volver, tiró su camino con las demás y hasta hoy se quedó hecha chiriguana. Hallóse aquí mucha comida de maíz, frísoles, zapallos, yucas y otras suertes de mantenimientos de que se sustentan y hacen sus brevajes en mucha cantidad; oí certificar á algunos que con él fueron serian de todas comidas más de 3.000 fanegas. Apoderóse del pueblo, que no era más de tres casas como las usan, muy anchas y más largas. Los del pueblo van al monte y avisan á los Chiriguanas den luego la vuelta, porque los cristianos se han apoderado de las casas y comidas; los cuales dentro de pocos dias volvieron y entraron como de paz, no todos, sino los más principales, que á escondidas preguntaban quién era el capitan; si era conocido dellos, viejo ó chapeton, ó si por ventura era el capitan Hernando Diez de Recalde, que allí como soldado iba. El capitan Hernando Diez era dellos muy conocido por muchas y muy buenas suertes que habia hecho con ellos; temianle y deseaban haberle á las manos; mas como supieron era chapeton, y dellos no conocido, luego le tuvieron en poco y engañaron, comenzándole á servir y traer agua y leña y lo que les pedian. El capitan Juan de Zárate despachó luego al Visorrey un soldado con la nueva de la presa de la comida que tenia; el capitan alojó sus soldados á lo largo de los buhios, de suerte que por las espaldas estaban seguros; empero los Chiriguanas le persuadieron se metiese en uno dellos, porque las indias que traian leña y agua y demás cosas para guisar de comer tenian miedo de los soldados, y no venian de buena gana, ni se atrevian á entrar dentro del buhio; persuadióse á ello, aunque por algunos soldados le fué rogado no lo hiciese ni desamparase su alojamiento; con todo eso se metió dentro de la casa, á donde por algunos dias le aseguraron los Chiriguanas sirviéndole con mucho cuidado. Empero no eran tan recatados que los que tenian alguna experiencia de sus malas costumbres, por los ademanes y otras cosas, entendianles los pensamientos, por lo cual avisaron al capitan se velase y no hiciese tanta confianza de aquella gente sin Dios, sin ley y sin rey; no quiso admitir este buen consejo, diciendo no era él hombre á quien los Chiriguanas habian de engañar, no se acordando habian engañado al Visorrey, con todo su buen entendimiento. Los que se recelaban, que fué el capitan Hernando Diez de Recalde, con un hijo suyo y un negro, y otros tres ó cuatro que se le llegaron, no dormian en el buhio, sino fuera, las espaldas seguras con unas piruas de maíz juncto al buhio (pirua es un cercado como de dos varas y media, redondo, de cañas, donde se encierra el maíz), y la noche de cierto dia que conocieron lo que habia de hacer la gente enemiga, se repararon lo mejor que pudieron y estuvieron apercebidos velándose; esta noche, el capitan descuidado, dan los Chiriguanas en él y en los demás que dormian á sueño suelto y sin centinelas; mataron á un español y á uno ó dos mulatos, y no sé cuántos indios, y hirieron á otros, y á soldado hobo, y lanza, que le pasaron un muslo con una flecha, revuelto con su frezada. Los que estaban fuera, éstos detuvieron á los indios que no entrasen tan de golpe, y mataron algunos con sus arcabuces, porque los que hicieron daño en el buhio fueron los que allí se habian quedado, como ellos decian, á dormir, y á la hora señalada tomaron las armas que entre la leña metieron, y con ellas hicieron el daño dicho, y al capitan hirieron livianamente en una mano. Los Chiriguanas, como los de fuera les daban priesa, huyeron al monte; llegó el dia; curaron los enfermos y enterraron los muertos, y el capitan fué á buscar los enemigos, pero no hallándolos, se volvió; los cuales se entiende haber recebido no poco daño, por la sangre que á la mañana se vió juncto á la casa. Dende á pocos dias determinó el capitan dejar el pueblo y comidas, y dar la vuelta en busca del Visorrey, á donde llegando, y sabido el subceso, no lo quiso ver ni hablar por muchos dias, y no sin mucha razon, porque si el capitan Juan de Zárate siguiera el parecer de los expertos en la guerra Chiriguana, casi la habia acabado; pero, como dijimos arriba, los que vienen de España tiénennos por más que bárbaros; dijéronle no desamparase la comida sin órden del Visorrey, ni el pueblo, la cual, si no dejara, era fácil llevarla al real y no se padeciera la hambre que despues se padeció, á lo menos no tanta.