CAPITULO LXXXI DE LOS OBISPOS DESTE REINO
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El primero, aunque no se consagró, fué don Rodrigo González, clérigo que se halló en la conquista deste reino con don Pedro de Valdivia, y fué su confesor; varon afable y predicador; murió de gota rescebidos los Sanctísimos Sacramentos; á quien subcedió el obispo Barrionuevo, de la Orden de San Francisco, varon religioso, de muchas y buenas partes; tambien murió en buena vejez; á quien subcedieron dos obispos, porque se dividió este reino en dos obispados; en el de Sanctiago, que llega hasta los Cauquenes, seis ó siete leguas adelante del rio de Maule.
En el de Sanctiago subcedió Fr. Diego de Medellin, deudo nuestro, varon gran religioso de la Orden de Sanct Francisco, que fué provincial en el Perú de su sagrada religion, de gran ejemplo y cristiandad, así en España como acá; acabó de hacer la iglesia mayor de Santiago y el coro, y feneció en buena vejez, casi sin calentura, hombre ya de noventa años.
El otro obispado se llamó de La Imperial, desde los términos de los Cauquenes hasta Chilué; fué proveido en él por primer obispo Fr. Antonio de Sant Miguel, de la misma Orden, varon de muchas y loables virtudes; gobernó con mucho ejemplo y cristiandad y fué casi como profeta del castigo que Nuestro Señor, por nuestros pecados, lleva adelante en estos reinos, predicando los españoles que en ellos viven y vivian se volviesen á Dios y hiciesen penitencia y enmendasen sus vidas, porque le adivinaba su corazon habia de caer la mano pesada de Dios sobre las cibdades que agora están despobladas, como ha caido; fué promovido al obispado de Quito, en cuyos términos, veinte y cinco leguas antes de allegar á su silla, murió loabilísimamente en un pueblo llamado Riopampa.
Subcedióle en el obispado de La Imperial don Agustin de Cisneros, arcidiano, varon docto en cánones y muy principal, de buenas y loables costumbres; gobernó cinco ó seis años con muy buen ejemplo de vida y acabóle una enfermedad de gota; á quien sucedí yo, sin merecerlo[57], en este tiempo tan trabajoso, donde era necesario un varon de grandes partes y virtudes para ayudar á llevar los trabajos de los pobres y socorrerlos en sus necesidades; empero falta lo principal, que es la virtud, y el pusible, por ser el obispado paupérrimo, que apenas me puedo sustentar, y no tengo casa donde vivir, que si en Sanct Francisco no me diesen dos celdas donde vivir, en todo el pueblo no habia cómodo para ello; con todo esto, tengo más de lo que merezco, porque si lo merecido se me hubiera de dar, eran muchos azotes.