← Table of contents
Descripción colonial, libro segundo (2/2)

CAPITULO LXXXIII DE LOS GOBERNADORES DE CHILE

Reading edition

El primero de los gobernadores de Chile y el que lo conquistó fué don Pedro de Valdivia, hombre hidalgo de guerra y ánimo, de gran conocimiento, y en particular para elegir y poblar cibdades; su fin y muerte no lo trato, porque otros ya lo han hecho. El segundo fué don García de Mendoza, agora marqués de Cañete, hijo del valeroso y gran limosnero don Andrés Hurtado de Mendoza, que domó la soberbia araucana cuando la tierra hervía con indios, soberbios por la muerto de Valdivia y victoria que contra él y otros capitanes nuestros alcanzaron por justo castigo de Dios, con los cuales entrando más de veinticinco veces en batalla, siempre los venció, subjetó y dejó la tierra tan llana como la del Perú, gastando en menos de cuatro años que fué gobernador de aquella tierra mucha hacienda que su padre desde el Perú le enviaba, no de Su Majestad, sino suya propia, con los soldados que traia en su ejército, Pobló la cibdad de Osorno, y pobló la provincia de Cuyo, como habemos dicho, y hechas otras cosas como de su sangre se esperaba; salió de Chile pobre y necesitado, dando en aquel reino bonísimo ejemplo y olor de su persona, porque ni en cohecho ni deshonestidad, ni en otro vicio que los cargos traen consigo, se le conoció falta notable.

En los trabajos, el primero; en los recuentros y batallas, no el postrero; en proveer contra los pensamientos de los enemigos de Arauco, providentísimo, como si los tuviera delante de los ojos; porque si enviaba algun capitan á correr la tierra, luego[59] proveia otro con gente bastante para que ocupase los malos pasos por donde el primero capitan habia de volver, para que los enemigos allí no le hiciesen daño, con lo cual felicísimamente acabó aquella guerra y allanó, que en cuarenta y cuatro años que salió della y los indios se tornaron á rebelar, no se ha podido reducir al estado en que la dejó.

Sucedióle, proveido por Su Majestad, Francisco de Villagrán, desgraciadísimo capitan, y para gobernar no sé si de tanto talento, en cuyo tiempo la tierra se tornó á rebellar, desbaratándole no pocas veces, y principalmente en la cuesta que llaman de Villagrán, y tambien en diferentes ocasiones á sus capitanes, y así se ha quedado; á quien sucedió el doctor Sarabia, Presidente de una Audiencia Real que se fundó en La Concepcion, con título de capitan general, la cual no permaneció veinte años; halló la tierra tal que con su mucha prudencia no la pudo remediar, antes succedieron algunas desgracias y victorias de los indios, no por culpa suya, sino de confiados capitanes y mal proveidos.

A quien succedió, deshecha la Audiencia, Rodrigo de Quiroga, caballero de hábito y de bonísimas partes y que tuvo á los araucanos muy apretados y casi para ponerlos en la subjection antigua, sino sucediera la entrada por el estrecho de Magallanes del capitan Francisco, azote deste reino, á quien por seguir deshizo el ejército, y despues acá no se ha puesto la tierra y fin de la guerra en aquel estado.

Dende á poco succedió su muerte, y en su lugar Martin Ruiz de Gamboa, á la sazon mariscal, casado con hija del gobernador Rodrigo de Quiroga; gran soldado, gran capitan, gran trabajador en la guerra, amigo de los soldados, liberalísimo con ellos, de mucho brio y de gran consejo para las cosas de la guerra de Chile, y muy caballero de la buena ó mejor casa de Vizcaya; mas hallándose pobre y no con tanta gente como era necesaria, y la tierra muy necesitada, no pudo hacer mucho en dos años ó poco más que tuvo el gobierno de aquel reino; pobló, como dijimos, á San Bartolomé de Chillán, con que refrenó la soberbia de los indios comarcanos, y aseguró el paso para La Concepcion y Ongol; en cuyo tiempo del gobernador Rodrigo de Quiroga, ó poco antes, fué proveido por teniente general por Su Majestad para las cosas de justicia el licenciado Lopez de Azoca, hombre hidalgo, cuya ejecutoria he visto, bonísimo juez, porque en once años que fué teniente general, ni cohecho, ni barateria, ni cosa deshonesta se le conoció; amigo de hacer justicia, y la hacia con toda rectitud. El cual, residiendo en esta ó aquella cibdad podian los vecinos dormir á sueño suelto, las puertas de sus casas abiertas, sin que nadie les inquietase; tasó los indios de Osorno, lo cual ningun gobernador habia hecho; fué con su residencia á España, donde en breve tiempo fué vista por el Consejo Real de Indias, y dado por buen juez.

Notes in this chapter

Explore with AITake your curiosity a little further.

Reading settings