CAPITULO LIII VUÉLVESE LA ARMADA AL PUERTO
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El Almirante, viéndose solo en alta mar, púsose mar al través para ver si algun navio de los nuestros parecia, y en particular el del capitan Manrique, el cual á hora de media dia llegó donde estábamos, á quien el Almirante mandó no se desabrazase de nuestro navio, y habido consejo pareció se debia ir al puerto en busca del General para seguir su órden, y no le hallando en la mar, cuatro leguas antes de entrar en el puerto despachó el Almirante á un criado suyo con el maestre del navio, llamado Andrés Gomez, dándole relacion de lo que pasaba, y no entraria en el puerto hasta ver su mandamiento, porque no sabia del General; recebido este despacho, el Marqués le mandó se volviese al puerto, y dentro de tres dias se aderezase y proveyese de todo lo necesario, y con título de General, con el navio del capitan Manrique, se partiese luego y siguiese al enemigo hasta Inglaterra, y la conducta de capitan general se la enviaria al puerto. Con este recado nos volvimos al puerto, á donde aun no habia entrado la Capitana, no poco tristes, porque á seis velas se nos habia el enemigo ido; la culpa ya dije fueron nuestros pecados y soberbia, y el que aconsejó aquella noche viniésemos el bordo de tierra; no la tiene el General, porque no sabe de bordos de mar ni de tierra, ni marear velas; sabe gobernar un ejército entero, sabe pelear y mandar pelear, y sabe acudir á la sangre ilustrísima de donde desciende. Porque pasó así: recebida por el Almirante la respuesta del Marqués, me enseñó la carta y le dice: Señor, esto no habrá efecto, porque el General no desembarcará en tierra hasta verse con el enemigo y traerlo rendido, ó morir en la demanda, y cuando el Marqués le quitare el cargo, irá por soldado, porque á su ser y honra no le conviene otra cosa; y así fué, porque surto en el puerto y sabido lo que el Marqués proveia, no quiso salir del navio, sino fué un domingo á oir misa, y luego se volvió á embarcar, y finalmente, viendo el Marqués que el General no queria dejar de ir en busca del enemigo con el oficio, ó como soldado, le mandó seguir al luterano tomando la nao Almiranta por capitana, y á la galizabra por Almiranta, en que se embarcase el Almirante. El cual pareciéndole se le hacia agravio, porque la galizabra es navio pequeño, y apenas cabian en él sus hijos, que llevaba dos mancebos de buenas esperanzas y pensamientos, como lo mostraron visto el enemigo, ni sus criados, pidió le diesen la Capitana en que meterse, la cual á su costa aderezaria, pues el daño no era tanto ni de tantos dias, donde serviria como lo habia hecho, y habria lugar para su casa y criados y los demás hijosdalgo y caballeros que se le habian allegado; en esto se pasaron algunos dias, pocos, y no concediéndosele lo que pedia, pareció no satisfacia á su honra, y se le agraviaba (y si era agravio ó no, no es de mio juzgarlo), se quedó y con él los caballeros y hijosdalgo que á su mesa sustentaba muy cumplidamente, y los religiosos que con él íbamos tambien nos quedamos.