CAPITULO LXI DEL ILUSTRÍSIMO ARZOBISPO DE MÉXICO
Reading edition
Dentro de breve tiempo qu'el Marqués de Cañete entró en la cibdad de Los Reyes, vino á ella por órden de Su Majestad el ilustrísimo Arzobispo de México, á la sazon en la misma cibdad Inquisidor, el licenciado don...[39] de Bonilla, varon integérrimo en todo género de virtud, y no de pequeña penitencia y oracion, como su vida y ejemplo son bastantísimos testigos; de bonísimo y claro entendimiento, y de prudencia admirable; amado grandemente de todo el reino por su mucha virtud, y temido por la mucha rectitud que en su vida se conoce; amigo y favorecedor de los que administran justicia, y de los que son en contrario, que conciernan á su tribunal, con gran cordura castigador. Proveyóle Su Majestad, siendo fiscal de la Inquisicion en México, conociendo todas estas partes y calidades suyas, para que visitase la Real Audiencia desta ciudad de Los Reyes y para que tomase cuenta á los oficiales reales, á quien habia muchos años ni se visitaban ni tomaban cuentas, y asimismo á otros muchos, como al cabildo de la ciudad y escribanos; á quien Su Majestad, muy servido de lo que ha hecho y hace, le hizo merced de la Silla metropolitana de México, con esperanzas que á mayor dignidad le ha de sublimar. Ha hecho y hace su oficio con tanta rectitud y cristiandad cuanta se esperaba; ha condenado y privado á algunas personas, y ha sacado á luz muchas cosas tocantes á la Hacienda Real que estaban solapadas, y aunque á algunos les parece va muy despacio y desean verle fuera destos reinos, son hombres interesados y culpados en cosas que le están encomendadas; los demás no le querrian ver fuera del reino. Luego que Su Majestad le hizo merced del arzobispado, no quiso gozar más del salario de Visitador, contentándose con la renta del arzobispado, porque no es persona que tracta de riquezas temporales, sino de las eternas y del cielo. Este capítulo en breve me pareció engerir aquí como cosa importante y que pertenecia tractar della, por haber venido el ilustrísimo de México en estos tiempos á este reino con oficio en el cual ha servido mucho, mucho, á Dios Nuestro Señor y á su Rey, y esperamos les hará más servicios.
Como los hombres seamos mortales y nuestras vidas dependan de quien es la vida por esencia, fué Nuestro Señor servido llevársele para sí de una enfermedad que casi no fué conocida de los médicos; procedióle de que siendo quebrado y no viviendo con tanto recato de la quebradura, se rompió más de lo acostumbrado, y salieron las tripas, de suerte que no fué posible, con los remedios que se hicieron, volverlas á su lugar. Hizo su testamento, y está enterrado en nuestro convento de Los Reyes, adonde dejó cuatro mil pesos de limosna: hiciéronsele sus obsequias con la pompa requisita, con no poco dolor de todo el pueblo, y más del Virrey don Luis de Velasco, que en todas cosas le consultaba para el bien del reino; diósele sepultura en la capilla[40] principal, junto al altar mayor, en medio de otros dos Obispos que allí están enterrados.
Con lo hasta aquí tractado nos parece haber concluido con la brevedad posible dejando escriptos los caminos desde Quito á Talina, y lo demás digno de memoria subcedido en tiempo de los Virreyes que han gobernado los reinos del Perú, desde el marqués de Cañete, don Hurtado de Mendoza, de buena memoria, hasta don García de Mendoza, su hijo, subcesor en el marquesado; todo lo cual, á lo menos la mayor parte, habemos visto ó sabido por relaciones verdaderas, que es lo menos que en estos ringlones dejamos á esta escritura encomendado, porque no quedase anegado en el profundo del rio del olvido.
A don García de Mendoza subcedió don Luis de Velasco, caballero del hábito de Santiago, mudado del Virreinato de México al del Perú, cuyos hechos, virtudes y buen gobierno dejamos que lo traten otros, donde tendran bien que extender las alas de sus ingenios; y porque tambien habemos visto la gobernacion de Tucumán y de Chile, tractaremos con brevedad lo visto y sabido.