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Descripción colonial, libro segundo (2/2)

CAPITULO IX DEL MARQUÉS DE CAÑETE

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El marqués de Cañete, embarcándose en Panamá con su casa mucha y muy buena, y con muchos caballeros pobres que salieron de España con el Adelantado Alderete para Chile, el cual muriendo en la isla de Perico ó Taboga, los dejó pobres y desamparados; mas el buen Marqués los recogió y á la mayor parte dellos recibió en su casa; á los demás dió pasaje. Con próspero viento, en el navio de Baltasar Rodrigues, en breves dias (era tiempo de brisas) llegó á Paita, y de allí, prosiguiendo su viaje, con la intencion dicha, de no desembarcar en puerto hasta el Callao, enfadado de la navegacion, saltó en tierra en un puerto no seguro, conforme á su nombre, llamado Mal Abrigo, diez leguas más abajo de la ciudad de Trujillo, adonde no halló ni habia recado, ni para el Marqués ni para sus criados, sino fué un asnillo, el cual le aderezaron lo mejor que pudieron sus criados, y en él vino hasta un poblezuelo tres leguas de allí, ó poco menos, llamado Llicapa, de la encomienda de un vecino de Trujillo, llamado Francisco de Fuentes, de donde ya con todo recado llegó al valle de Chicama, dos leguas de camino, donde le aposentaron en el ingenio del capitan Diego de Mora. En breve tiempo, desembarcado el Marqués en Mal Abrigo, se supo la nueva en Trujillo, donde á la sazon le estaban aguardando muchos caballeros y capitanes de Su Majestad que en la guerra contra Francisco Hernandez le habian servido, gastados della, é para comer tambien allí habian venido, entre ellos, el general Pablo de Meneses, aunque no habia venido sino á besar las manos al Virrey que viniese y á darle noticia del estado del Reino; de Huánuco, á lo menos de Chachapoyas, habian venido vecinos y capitanes á lo mismo; todos estos caballeros, capitanes y vecinos de Trujillo, sabida la nueva, luego vinieron á Chicama, donde le besaron las manos y fueron del Marqués muy alegre y benignamente recibidos.

Don Francisco de Mendoza, que dijimos haber venido despachado por el Marqués para don Pedro de Cabrera, llegando á Piura hizo no sé qué liviandad de caballero gentil hombre y cortesano, la cual en desembarcando el Marqués se la dijeron; sintiólo mucho, y luego propuso de lo embarcar para España, y lo tractó ó amenazó lo habia de hacer. Su hijo don García de Mendoza, caballero de 22 años, de grandes esperanzas, allí en Chicama una noche, andándose paseando el Marqués por una sala, con no poca pesadumbre de lo sucedido[6], en pie, en cuerpo, la gorra quitada, suplicábale templase aquel rigor y no embarcase á don Francisco de Mendoza, ejecutando la primera justicia en un deudo y caballero de su casa, representándole lo que le habia servido en mar y tierra; á lo cual el cristianísimo Marqués le respondió, oyéndolo todos aquellos caballeros que esperaban la resolucion y deseaban se quedase en la tierra don Francisco de Mendoza, el cual ya les tenia con su tracto cortesano y nobilísimo ganadas las voluntades, dijo: Por vida de la marquesa, que si como don Francisco hizo esta villanía la hicieras tú, del primer árbol te dejara ahorcado. No traigo yo hijos, deudos ni criados, para que agravien al menor indio del mundo, cuanto menos á ningun hombre honrado y vecino, sino para que los sirvan, agasajen y honren. A estas palabras no se atrevió su hijo á replicarle más, y todos aquellos caballeros quedaron muy tristes y entendieron el pecho cristiano que el Marqués traia, y que no se habian de burlar con él. Todo esto y lo que se sigue vi con mis ojos.

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