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Descripción colonial, libro segundo (2/2)

CAPITULO LXXII DEL CAMINO DE MENDOZA Á SANTIAGO DE CHILE

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Desde estos dos pueblos (como habemos dicho) se camina para el reino de Chile, de cada cibdad por su camino, por donde se pasa la cordillera Nevada, que es la misma que llamamos en el Perú Pariacaca, y si no se aguarda á tiempo que las nieves sean derretidas, es imposible, so pena de quedarse helados. Comiénzase á pasar casi á mediado Noviembre, y dende en adelante hasta fin de Marzo, y pocos dias de Abril, porque luego se cierra con las nieves; yo la pasé á fin de Diciembre sin alguna nieve; tomase el camino desde Mendoza á Santiago, que son cincuenta leguas, y ándase en ocho dias por sus jornadas, todas despobladas, si no es la última; pasadas dos jornadas, que estamos ya á las vertientes de las faldas de la cordillera, encontramos á mano derecha el camino Real del Inga; dejelo á mano derecha antes de llegar á Salta siete ó ocho jornadas, y á la misma mano le hallé, el cual vamos siguiendo casi hasta Santiago de Chile; el camino no es malo, ni tiene despeñadero, ni es de mucha piedra; en las dormidas no faltan pastos para los caballos, ni leña; en hallando el camino del Inga vamos subiendo un valle arriba hasta nos poner al pie de la cordillera que habemos de doblar, antes de la cual, pocas leguas, no creo son cuatro, hay una fuente famosa que terná[50] de largo más de treinta pasos, toda de yeso, por debajo de la cual pasa el nacimiento del rio de Mendoza.

Esta fuente Nuestro Señor allí la puso; será de ancho más de tres varas; fuí á verla de propósito, porque está del camino Real un tiro de arcabuz apartada, y como el rio no llevaba agua, no pasamos por ella. Puestos al pie de la cordillera, donde se hace noche al reparo de unos peñascos grandes, saliendo dellos, luego casi se comienza á subir la cordillera, que no tiene una legua de subida, no agria, antes arenosa y fofa, por las nieves que tienen quemada la tierra, las cuales derretidas y seca la tierra queda casi como arena muerta. Lo alto de la cordillera que encumbramos no tiene medio cuarto de legua de llano, por lo cual en llegando arriba y comenzando á abajar, todo es uno. Por muchas partes en este reino he atravesado esta cordillera, pero por ninguna es tan buena en tiempo de verano; en ivierno ya he dicho, por las nieves, no se camina. El bajar no es dificultoso ni malo, más de que es más larga la bajada que la subida; por este camino que voy siguiendo, de cuando en cuando, á trechos, damos en unas mesas llanas, como descansaderos, y como bajamos se va moderando el tiempo hasta llegar á la dormida, siete leguas buenas, que llaman El Camarico, pero no hallaréis de comer si no lo llevais.

De unos ojos de agua que están á dos leguas ó tres encumbrada la cordillera, nace el rio del valle de Quillota, por la ribera del cual vamos prosiguiendo nuestro camino, pasándolo por poca agua, despues destos ojos de agua, el cual desde su nacimiento corre por muchos peñascos, y como va bajando se va haciendo mayor y augmentando con otros arroyos que se le llegan, de suerte que al Camarico no se puede vadear, no tanto por el agua que en este tiempo lleva, cuanto por las piedra grandes; vadéanle los caballos descargados, y con riesgo de se quebrar las piernas; este rio ya grande á cuatro leguas más abajo, ó poco menos, del Camarico, s'ensangosta mucho entre dos cerros, que no debe ser la angostura de cuatro varas en ancho, por donde todo él pasa acanalado. En esta angostura hizo el Inga una puente que hoy vive con este nombre, la Puente del Inga, pero para pasar por ella es necesario ir el hombre confesado; para bajar ha de ser por una peña tajada, y para subir lo mismo, tan tajada que se pasa desta manera: á pie con alpargates, porque no se deslice el pasajero, atadas á la cintura unas sogas, una adelante, otra atrás; la trasera tienen los que quedan atrás, y vánla largando poco á poco, porque el que pasa no resbale y dé consigo en el cárcabo del rio, y en pasando arrojan la soga delantera á los que están de la otra parte; estos indios pasan más liberalmente que nosotros, sin estas sogas, porque parecen tienen diamantes en las plantas de los pies; y así le aizan arriba, de suerte que el pasajero lleva dos sogas atadas á la cintura: una delante para subir, otra detrás para descendir, y por aquí pasan y han pasado mujeres y ninguna se ha despeñado; yo no pasé por esta puente, sino por otra de madera que se habia hecho poco más arriba, mas dende á breve tiempo la mandó el Gobernador quemar, porque no se le huyesen los soldados á la provincia de Cuyo, permaneciendo aquella puente. Ya pasada esta cordillera, no hay animal ponzoñoso en todo lo descubierto de Chile, y es tan limpia tierra cuanto de las vertientes á Tucumán es sucia. Desde esta puente á Santiago se camina en tres dias, ya por tierra apacible y fértil.

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