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Descripción colonial, libro segundo (2/2)

CAPITULO XXXIII HACE EL VIRREY INFORMACION DEL MILAGRO

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Persuadido el Visorrey don Francisco de Toledo que los indios Chiriguanas le tractaban verdad, para más en ella confirmarse y confirmar á otros determinó hacer una informacion de todo lo dicho por los indios que trujeron las cruces, y los testigos que tomaba y examinaba eran los mismos que dijeron la fiction, y algunos de los que estaban acá; hízose la informacion con esta solemnidad; hallóse presente á ella el mismo Visorrey, el Presidente de la Audiencia, Quiñones; el dean de La Plata, el doctor Urquiza; el licenciado Villalobos, vicario general por la Sede vacante, un hombre gran cristiano; tres secretarios: el de gobernacion, Navamuel; el del Audiencia, Pedro Juares de Valer; el de la Sede vacante, Juan de Losa; tres lenguas: un religioso nuestro nacido y lego en el Rio de la Plata, llamado fray Agustin de la Trinidad; Mosquera, de quien habemos tractado, y el mestizo Capillas. La hora señalada era de las cuatro de la tarde hasta las ocho de la noche; yo me hallé á toda ella, porque iba por compañero del religioso lego, y así lo pedí para ver en qué paraba esta fiction. Los indios que vinieron con las cruces fueron los primeros examinados, y declararon como habian referido en su embajada. Luego llamaron á otros de los que estaban acá que decian saber lo propio, y nunca tal dijeron hasta venidos los de las cruces; declararon tambien el don Francisquillo, y sucedió lo que diré: declaraban dos juntamente, y disparaban de lo que los otros habian declarado; á este tiempo el don Francisquillo, haciendo fuerza al portero del Virrey, como lo tenian por medio truhan, y el Visorrey gustaba de verle tartamudear en nuestra lengua, entró dentro de la sala donde el Visorrey y los demás estábamos, y arrimóse á la pared frontera de donde era el examen; el cual, oyendo cómo disparaban de lo quél y los demás examinados habian declarado, díjoles: Hermanos, ¿no os dije ayer todo lo que habiades de decir? ¿cómo decís al contrario? y todos tres lenguas fueron tan cortos, que no advirtieron al Visorrey de lo que aquel don Francisquillo les dijo, para que se entendiera la fiction destos. Dijéronlo ya que nos veníamos á nuestras casas acompañando al dean, porque era todo camino entonces, y aun más de una cuadra; lo dijeron porque veniamos tractando que era fiction y mentira, y ellos para confirmarlo dicen lo que el Francisquillo dijo á los que disparaban de los demás encaminados, y fué promision de Dios, porque aunque lo dijeran, no fueran creidos. Con mi poco talento yo me deshacia viendo lo que pasaba, y que el Visorrey nos detuviese allí tanto tiempo, y otra noche siguiente díjele: Suplico á Vuestra Excelencia sea servido oirme; respondióme: Decid; Señor, dije, si es verdad lo que éstos dicen que aquel ángel les predica, y afirman que unas veces le ven, otras no, y cuando le ven entra en la iglesia muy resplandeciente y hermoso, no hay duda sino que, para confirmacion de que es ángel, ó Sandiago, como ellos dicen, enviado de Dios, que para que le crean habrá hecho algun milagro. Porque esta es orden de Dios, como consta de Moisés, con los hijos de Isrrael, que para que le creyesen hizo milagros delante dellos, y lo mismo hicieron los apóstoles y otros muchos sanctos para confirmacion de la fe y predicacion evangélica; mande Vuestra Excelencia se les pregunte si ha hecho algun milagro. El Visorrey dijo: Bien decís; pregúntenselo. Pregúntanles las lenguas si aquel ángel ó Sandiago ha hecho algun milagro; responden haber hecho tres; el primero fué que le llevaron una yegua picada de una víbora, que era de un curaca, para que la sanase, y la sanó; este buen milagro es, porque convenia no se perdiese la casta de los caballos en los Chiriguanas. El otro, que á un muchacho picado de otra víbora, llevándoselo, lo sanó. El tercero fué, que no queriendo unos Chiriguanas salir de las casas donde estaban, á oirle su predicacion, les dijo: ¿así, no quereis oir la palabra de Dios? pues yo haré venga del cielo fuego y os abrase, y descendió fuego del cielo y los abrasó; y aun añadieron otro, que son cuatro: que en un pueblo llamado Cuevo, no le queriendo oir, les dijo: Pues yo me iré, y os dejaré; é se fué, y la cruz que estaba en la plaza de la iglesia se levantó y se fué en pos de Sandiago y se plantó en la plaza del otro pueblo. Examinando á otros dos indios, y preguntándoles destos milagros, en los dos primeros confirmáronse; en lo del fuego de la casa, dijeron haberse quemado acaso, pero que dentro della nadie pareció; y lo de la cruz de Cuevo no hobo tal, sino que allí está, y en el otro pueblo los indios dél pusieron una cruz delante de la iglesia; y con todo esto se pasó adelante con la fiction, y se creyó, y en la informacion se escribieron ochenta hojas, ó pocas menos; empero, cuando se huyeron los Chiriguanas (como en el capítulo siguiente diremos), ya entonces se creia la fiction ser mentira, é yo me atreví á hablar cerca desta materia y que habia salido verdad lo por mí dicho, que no querian sino engañar al Visorrey, y á la primera noche que sucediese tempestuosa, huirse á sus tierras, como lo hicieron.

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