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Descripción colonial, libro segundo (2/2)

CAPITULO XXII CUÁN ENEMIGO ERA DE ACRECENTAR TRIBUTOS

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Siempre miró mucho por la conservacion de los naturales, para que con todo el descanso posible pagasen sus tributos. Sucedió así: proveyó por corregidor de la provincia de Chucuito á García Diez de San Miguel, hombre muy cuerdo, y benemérito y noble, al cual mandó que visitase toda aquella provincia; hasta entonces no se habian hallado más que 17.000 indios tributarios; éstos pagaban del tributo 24.000 pesos en plata ensayada y 12.000 pesos en ropa de la tierra: visitados, parecieron mil indios más. García Diez de San Miguel, pareciéndole ganaria gracia con el Marqués, avisóle del augmento de los indios, y que se les podia acrescentar el tributo, pues para tantos indios era poco, mayormente que para pagar los 24.000 pesos de plata, en Potosí residian 500 indios que fácilmente los pagaban; á quien respondió: Escribiéradesme vos que abajara los tributos, de muy buena gana lo hiciera; pero augmentarlos, no haré tal; ¿qué cosa hay más grave que el tributo? Otro lo subió á 102.000 pesos ensayados en plata y ropa, como diremos.

Decia que si su parecer se hobiera de seguir, que de toda la renta que Su Majestad tiene en este Perú se habria de hacer tres partes: una, que se llevase á Su Majestad: otra, para pagar los ministros de la justicia, así acá como de España; otra, que se quedase en este reino para lo que puede suceder y para casar hijas de conquistadores y pobladores pobres á quien Su Majestad no ha hecho merced ni gratificado sus servicios. Por lo cual comenzó á edificar en el lugar donde agora es la Universidad una casa de recogimiento, á quien llamó San Juan de la Penitencia, á donde se recogieron algunas hijas destos conquistadores y pobladores, con renta para su sustento; mas como murió temprano cesó el edificio y agora no hay memoria dello; y para hacer puentes, hospitales, iglesias y otras obras pias y públicas, como los reyes han hecho en España, y para socorrer á caballeros pobres que vienen de Castilla encomendados de Su Majestad, que le han servido y no les ha gratificado, mientras vaca en qué ocupallos. A los negros horros que habia en Los Reyes, qu'es la ladronera de los cimarrones, sacó de la ciudad y envió al asiento de minas de Caravaya, que es tierra calurosa y lluviosa, y era tan humano con ellos, que no se desdeñaba de responder á las cartas que le escrebian.

Esto así en breve se ha dicho del magnánimo marqués de Cañete, de buena memoria, padre de la patria y de pobres, como epílogo de sus virtudes, dejando de tractar más difusamente á otros que sean dotados de más facundia y mejor estilo que el nuestro; concluyamos que fué gran vengador de los juramentos falsos en daño de tercero; mandó quitar los dientes á un Fulano de Quintana porque juró falso delante de la justicia. Tambien mandó que ningun negro cargase con botija de agua ni otra cosa á ningun indio, al negro so pena de caparle y á la negra de docientos azotes, y en quien primero se ejecutó la sentencia fué en un esclavo suyo; vió que traia á un indio con una botija de agua cargado del rio; llamó al caballerizo; preguntole cuántos caballos tenia, y cuánto servicio de esclavos; respondióle que para los caballos tenia bastante servicio; ¿pues cómo esclavo mio ninguno ha de cargar á indio libre? luego mandó se ejecutara la ordenanza, y de allí adelante no se atrevió negro á cargar indio. Era lástima, y hoy lo es, que el negro y negra esclavos se vienen las manos en el seno, y el indio libre las trae en la botija de agua, la canasta de la ropa y la carne de la carneceria, ó del rastro, como si ellos fueran señores y los indios los esclavos. Duró poco esta ley, no más de cuanto vivió el Marqués.

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