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Descripción colonial, libro segundo (2/2)

CAPITULO XXIII DEL CONDE DE NIEVA

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Al liberalísimo y cristianísimo marqués de Cañete sucedió el conde de Nieva don... de Velasco, bonísimo caballero y buen gobernador, de quien no podemos decir cosas notables que en su tiempo subcedieron; no las hobo; el reino gozó de mucha paz y abundancia. Entre otras cosas buenas que tenia era ésta, gran paciencia para oir á los pretensores que les parecia estar agraviados del liberalísimo marqués de Cañete por no los haber dado todo el Perú, y para los demás negociantes.

Diré una cosa de admirable paciencia para quien tenia la suprema del reino: acabando de comer se levantaba y oia á los negociantes y pretensores, arrimado á una ventana; llegó un pretensor, y por ventura fatigado de la hambre, y por otra parte demasiadamente atrevido, por sus servicios, y pidiendo remuneracion dellos, levantó la voz más de lo justo; á quien el Conde con gran paciencia y con voz baja le dijo: Habla más paso; el nescio pretensor, no curando del buen consejo, levantó más la voz, representando sus servicios; díjole otra vez el Conde: Ya os he dicho que hableis paso; respondió el pretensor: ¡Oh, señor, soy colérico! á esto respondió el Conde con la paciencia de que habia usado: Tambien soy yo colérico y me modero en mis palabras; andad con Dios, y otro dia venid más moderado. Los circunstantes admiráronse de tanta paciencia y salieron alabándola. Despues desto, dijéronle que un soldado escrebia á Su Majestad cosas del gobierno del Perú, y algunas no muy en favor del Conde; mandóle llamar, y díjole: Dícenme que escrebís al Rey Nuestro Señor. El soldado respondió: Sí, señor, han dicho verdad á Vuestra Excelencia. A quien no dijo más palabra: En hora buena, escrebidle; pero advertid que le escribais verdad, porque si no, la carta que le escribiéredes ha de volver á mis manos, y lo que no fuere verdad pagareis.

Trujo buena casa y música, la cual ni hasta entonces ni despues ningun Visorrey la ha traido. Con el Conde vinieron el licenciado Muñatones, Diego de Vargas Caravajal, el contador Melgosa, á tractar la perpetuidad de los vecinos y encomiendas, pero no se concluyó cosa alguna.

En el tiempo que gobernó fué amado de todo el reino por su mucha nobleza y afabilidad, si no fué de algunos pretensores por que no les daba de comer, no habiendo cosa vaca. Murió al fin de los cuatro años de su gobierno, teniendo ya nueva que el gobernador Castro venia y estaba en el reino por subcesor suyo. Su muerte fué de mucha lástima en toda la ciudad; murió de una apoplejia. No bebia vino, sino agua, y muy fria con nieve. Es así que el licenciado Alvaro de Torres, médico muy experto, estando comiendo, le dijo: Vuestra Excelencia no beba tanto y tan frio, porque si frecuenta esa bebida, dentro de pocos dias morirá de apoplejia y dejará á todo el reino muy lloroso; hizo burla dello, y murió en breve. Su hijo don Juan de Velasco se halló presente, y muerto su padre se vió en la ciudad de Los Reyes uno de los caballeros más pobres que se ha visto en el; salióle el prognóstico de don García verdadero.

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