CAPITULO LXXXVII DEL GOBERNADOR ALONSO DE RIBERA
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Sabido por Su Majestad la muerte de Martin García de Loyola, proveyó por gobernador á Alonso de Ribera, buen caballero, muy experto en la guerra de Francia y Flandes, donde habia tenido muchos y muy principales cargos; el cual, llegando á este reino, luego Alonso García Ramon le entregó la gente que tenia y se le ofreció á quedarse en la tierra como soldado suyo; no lo admitió, por lo cual se volvió á su casa á Los Reyes.
Alonso de Ribera halló la tierra muy trabajosa y falta de mantenimientos, y la cibdad de la Concepcion, á donde desembarcó, toda cercada de guerra; dióse tan buena maña que pacificó y redujo los alterados, de suerte que la cibdad gozaba de una poca de paz. Viniéronle de paz unos indios, que eran los que más daño hacian en este pueblo y su comarca, y el de Sanct Bartolomé, llamados Coyuncheses, y su capitan Longo Tegua, que quiere decir cabeza de perro, indio valiente, belicoso, que ha perseverado en el amistad y sirve y ha servido fielmente, y agora dos años corriera mucho riesgo Alonso de ribera si Longo Tegua no se opusiera á los enemigos con su compañia que no llegaba á cuarenta indios.
Comenzó Alonso de Ribera á hacer muchos fuertes con presidio de soldados, lo cual unos aprueban y otros reprueban; la guerra hacia diferente de lo que hasta aquí se usaba, con infanteria de á pie y poca caballeria, lo cual si los indios esperaran en campo raso y la guerra que nos hacen tuviera cuerpo, era muy buena manera de proceder; pero como se la habremos de hacer á saltos y los habremos de ir á buscar como quien va á caza de conejos, no se ha tenido por acertada esta manera de proceder; en lo demás es muy buen capitan, gran trabajador, que provee bien y puede ser capitan general de un ejército de 20.000 y más soldados, como capitan experimentado por muchos años en guerras más trabajosas y peligrosas que las de Chile, porque como los rebelados conozcan y experimenten vigor y castigo, conforme á sus delictos, no hay guerra en Chile, por ser gente del ánimo más servil y esclavo que hay en el mundo; como no se les castigan las traiciones y crueldades que han hecho, dicen que por eso no los castigamos, porque los tememos. Los naturales rebelados, viendo el poco vigor que con ellos se ha usado, la provincia de Arauco, Tucapel, Lebo y otras le dieron la paz y pobló un fuerte en Lebo con ochenta hombres; otro en Tucapel con otros tantos; dejó otro á la ribera de Biobio, llamado Nuestra Señora de Alí; otro Sancta Fee, otro Sancta Lucia, porque las paces que estos indios le dieron no se tienen por fijas, sino por fingidas, pues ni se les tomaron rehenes ni los tienen para darlos, ni hay hijos de reyes que pedirles, porque no tienen ley ni rey, ni entregaron cibdades, ni fortalezas para la siguridad de la paz, que no las tienen, y así, en viendo al soldado español desmandado, le quitan la vida echando la culpa á otros indios que no han venido de paz, y fácilmente se les creen; empero en lo que más daño nos hacen los que han dado esta paz fingida, es en hurtar cuantos caballos pueden, que son las fuerzas y niervos de la guerra de nuestra parte para contra ellos. En este estado dejó la tierra Alonso de Ribera á Alonso García Ramon, que vino á este reino poco menos ha de un año, el cual con el socorro que Su Majestad le ha enviado de mil hombres que ya casi están en los fuertes, esperamos en Nuestro Señor nos ha de dar paz cumplida y la que estos naturales dieron fingida, mal que les pese, la han de hacer verdadera; tratan agora con gobernador que les entiende los pensamientos y conoce sus traiciones, y no se han de burlar con él, el cual si los saca de sus cuevas y reduce á pueblos compeliéndoles á que les den las armas y caballos, que tienen muchos más que nosotros, con el favor divino gozaremos de paz; donde no, la guerra es infinita.