CAPITULO XII ENTRA EL MARQUÉS EN LOS REYES
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Dia de San Pedro partió desta viña despues de comer, y llegando á la ciudad fué recibido de la Audiencia y de toda ella debajo de palio, en un bonísimo caballo muy ricamente aderezado, los regidores llevando las varas, y dos de los más antiguos el caballo de diestro, con sus ropas rozagantes de terciopelo carmesí, gorras de lo mismo bien aderezadas y cadenas riquísimas de oro, con gran alegría de todo el pueblo, como aquel que se esperaba ser padre de la patria, como lo fué; delante del cual marchaba un escuadron de infanteria, el que hizo la escaramuza, con diferentes vestidos; desta suerte llegó á la iglesia mayor, donde el Dean y Cabildo della con toda la clerecia le recibió con la cruz alta, cantando: Te Deum, laudamus, y hecha oracion y la ceremonia acostumbrada, dió la vuelta para las casas llamadas de Antonio de Ribera, á una esquina de la plaza, las más cómodas para le aposentar, porque no están de las casas Reales más que una calle en medio, y á ellas se pasa por un pasadizo de madera, donde fué aposentado. Dende á pocos meses llegaron los procuradores de las ciudades, los más principales vecinos dellas, con mucho aparato de gasto de casa y criados, y luego tractó de reformar el reino. Envió por corregidor del Cuzco al licenciado Muñoz, que trujo consigo de España, hombre docto en su facultad, el cual cortó las cabezas á los capitanes Tomás Vazquez y á Piedrahita, y á otros vecinos, porque fueron los principales en la tirania de Francisco Hernandez Giron. Esto hizo por órden del Marqués, y el Marqués por órden del Emperador Carlos Quinto, de gloriosa memoria, que le mandó que á los que hobiesen sido cabezas, despachase.
Estos vecinos y capitanes siempre anduvieron con Francisco Hernandez hasta que fué desbaratado en Pucara, como dijimos; pero viéndose perdidos y sin cabeza, se vinieron al campo de Su Majestad, y los Oidores les perdonaron, volvieron sus indios y haciendas, y los hijos las tienen hoy dia por los padres, mas ellos se quedaron justiciados; si justamente, otros lo juzguen.
En este tiempo tambien mandó ahorcar á Pavia, por traidor, que habia sido criado del Visorrey don Antonio de Mendoza, el cual fiando en esto, ó en no sé qué, se andaba paseando por la ciudad, y con avisar el Marqués á los criados de don Antonio le dijesen se le quitase delante los ojos, avisado no lo quiso hacer, antes un dia principal pasó la carrera delante del Marqués, el cual enfadado de tanto desacato le mandó prender y justiciar, y porque entendió habia de ser muy importunado le otorgase la vida, el dia que le ahorcaron se salió de la ciudad muy de mañana; debia la muerte bien debida, porque no se redujo al servicio de Su Majestad hasta ver desbaratado de todo punto en Pucara á Francisco Hernandez; he dicho esto porque algunos tuvieron por riguroso al Marqués por la muerte de Pavia.