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Descripción colonial, libro segundo (2/2)

CAPITULO LXXX DE LA CIBDAD DE CASTRO

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En cuarenta y dos grados de altura hay cantidad de islas, unas mayores, otras menores; unas más pobladas que otras, de á legua, de á dos leguas, entre las cuales hay una, la mayor, llamada Chilué, de tres leguas de largo y de siete ó ocho de circuito; fué muy poblada de naturales, donde los españoles poblaron una cibdad llamada Castro, á donde se recogieron los que vivian en Osorno. Esta isla, con las demás, no tienen suelo para trigo; dase poco y mal, por ser la costelacion muy lluviosa; para cebada es mejor y para papas, que son como turmas de tierra de Castilla, sino que se siembran á mano y crecen mucho, de á dos y tres libras, de razonable mantenimiento. Los ganados nuestros multiplican, no con tanta abundancia como en la tierra firme; es abudante de mucha madera, y dende esta isla al estrecho de Magallanes, que son doce grados, la tierra es muy áspera, la costa muy brava y sin puertos, poco poblada, aunque los que en ella viven son como gigantes. La isla es pobre de oro; plata, ni por imaginacion en ella se halla. Los años pasados, un pirata inglés, el tercero que desembocó por el Estrecho, llegó allí, saqueo el pueblo y mató al cura, un clérigo muy honrado y buen cristiano; predicando lo mandó arcabucear; sabido por el coronel Francisco del Campo, antes que le matasen como habemos dicho, salió de Osorno con cuarenta soldados, pocos más, y entró en Castro; vino á las manos con el pirata, matóle diez y ocho ó veinte luteranos; el pirata se escapó por la codicia de los soldados nuestros, que se ocuparon en robar lo que los luteranos enemigos habian robado. Algunos naturales de la tierra firme inquietan á los nuestros, por lo cual se ha puesto un presidio de soldados en un puerto veinte leguas de Castro, llamado Calermapo, con que se refrenan estos indios.

Y esto cuanto á los pueblos españoles deste reino de Chile.

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