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Descripción colonial, libro segundo (2/2)

CAPITULO XLII LO QUE SUBCEDIÓ AL GENERAL DON GABRIEL PANIAGUA

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El general don Gabriel Paniagua, prosiguiendo su viaje por donde le fué mandado, con 120 soldados (como dijimos), entró en la tierra Chiriguana sin que los indios se le atreviesen á salir al camino, ni estorbar el paso; solo un dia, en un pajonal crecido, le tenian armada una celada, que si no se descubriera acaso, le hicieran algun daño; llegó á este pajonal ya tarde, donde, alojando la gente, ya comenzaban á armar sus toldos, atar los caballos y el bagax ponerlo en medio del alojamiento; un soldado iba en busca de su caballo, que se le habia apartado un poco de trecho del alojamiento, el pajonal adelante, y era hacia aquella parte donde los enemigos estaban acachados y escondidos, para en comenzando á cenar, ó al primer sueño, dar en los nuestros.

Los indios como vieron que el soldado iba para ellos con su escopeta al hombro, pensaron ser sentidos, levántanse y descúbrense de la emboscada. El soldado, vistos, disparó su arcabuz contra ellos y volvióse al campo tocando arma.

A esto los demás tomaron sus escopetas, y puestos en órden, como mejor pudieron se defendieron y ofendieron al enemigo, sin que ellos recibiesen en la persona daño alguno; al ruido de los arcabuces, los caballos, que no estaban atados, se metieron en la montaña y se desaparecieron, pocos de los cuales volvieron á la compañía; esta fué la mayor pérdida que subcedió al general don Gabriel, ni tuvo otro encuentro. Puesto, pues, en medio de las montañas Chiriguanas, no sabia cosa alguna del Visorrey; no le avisó, ni pudo, como estaba concertado; indios no le molestaban ni los hallaban; el tiempo del verano era acabado; las aguas comenzaban, hasta que desde un cerro le dijeron los enemigos todo lo que pasaba en el campo del Visorrey: la enfermedad, la hambre, y que ya el Visorrey habia dado la vuelta al Perú; que se saliese, por ser ya tiempo de sembrar, y no les impidiese las sementeras, porque si aguardaba á las aguas ni él podria salir, y le faltarian las comidas, ni ellos sembrar, y así perecerian todos; el consejo no fué errado.

El general, pues, viendo, y sus capitanes, ser posible lo que los Chiriguanas decian, considerando el tiempo y lo demás, determinó de dar la vuelta al Perú, y saliendo sacó toda su gente sana y salva, sin más pérdida de aquellos pocos caballos que se huyeron en la refriega dicha; en llegando á tierra de paz, luego fué cierto de lo que los Chiriguanas le habian dicho ser verdad, y viniéndose para la cibdad de La Plata halló en ella dias habia al Virrey muy enfermo.

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