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Descripción colonial, libro segundo (2/2)

CAPITULO XXIX EL VISORREY DIÓ ASIENTO Á LAS TASAS Y COSAS DE POTOSÍ

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En esta ciudad de La Plata concluyó la tasa de los indios á ella subjetos, y los de la provincia de Chucuito, y dió asiento á muchas cosas acerca del cerro de Potosí y azogue; tasó los jornales que se habian de dar á los indios señalados para el cerro; hizo muchas ordenanzas acerca del buen gobierno de los naturales y españoles, justas, aprobadas despues por el Consejo Real de las Indias; empero pocas se guardan y no nos admiramos, porque la ley de Dios es más justa y á cada paso la[12] traspasamos. En estas ordenanzas manda se castiguen con rigor las borracheras, que si los corregidores de los partidos las ejecutasen, no habria tan poca cristiandad en los indios.

En este tiempo se descubrió el beneficio de los desmontes, que es el metal desechado de los señores de las minas, y sacado fuera dellas sin hacer caso dello más que de escoria, y por el tiempo que duró, que fué poco, se sacó mucha cantidad de plata, lo cual viendo, hizo una ó dos ordenanzas acerca desto, muy buenas y justificadas: la una, que los declaraba por bienes comunes, pero que ninguno pudiese recoger más metales de aquellos que en quince dias pudiese beneficiar, so pena de tanto; ley bonísima para que los que tenian muchos indios, beneficiasen como muchos; los que no tantos, como no tantos; y porque los que tenian muchos indios no se ocupasen en amontonar, y á los pobres no dejasen desmontes, mandó tambien que los señores de minas no se pudiesen aprovechar de desmontes ni los beneficiasen, aunque estuviesen dentro de sus pertenencias y les hobiese costado su plata sacarlos fuera de sus minas.

Esta entre teólogos no se tuvo por tan justa, pues de los bienes comunes nadie debe ser privado sino por delito; si otro se puede aprovechar de la escoria del herrero, aunque la haya echado al muladar, ¿por qué no el herrero? Esta hizo diciendo que los señores de minas labrasen sus minas, y los que no las tienen, los desmontes, y así se sacaria más plata.

Estos desmontes fueron de mucha riqueza, porque algunos dellos, y todos generalmente, acudian á cinco pesos por quintal, que es mucho, y hobo algunos de á siete y á más; y porque no volvamos á ellos, cuando el Visorrey salió de los Chiriguanas halló que muchos (aunque les predicábamos no lo podian hacer sin injusticia) habian recogido, á 20.000 y á 30.000 y dende arriba quintales de metal, traspasando su ordenanza: penólos á tres tomines por quintal, de donde sacó más de 40.000 pesos, con que enteró la caja Real de lo que habia gastado della, y satisfizo á algunos que fueron con él, que gastaron mucho en la jornada, sin hacerse cosa de provecho, por nuestros pecados. Asimismo en esta ciudad, como en las demás, habia algunos amancebados con indias; quísolos castigar públicamente, y cierto dia á deshora vemos entrar en el gato[13] al presidente Quiñones, licenciado Matienzo y licenciado Recalde, y ellos propios sacar las indias de los tales españoles, y entregándolas á los alguaciles las llevaron á la cárcel; á unos pareció poca autoridad de Presidente y Oidores; á otros no pareció tan mal; otros Oidores reian grandemente dello.

Así las desterró y condenó á plata á los españoles, y algunos revueltos con mujeres casadas, no de calidad alguna, los desterró del pueblo. Tambien en esta ciudad concluyó las cuentas que habia comenzado á tomar en el asiento de Potosí á los oficiales reales, á dos particularmente, el tesorero Robles y al factor Juan de Anguciana, que eran propietarios; el contador habia poco era proveido por el mismo Visorrey por muerte del contador Ibarra, contra quien no hobo las cosas que contra los dos, á los cuales privó de los oficios, quitóles las minas é ingenios que tenian en Potosí; túvolos presos y aun á canto el uno dellos que se le volara el juicio, é los desterró á España, ó envió, ó ellos apelando de la sentencia fueron, donde les mandaron volver sus oficios y haciendas, y condenados en costas, á lo menos al factor Juan de Anguciana (vi la ejecutoria) como no pasasen de 400 ducados de Castilla. Pero el pobre caballero viniendo murió en Panamá; el tesorero Robles llegó á Potosí; volviéronle sus haciendas y le vimos servir en su oficio.

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