CAPITULO LXX DE LA PROVINCIA DE CUYO, EN TÉRMINOS DE CHILE
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De la cibdad de Córdoba al primer pueblo de españoles del reino de Chile, desta parte acá de la cordillera, llamado Mendoza, hay cien leguas tiradas, todas despobladas y llanas, camino carretero, en el cual hay algunos rios, al tiempo de las aguas, grandes. Al rio de Córdoba llaman el Primero; al que sigue, Segundo; al otro, Tercero; al otro, Cuarto, y al último, Quinto; Tercero, Cuarto y Quinto son de bonísimas aguas. El Tercero y Cuarto, poblados de indios apartados del camino real, llamados Comechingones, bien dispuestos y valientes, subjetos á la cibdad de Córdoba; sirven cuando quieren; cuando no, izquierdean. En los términos desta cibdad, á lo menos. Cuando yo pasé por ella, no habia más sacerdotes que un cura clérigo, y un fraile de San Francisco en su conventillo, gran conjurador de nublados; los indios subjectos no sabian qué cosa era Ave Maria, ni Pater noster.
En el rio Quinto hay indios de guerra que no se han reducido; aquí hallé tomillo salcero, y solo este de todos estos rios entra en el Rio de la Plata; los demás se empantanan y hacen unas lagunas grandes donde se cria mucho pescado y aves de diferentes géneros en gran abundancia; los llanos abundantísimos de pastos, que si como desto son fértiles lo fueran de aguas y rios, creo fuera la más fértil tierra del mundo. Críanse en ellos todas las sabandijas que habemos dicho arriba, con muchos venados, vicuñas y guanacos, perdices y otros pájaros y avestruces. Vimos una cosa que nos admiró: llegamos á un arroyo á sestear, donde pensamos no hallar agua; acaso habia llovido y hallámosla; llevaron los bueyes á beber, que eran mas de sesenta, porque lleuamos doce carretas; entre los bueyes, saliéndose de beber, metióse una cierva que habia llegado á beber, pero bebio tanto, que á manos la tomaron los indios; cuando la vimos con tanta barriga, pensamos estaba preñada y por eso no habia escapádose corriendo; ábrenla, y toda era agua; admirados, preguntamos á los indios de qué procedia aquello; respondiéronnos que al tiempo del verano los venados beben de una vez para ocho y diez dias, por la falta de las aguas, y así aquella cierva habia bebido tanto. Hay en este camino algunos indios de guerra, pocos, en la Rinconada, términos de Córdoba, y en la puncta de los Venados, términos de Chile; empero pocas veces salen á hacer daño, porque luego son castigados por los nuestros, como se hizo poco antes que por esta Rinconada pasásemos. Nosotros uno ningun indio vimos, y si como dicen se ha poblado la puncta de los Venados, no hay que temer, ni antes lo habia, como no les hiciesen daño. En este camino hay despoblados sin agua de á quince leguas y más, de la puncta de los Venados adelante, y casi uno tras otro, y si ha llovido no hay falta de agua; por el camino hay unas hoyas hechas á mano por los indios que allí habitaban, donde se recoge el agua; hallámoslas llenas, y el agua muy sabrosa y fria, con ser más de mediado diciembre, donde los calores son crecidos. Salimos de Córdoba á primeros de diciembre, y llegamos con nuestras carretas á Mendoza, dos dias antes de Navidad, antes de la cual corre el rio de aquella cibdad, que en este tiempo es muy grande y extendido; augméntase de las aguas que corren derretidas de la sierra Nevada, y ensánchase tanto, que debe tener más de tres cuartos de legua de ancho, en brazos; pasámosle por 37, unos con más agua que otros, y de piedra menuda; si en un brazo se juntara, era imposible vadearle; yo hobiera de correr un poco de riesgo en un brazo, que acertó á ser el mayor; iba delante; echéme al agua; el caballo era bueno, que desde la cibdad de Los Reyes casi caminé en él; tenia buen camino; sacóme en paz, pero no era tanta el agua que nadase; los que venian en pos de mí bajaron más abajo y pasaron más fácilmente, y las carretas sin mojarse cosa de las que en ellas venian. Pasado el rio, á medio cuarto de legua está la cibdad de Mendoza.