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Descripción colonial, libro segundo (2/2)

CAPITULO LXXV DE LA CIBDAD DE SANCTIAGO

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La cibdad de Sanctiago, cabeza de obispado, y al presente del reino de Chile, se fundó por el gobernador don Pedro de Valdivia en demasiado llano, en un sitio nombrado de los indios Mapocho, á la ribera de un rio, al ivierno grande y peligroso para la cibdad; al verano, que es al revés de España, se pasa de piedra en piedra; ni tiene barranca, ni madre, por lo cual se ensancha, y siempre para la cibdad, la cual si no repara se la ha de llevar, como ya estuvo á pique dello. Es abundantísima de todo género de mantenimientos, de vino y fructas de las nuestras, bonísimas, almendras y aceitunas, si estos dos árboles, y ninguno otro de los nuestros no tuvieran contrario, porque el almendro comienza á florecer en medio del ivierno por Julio, al principio cae un yelecillo, arrebátale la flor; y el aceituno, al tiempo que está en flor suele venir una niebla que se la abrasa; todos los otros árboles nuestros no padecen[52] detrimentos, ni los naranjos ni limos, que se dan dentro y fuera de la cibdad. Tambien suelen venir algunos yelos sobre las viñas, á las cuales cuando están en cierne no le son buenos amigos.

Dista esta cibdad de la cordillera tres leguas, y con todo eso el calor á su tiempo de dia y de noche es crecido, y el frio en el suyo; á este tiempo suelen venir algunas borrascas de nieve tan buenas como en Salamanca, con tanto Norte, que arrancan los árboles de cuajo, y á los que no, con la mucha nieve que cae sobre ellos los desgaja; es pueblo lluvioso desde mediado abril, que comienzan las aguas cuotidianamente, hasta agosto; unos años son más, otros menos, como en todos los reinos, que es cuando comienzan los nortes, los cuales en este reino son recísimos, y mientras más arriba, más vehementes, y al principio son poco menos que pestilencia; traen mucho catarro y dolor de costado consigo, y asimismo en todo el Perú, como actualmente lo expirimentamos en este valle de Jauja, donde escribimos esto; tres meses no ha dejado de correr y nos ha traido el sarampion á los niños, y viejos, é mozos, y á las viejas bastante catarro, con el cual se ha llevado no pocas. Los vecinos y moradores todos tienen sus viñas, cual mayor, cual menor, y tierras de pan, donde cogen trigo, maíz, garbanzos, lentejas, melones y las demás legumbres, de suerte que no hay plaza donde se venda cosa alguna, ni pulperia; las camuesas y manzanas que se dan, parece no creible; con ellas se engordan los cebones[53]. El que no las tiene, con enviar una carreta á casa de su vecino se la daran de valde, y así se hace. Un buen hombre portugués, un poco fuera de la cibdad, aunque agora ya están dentro, plantó cuatro cuadras, unas frontero de otras, todas de camuesos y manzanas, que al tiempo de la fructa entrar en ellas es entrar en una casa de olores, y no le sirven más que de perderse, y darlas á carretadas. La comarca desde las tejas de la cibdad es abundantísima de todo género de ganado: en los campos, hatos de yeguas cimarronas, de donde cada año sacan no pocos caballos para la guerra; algunos salen bonísimos; fuera desto hay crias de caballos; los mejores son de Alonso de Córdoba, que tambien la tiene de mulas que envia á Potosí, y aprueban muy escogidamente; allá no se usan, porque la tierra es cenegosa, particularmente de la cibdad de Chillán adelante.

Todo este reino es faltísimo de sal, desde Coquimbo á Osorno y Chilué; llevase en navios de acá del Perú y es una de las mejores mercaderias; vale en Santiago de Chile una hanega de sal, doce pesos de oro de veinte quilates, que es el de contracto. Aunque proveyó Dios en el distrito desta cibdad, doce leguas della, una laguna que es comun, donde debajo del agua (no es fábula) se cria la sal, y en el verano á tal tiempo se desacota, á donde van los indios, y vecinos envian sus carretas y traen la que pueden; andan los indios que la sacan, en el agua hasta la rodilla y con las manos sacan la sal, que en unas seras de paja echan; es negra, empero para guisar de comer y salar cecinas es bastante. Si el año ha sido lluvioso[54] hay poca sal; si un poco seco, hay mucha; empero la sal del Perú siempre tiene su precio. Cae tambien al verano á la redonda de Santiago el rocio sobre ciertas yerbas, el cual cuajándose en ellas se vuelve sal, como el rocio sobre los sauces se vuelve maná; esta es muy poca; los indios cogen estas yerbas en unas mantas, sacúdenlas y la sal despídese dellas; es como cosa de fructa. Truena poco y llueve muy suavemente, tres y cuatro dias sin cesar; miramos á la parte del Sur si comienza á aclarar un poco, y si aclara, la serenidad es cierta; es muy lodosa, por ser fundada en tanto llano, y porque el servicio es de carretas, y por el consiguiente, en el verano es de mucho polvo. Sustenta cinco conventos: el nuestro con casi treinta frailes y estudio; el de San Francisco, con otros tantos; la Merced, seis ó siete; los que tienen San Augustin y los padres de la Compañia no lo sé, porque se fundaron despues que yo salí de aquel reino. Sustenta tambien otro monasterio de monjas subjetas al Ordinario; la Orden que profesan son de las de la Encarnacion de Los Reyes; debe tener veinticinco monjas de velo. La gente de la cibdad es muy afable y bien partida, y la que sustenta y ha sustentado de cuarenta años á esta parte la guerra contra Arauco, que si no, ya se hobieran despoblado algunas cibdades de las de arriba, en particular la Conception. Los campos son abundantes de madera y muy buena, roble y otra que llaman Canela, porque huele un poco á ella y los polvos hacen estornudar bastantemente; acipreses en la cordillera muy gruesos, muy altos, y olorosísimos; yo fuí á cortar unos pocos para nuestro convento, doce leguas del pueblo, y corté aciprés y acipreses, que cuatro indios hacheros cortando uno solo, no se vian el uno al otro; traense ajorro; de aquí se proveen los mantenimientos y pertrechos para la guerra. Sobre esta pobre cibdad cargan las derramas á nunca pagar, sin perdonar á viuda ni huérfana. Es de cuando en cuando molestada de temblores vehementes, y es cosa no creible; las casas cuyos cimientos son sobre la tierra no padecen detrimento con ellos; las que los tienen fondos, éstas corren riesgo y se abren; los temblores no son de vaiven como los deste reino, sino como saltando para arriba, y son más peligrosos. Conócese fácilmente cuando ha de venir el temblor: si á la puesta del sol á dos horas antes, á la parte de la mar hay una barda (así la llaman los marineros) de nubes, que corre Norte Sur, es cierto aquella noche ó otro dia el temblor. Uno vi en esta cibdad; más miedo me puso que los que he visto en este reino.

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