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Descripción colonial, libro segundo (2/2)

CAPITULO LXXVII DE ALGUNOS OTROS PUEBLOS DESTE REINO

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De la Concepcion, llegándonos á la cordillera Nevada, dista la cibdad de San Bartolomé de Gamboa doce leguas, cuatro de la cordillera; poblóla el gobernador Martin Ruiz de Gamboa en buen sitio, llano; la comarca de muy buen suelo, fértil de todo género de comidas y viñas, junto á un rio que cria muy buenas truchas y otros peces de buen gusto. Aquí no alcanzan tanto los temblores. Casi toda la madera de las casas es de aciprés muy oloroso, que se cria en mucha cantidad en la cordillera, en la cual, en valles que hay en ella, estaban poblados indios que llamamos Puelches, bien dispuestos, belicosos, los cuales, así por nuestra parte, defendiéndonos dellos, como por las guerras civiles que entre sí han traido, se han acabado casi todos.

Ongol.—Dista deste pueblo la cibdad de Ongol, por otro nombre llamada de los Infantes, poblada por don García de Mendoza, marqués de Cañete, siendo gobernador deste reino, de muy buena gente, es un llano cuyo suelo tiene las propiedades de San Bartolomé y de la Concepcion; hace ventaja en las viñas, porque el vino de aquí es muy bueno; tenia abundancia de indios comarcanos y belicosos, los cuales despues de la muerte del gobernador Martin García de Loyola se rebelaron y compelieron á despoblar el pueblo, el cual despobló el gobernador don Francisco de Quiñones; si fué acertado ó no, otros lo dirán.

Agora Alonso García Ramon lo pretende poblar y envia gente para ello, porque conviene así para que los pocos indios rebelados se reduzcan al servicio de Su Majestad. No se puebla donde estaba antes, aunque cerca de allí, sino más llegado al rio llamado Biobio, por impedir el pasaje á los indios de Puren y á otros.

De aquí á la cibdad Imperial ponen diez y ocho leguas, en medio de las cuales está la quebrada Honda que llaman, donde cotidianamente se hallaban indios de guerra emboscados para hacer suerte en los nuestros que caminaban por allí. Esta ciudad, antiguamente, cuando la pobló Valdivia, era abundantísima de indios más que otra alguna. Vecinos hubo que tuvieron encomendados 25.000 indios y más, como fueron el Adelantado Jerónimo de Alderete y el gobernador Villagrán, y otros 18.000, y á quince mil indios, y dende abajo; todos estos indios eran dóciles y pacíficos, y pretendiendo echar de la tierra á los españoles se concertaron de no sembrar un año; las justicias no advirtieron en ello; llegó el año de la hambre, perescieron casi todos, y se comian los unos á los otros sin perdonar padre á hijo ni hijo á padre, y se halló indio cortarse un pedazo del muslo y asarlo para lo comer.

Desta suerte los repartimientos muy grandes no quedaron en mil indios, y los menores casi en ninguno, los cuales despues de la muerte del gobernador Loyola se rebelaron, cercaron la ciudad y la tuvieron en mucho aprieto de hambre; los que persuadieron esta rebelion fueron los indios más regalados de los españoles, y criados desde niños en sus casas, más ladinos que nosotros. Salió de la Concepcion el gobernador don Francisco de Quiñones, y la despobló, y así se está hoy, y los indios con sus guerras civiles se han menoscabado y se van menoscabando, de suerte que cuando se tornen á reedificar habrá muy pocos naturales. El suelo es abundante para todo género de comidas y ganados, y es rico de oro, principalmente el rio que llaman de las Damas; aquí no llegan las uvas á madurar de suerte que se pueda hacer vino dellas. Dista de la mar aun no seis leguas, de donde se proveia de pescado; tiene cerca la provincia de Puren, que siempre la ha fatigado con guerra. De aquí á la Villa Rica, un poco más metida á la cordillera, ponen 17 leguas, con dos rios en medio, que no se dejan vadear; pásanse en balsas ó canoas; el suelo es rico de oro; por eso la llamaron la Villa Rica. Muerto Loyola, tambien se rebelaron los naturales y la pusieron en tanto aprieto de hambre, que murieron casi todos los nuestros della, y no quedaron sino doce ó quince soldados, tan sin fuerzas y flacos para defenderse, que fácilmente los indios entraron en la cibdad y mataron los pocos que habian quedado. Robáronla y quemáronla, y así se está hoy destruída; esta cibdad tuvo continuamente guerra con los indios de la cordillera, que usan de yerba casi irremediable.

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