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Descripción colonial, libro segundo (2/2)

CAPITULO LXVII DE LOS GOBERNADORES QUE HA HABIDO EN TUCUMÁN DESDE EL MARQUÉS DE CAÑETE ACÁ

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Los gobernadores que en esta provincia de Tucumán he conocido, el primero fué el general Francisco de Aguirre, que por Su Majestad la gobernó y acabó de allanar; varon para guerra de indios, bravo; vecino de Coquimbo, contra el cual ciertos soldados, y creo uno ó dos pueblos, se le amotinaron, tomando por cabeza á un Fulano Berzocana, soldado valiente, los cuales le prendieron; pero viniendo al Audiencia de La Plata envió el Audiencia un juez y hizo justicia del Berzocana y otros, y concluidos sus negocios en el tribunal del Audiencia y del reverendísimo de aquella cibdad, volvió á su gobernacion; despues por órden de la Santa Inquisicion salió á Los Reyes, de donde volvió á su casa á Coquimbo[46] y en Copiapó, pueblo de su encomienda, acabó la vida, dicen trabajosamente.

Subcedióle Fulano Pacheco, que salió bien de su gobernacion; digo en paz, porque los tres que se siguen acabaron como diremos. A Pacheco le subcedió don Jerónimo de Cabrera, hermano de don Pedro Luis de Cabrera, á quien el marqués de Cañete, de buena memoria, embarcó para España, como arriba declaramos. Don Hierónimo era muy diferente en trato y condicion de su hermano, muy noble, afable, con otras muy buenas calidades de caballero. Amplió aquella gobernacion, porque pobló la cibdad de Córdoba y conquistó los indios de su comarca. En su tiempo comenzaron á comunicar los del Paraguay con los del Tucumán y los de Chile.

Subcedióle un caballero de Sevilla, Pedro de Abreu, dicen deudo suyo, empero enemigo capital, que desde España andaban encontrados los deudos de don Hierónimo con los de Pedro de Abreu, porque con don Hierónimo nunca habia tenido Pedro de Abreu que dar ni que tomar, ni le conocia; hóbose rigurosamente con don Hierónimo en la residencia, ó con testigos falsos, ó sin ellos, le cortó la cabeza por traidor, diciendo tractaba de alzarse con la provincia y tiranizarla, lo cual confesó don Hierónimo, dándole tormento sobre ello; oí decir á un Oidor de La Plata habérsele hecho mucha injusticia, pero quedóse degollado; sus hijos siguieron la causa y no fué dado en el Audiencia por traidor, por lo cual les volvieron los indios de encomienda y demás haciendas.

A cabo de pocos años á Pedro de Abreu subcedió el licenciado Lerma, el cual, procediendo en la residencia contra Abreu, le degolló. El licenciado Lerma, de los de Tucumán, unos le alaban, otros le vituperan; en cosa de justicia le tenian por buen juez; en otras, como desmandarse con palabras muy afrentosas contra los vecinos en presencia dellos, era demasiado. Este licenciado Lerma pobló á Salta, cosa muy importante para la quietud de Calchaquí; ya desto tractamos, y por quejas que habian ido contra él al Audiencia, yendo con socorro y de su hacienda á Salta para los que allí estaban, le encontró al alguacil mayor de los Charcas, que por órden del Audiencia le iba á prender y traer preso y que el gobierno quedase en los alcaldes, lo prendió y trujo á la cibdad de La Plata; el cual en seguimiento de su causa fué á España y miserabilísimamente y paupérrimamente murió en la cárcel de Madrid, sin tener con qué se le dijese una misa, y por amor de Dios pidieron á la puerta de la cárcel, allí puesto su cuerpo, para enterrarlo, á lo cual acertando á pasar por allí un religioso nuestro que de estos reinos habia ido á los negocios desta provincia, llamado el Presentado fray Francisco de Vega, que le conocia, preguntando quién era el difunto y diciéndole qu'el licenciado Lerma, ayudó bastantemente para que le enterrasen. Todas estas particularidades, parecerán menudas, he dicho para que se vean los fines desdichados destos tres gobernadores, y que es verdad: matarás, y matarte han, etc.

Al licenciado Lerma le subcedió Juan Ramirez de Velasco, caballero bien intencionado, el cual pobló dos pueblos de españoles en las faldas de la cordillera vertientes á Tucumán, el uno donde fué poblado los años pasados la cibdad de Londres, y se despobló por no se poder sustentar, á causa de ser los indios muchos y muy belicosos; el otro más adelante, á la misma falda de la cordillera; es tierra fértil y que produce abundancia de oro y plata; los indios agora no son tantos, por lo cual han sido fáciles de reducir; hanse consumido en guerras civiles unos con otros; el Inga los tuvo subjetos, y por la falda desta cordillera llevaba su camino Real hasta Chile; servíanle y tributábanle oro en cantidad, y de allí se lo traia acá al Perú; su capitan, con la gente de guerra, estaba en un fuerte recogida, y no salia dél sino era cuando algunos indios se le rebelaran; reducidos y castigados, volvíase á su fuerte; este caballero es bien[47] intencionado, dócil y que fácilmente recibe la razon y se convence; creo no le subcederá lo que á los sobredichos. Tomóle la residencia don Fernando de Zárate, caballero de hábito, vecino de La Plata y muy rico y de bonísimo entendimiento; no sé hasta agora más dél.

En esta provincia hay algunos religiosos del Seráfico San Francisco, y en todos los pueblos tienen, desde Salta á Córdoba, conventos pequeños de uno ó dos religiosos; sólo en Santiago del Estero se sustentan cinco ó seis muy escasamente.

Pasando yo por esta provincia (y esto me compelió ir por ella á Chile) hallé seis ó siete religiosos nuestros, divididos en doctrinas; uno en una desventurada casa en Santiago; más era cocina que convento; es vergüenza tratar dello, y tenianle puesto por nombre Santo Domingo el Real; viendo, pues, que no se podia guardar ni aun sombra de religion en él, los saqué de aquella provincia; es cosa de lástima haya ningunos religiosos en ella, porque un solo fraile en un convento, y en un pueblo, ¿qué ha de hacer? un ánima sola, decimos, ni canta ni llora, y más en tiempos tan miserables donde las cosas van tan de caida. De Nuestra Señora de las Mercedes hay cual ó cuales religiosos, y esto de la provincia de Tucumán.

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